CONCLUSIONES

ESCUELA, FRACASO Y POBREZA

Las conclusiones de este trabajo se han ido perfilando a lo largo de los seis capítulos que lo componen; pero de todos modos se resumen brevemente en los párrafos siguientes.

Interés de los pobres en la educación

El primer hallazgo importante es confirmar desde diversos indicadores el interés de los pobres por la educación, porque muchas veces se intenta explicar el fracaso de estos chicos desde el desinterés familiar. Esto no parece ser así. Aún en los sectores más deprimidos económicamente, encontramos la clara decisión de que sus hijos entren en la escuela a los 5 años y que se queden en ella hasta los 13/14 años.

Esto da por tierra con la conocida interpretación de que el fracaso de los sectores populares en la escuela tiene bastante que ver con que los chicos no se quedan en ella el tiempo suficiente como para completarla (siete años). Este estudio arroja evidencia en contrario: los chicos se quedan ese tiempo.

Aún más, también da por tierra con la idea de que están a los 10 años en primer grado porque entran tarde. No podemos asegurarlo en los medios rurales; pero en los medios urbanos de la Argentina, sólo un 20% de los sectores muy pobres (y en promedio sólo un 10% aproximadamente) entra tarde, y esto quiere decir que entra a los 7 años en lugar de entrar a los 6.

La expansión diferenciadora y la segmentación

Pero que el sistema educativo se haya expandido para dejar entrar a todo el mundo no significa necesariamente que se haya democratizado. Precisamente, el tema es que el modo propio con que se expandió es diferenciando.

Es decir, que se trata de una expansión diferenciadora. El proceso de “educación para todos” terminó siendo de “diferente educación para todos”. Las diferencias no se han borrado, sólo se han corrido hacia adelante, manifestándose en el nivel medio en lugar de hacerlo en la escuela primaria.

En este momento en que la expansión de la escuela primaria se ha completado, y en que tres cuartas partes de los pobres estructurales cumplen con los requisitos que deberían darle garantías no sólo para ingresar al nivel medio, sino para desempeñarse bien en él (terminar la escuela primaria), haber logrado esto no les garantiza éxito en el nivel siguiente.

Pueden acceder a la escuela media, pero las posibilidades de terminarla son muy diferentes según sea el nivel de pobreza. Entre los pobres, del 50% al 76% de los que entran no la terminan; entre los no pobres, del 20% al 37%.

Los niveles de calidad de la educación se han relativizado de forma que terminar la escuela primaria no garantiza a los sectores populares una adecuada instrumentación en las operaciones básicas que serán imprescindibles para sostenerse el nivel medio.

Así, la segmentación del nivel primario (o sea la existencia de circuitos de diferente calidad) actúa como condición para la expresión real de la exclusión recién en el nivel medio. Antes, al menos la mitad de la población pobre abandonaba la escuela primaria. Ahora, grandes sectores de esta misma población acceden al nivel medio; pero dentro de él se produce una nueva instancia de selección.

Es ahora el nivel medio el que constituye, por lo tanto, el nuevo contexto donde actúan mecanismos complementarios de expulsión que completan la tarea de marginación iniciada en la escuela primaria a través de la segmentación.

La inexistencia de una relación causal entre repetir y abandonar

Otro hallazgo importante se refiere a que hemos puesto seriamente en duda la relación “causal” entre repetir y abandonar: los pobres que repiten no son los que abandonan. La mayoría de los que han repetido están dentro de la escuela y se quedan hasta terminarla.

Entonces la repetición puede verse simultáneamente como mecanismo de retención (por el esfuerzo que significa para chicos y para padres) y como mecanismo de expulsión (por su carácter de discriminador de los grupos más pobres); por esto aparece como una de las áreas donde se expresan más agudamente las contradicciones del sistema escolar.

La hipótesis que presentamos intenta colocar la repetición en un lugar de condición y no de causa, cuya acción conjunta con otros factores debiera ser más analizada. Los cuadros parecen sugerir que el mero hecho de repetir no provoca abandono, aunque sí podría facilitarlo su reiteración.

