PRIMERA PARTE
CAPÍTULO I LA CUOTA DE EDUCACIÓN QUE RECIBEN LOS POBRES Todos los sistemas educativos de América Latina se expandieron a partir de la Segunda Guerra Mundial. Este es un proceso conocido del cual hay múltiples evidencias. Argentina no ha sido la excepción. También ha conocido una importante expansión educativa que se registra a través de los censos de población, y a través de las series de estadísticas educativas que han aparecido de manera casi constante. Ahora bien, la oferta educativa no se expandió de cualquier manera, y sobre todo no se expandió democráticamente. Precisamente, el tema es que el modo propio con que se expandió es diferenciando. Es decir que se trata de una expansión diferenciadora. El proceso de educación para todos terminó siendo de diferente educación para todos. En esta parte del trabajo se ofrecerá información que confirmará y cuantificará dos hechos conocidos: la expansión y la diferenciación de la educación. I. Cómo afectó la expansión educativa a los pobres En términos generales, la expansión del sistema educativo se evidenció en dos situaciones. En primer lugar, se absorbieron grupos poblacionales hasta ese momento no incorporados al aparato de la educación, con lo que mejoraron sensiblemente las tasas globales de escolarización.1 Por otro lado, se retuvo más tiempo a los sectores ya incorporados, por la importancia credencialista que adquirió la escuela. El valor de la escuela como determinante de la futura ocupación, fue uno de los fundamentos de esta explosión de la demanda de entrar en la educación de parte de algunos grupos, de más educación de parte de otros que ya participaban en el sistema escolar. Sin embargo, a raíz de que originariamente el acceso y la permanencia en el sistema escolar no eran los mismos en todos los sectores de la sociedad, esta expansión tampoco tuvo los mismos efectos para todos. Junto con el fenómeno de expansión, se registró al mismo tiempo otro de diferenciación. Para poder analizarlo se comparan a continuación los niveles de educación logrados por los diferentes grupos de edad pertenecientes a los distintos sectores socioeconómicos.2 A. Población que no aprobó ningún grado Ya se vio con anterioridad, que en el adjunto de la población este grupo es muy pequeño, dado que sólo representa entre un 2.5% y un 5% del total. Sin embargo, aunque su importancia numérica no sea mucha, su importancia conceptual sí lo es, dado que es el que tiene la mayor probabilidad de aparecer como analfabeto, es decir, sujeto al proceso de marginación total3 del sistema educativo. El análisis de la población de diferentes edades que no aprobó ningún grado evidencia que el crecimiento del sistema educativo se ha realizado básicamente gracias a que ha incluido a los sectores más pobres: hace 30 o 40 años entraban a la escuela entre uno de cada cinco y uno de cada dos pobres estructurales. Hoy, sólo se queda afuera el 5% de ellos (Cuadro 6). Las cifras muestran que en este primer aspecto las diferencias entre los pobres y los no pobres se han acortado sensiblemente. Este proceso, si bien aparece de manera sostenida en todas las décadas, se acelera en los dos últimos grupos etáreos donde las diferencias entre los pobres estructurales y los no pobres se achican sensiblemente. Por otro lado, se observa que en la actualidad la expansión del sistema escolar en los medios urbanos ha llegado a su límite, ya que en la edad más joven (20/29 años) los porcentajes de marginación total de la escuela son prácticamente despreciables en todas las ciudades. Hoy puede decirse que en la Argentina, al menos en los medios urbanos, todo el mundo ingresa a la escuela. B. Población que abandona en el primer ciclo de la escuela primaria En este grupo se expresan de manera más definida los efectos de la marginación por exclusión temprana, ya que los tres grados iniciales (primer ciclo) constituyen una unidad que permite que se inicie y consolide el proceso de alfabetización. Quienes no logran terminar este primer ciclo tienen muy pocas probabilidades de ser alfabetizados. Lo más probable es que sea un grupo que pueda firmar y sea capaz de comprender y emitir mensajes escritos simples. Pero es también probable que no sea capaz de acceder a la lectura comprensiva de diarios y revistas, no pueda llevar adelante trámites que impliquen llenado de formularios o lectura de contratos, y no pueda acceder a bienes culturales que supongan esta destreza, como por ejemplo, leer textos largos (libros) o ver cine extranjero subtitulado. Este grupo aparecerá en los censos como alfabetizado, es decir, no está comprendido en las tasas oficiales de analfabetismo; pero representa probablemente una buena medida del analfabetismo funcional o semianalfabetismo. Un recorrido vertical del Cuadro 7 permite comprobar que todos los grupos han mejorado su situación en este aspecto, ya que los porcentajes de abandono en el primer ciclo no parecen ser demasiado importantes en los dos grupos más jóvenes, salvo en los pobres estructurales. Sin embargo, tampoco puede afirmarse que entre estos últimos no se hayan producido cambios. Por el contrario, este abandono ha bajado también abruptamente si se compara la gente de 60 y más años con la de 20-29. En todo caso puede decirse que las diferencias entre los grupos sociales han disminuido notablemente. Sin dejar de reconocer las fluctuaciones que aparecen en las cifras de las diferentes ciudades, que podrían estar señalando momentos diferentes del proceso de transición, se