El papel activo del jardín de infantes en el retraso escolar

Este capítulo presenta los hallazgos más interesantes de la investigación porque al desmenuzar los mecanismos estructurales de la diferenciación ofrece herramientas concretas para poder superarla.

El primer tema importante es el que tiene que ver con la expansión del jardín de infantes, donde demostramos que, a pesar de que amplía el servicio, respondiendo a una demanda de los sectores más pobres, esto no significa necesariamente un aporte para la “igualdad de oportunidades”. Como sigue dando a los pobres lo mismo que a los chicos de clase media, y lo que es peor, sigue evaluándolos con los mismos criterios, los retrasa en el ingreso a la primaria.

Este es un hallazgo de sumo interés, y los especialistas y funcionarios debieran actuar rápidamente encontrando una respuesta adecuada.

La incertidumbre de lo pedagógico:  ¿La escuela, es un gabinete o un comedor?

También parece importante encontrar que la escuela, más que la escuela, que debiera definir su acción desde los modelos pedagógicos, resuelve sus problemas desde el asistencialismo o desde la atención psicopedagógica. Parece que nuestro sistema escolar no puede mirarse desde afuera y, para explicar el fracaso, culpa a las condiciones familiares (socioeconómicas y culturales) o a las particularidades del chico (problemas de aprendizaje o de conducta).

Dar más a quien tiene más

Si bien es cierto que implementa medidas asistenciales o psicopedagógicas, también es cierto que no las distribuye adecuadamente.

Aparece así una suerte de accionar contradictorio del sistema escolar frente al fracaso, ya que por un lado se implementan medidadas para superar las diferencias, pero por otro se apoya la diferenciación social, ofreciendo distinta cuota de tiempo de enseñanza a los pobres, y otras facilidades.

¿Qué saldo sacan los pobres de la expansión educativa? Positivo

Aún con todas estas características, es importante para los pobres haber pasado por la escuela. Esta investigación ofreció la inusual oportunidad de poder trabajar relacionando datos de diferentes áreas, lo que permitió explorar las consecuencias concretas que tiene para los pobres este fenómeno de expansión, aún con su característica diferenciadora.

En primer lugar, hay un saldo positivo en términos de saberes, ya que se ha expandido también la capacidad de leer (con o sin dificultad). Esto, en una sociedad letrada, es una habilidad elemental para tener derecho a participar en la mayoría de las actividades productivas.

Además del beneficio directo en términos de aprendizajes, se desprenden de este análisis un conjunto de evidencias que nos permiten afirmar que, con todas sus inequidades, la escuela, tal como está en la escolaridad, representa una vía real de democratización para los sectores más pobres.

En ese sentido, la incorporación de los sectores populares al sistema educativo está teniendo el mismo efecto que el que tuvo desde sus orígenes hasta mediados del presente siglo con la clase media: integrarlos a la sociedad y facilitarles el acceso a una mejor calidad de vida.

Sin embargo, los pobres no demandan mejor educación

El discurso hegemónico de nuestra sociedad con respecto a la escuela la presenta precisamente como garantía de los derechos individuales, fundamentalmente como un instrumento para la movilidad social. Esta idea es la que tienen los pobres sobre este tema.

Esto es preocupante, porque en la medida en que no haya conciencia generalizada sobre los elementos propios y estructurales de ESTA manera de dar educación que ayudan a que la pobreza se mantenga, es difícil pensar en cambios. Mucho más grave es cuando son los mismos sectores que sufren esta discriminación los que no tienen conciencia de ella, porque los inhibe de ser actores protagonistas en el reclamo y en demanda de los cambios.

Y esto es precisamente lo que ocurre. Los pobres no tienen conciencia de la discriminación de que son objeto, de la desigualdad con que se enfrentan sus chicos cuando ingresan al sistema escolar. Por esto, repiten el discurso hegemónico sobre la educación como igualador de diferencias, sin ser capaces de diferenciar sus puntos de vista de los de los demás sectores de la sociedad.