aprecia una tendencia a la homogenización e igualdad. Entonces, parece que en la actualidad el sistema educativo no sólo incorpora más niños, llegando a todos los sectores, sino que está en proceso de retener más, lo que avala la tendencia a la democratización que algunos autores han sostenido.4 C. Población que terminó la escuela primaria Este grupo representa la fuerza real de la obligatoriedad escolar en nuestra sociedad, ya que recorta el grupo de adultos que cumplió efectivamente con las prescripciones legales fijadas por la ley 1420 que establece que todo ciudadano tiene derecho y obligación de completar la escuela primaria. Comprende tanto a quienes la terminaron y salieron del sistema educativo para insertarse en el mundo laboral, como a los que continuaron estudiando, hayan o no terminado posteriores niveles de estudio. En términos generales, a lo largo de las décadas estudiadas se comprueba un notorio avance del poder efectivo de la escuela, ya que se amplían notablemente en todos los grupos socioeconómicos los porcentajes de población que termina la escuela primaria. Si en la población mayor de 60 años, un 15% de pobres estructurales, un 40% de pauperizados y un 70% de no pobres terminaron la escuela primaria, hoy (es decir, entre los menores de 30 años), un 70% de pobres estructurales, un 85% de pobres pauperizados y un 97% de no pobres la terminan (Cuadro 8). La lectura vertical del cuadro muestra un acortamiento de las diferencias porcentuales entre los diferentes grupos analizados a medida que decrece la edad de la población. De la misma manera que en el cuadro anterior, el salto mayor parece estar entre las edades 30-39 y 40-49. Es decir, estos indicios parecen señalar una clara democratización interna del sistema educativo en la medida en que se tiende a acortar las cuotas diferenciales de educación que se ofrecen a cada estrato. Sin embargo, esta conclusión se verá modificada a partir de los resultados que aparecen en el cuadro siguiente. D. Población que completa estudios más allá de la escuela primaria Se analiza en este punto qué porcentaje de la población que terminó la escuela primaria ha aprobado otros niveles de estudios (medio y terciario).5 Esto es importante, porque con la expansión de los egresados del nivel primario, el contingente poblacional que tiene la oportunidad de completar otros niveles se incrementa sensiblemente. No resulta insólito por ello que en todos los sectores sociales aumenten los porcentajes de gente que termina otros niveles de estudio, más allá de la escuela primaria. En el Cuadro 9 vuelve a aparecer el mismo fenómeno que en los cuadros anteriores: más altos porcentajes de gente de todos los sectores que completa más estudios. Pero por primera vez se observa también otro proceso conocido: la fuga hacia adelante de los efectos discriminatorios del sistema educativo. En efecto, lo que se demuestra es que en este tramo (o sea en la parte del sistema educativo que está más allá de la escuela primaria), los niveles educativos alcanzados tienden a acentuar las diferencias entre los grupos socioeconómicos. Aún cuando la lectura vertical del cuadro permite apreciar un mejoramiento relativo dentro de cada uno de los grupos, es en el grupo de los no pobres donde este mejoramiento se expresa con fuerza, y esta diferencia lo hace alejarse sustancialmente de los dos grupos de pobres.6 Simplificando la lectura del cuadro podemos quizás decir que entre los pobres estructurales, de un 4% mayores de 60 años que completaron estudios más allá de la primaria, se pasa a un 12% en los menores de 30 años. En cambio, entre los no pobres, de un 30% del grupo mayor que terminaba estudios posteriores, ahora los completa alrededor de un 60%. En los pobres estructurales se ha incrementado en un 8%; en los no pobres, en un 30%. II. ¿Proceso de democratización? ¿Cómo se expandió entonces la educación? ¿La expansión que hemos descrito implica realmente una democratización en el sentido de igualar las oportunidades de los diferentes sectores que componen la sociedad? Lo que aparece comprobado es que el sistema educativo se agrandó en su base hasta alcanzar a incluir a toda la población urbana, independientemente de cuál sea su sector socioeconómico. Hoy todos los chicos entran a la escuela, y sectores bien masivos (entre el 70% y el 97%) logran terminar la escuela primaria. Este no es un logro menor. Aunque evidentemente no se pueda decir que con ello basta, es condición indispensable para una adecuada función democratizadora de la educación. Pero este movimiento de expansión de la educación, que trajo como consecuencia la elevación de los niveles de educación alcanzados por toda la población, achicando las diferencias entre los grupos (o sea, democratizando la oferta) en el período de educación obligatoria, no ha hecho más que llevar hacia adelante los mecanismos de selección incorporados en el accionar del sistema educativo. Las diferencias no se han borrado, sólo se han corrido hacia adelante, manifestándose en el nivel medio en lugar de hacerlo en la escuela primaria. De todas formas, es necesario reconocer que el saldo positivo de esta cuestión es el hecho de que actualmente la educación primaria en la Argentina constituye, finalmente, un fenómeno masivo. La obligatoriedad escolar de la escuela primaria está dejando de ser una norma para llegar a ser un hecho.
NOTAS 1. El Censo del 80 da algo menos del 90% de incorporación en la primaria. En los dos trabajos que estamos analizando (Encuesta IPA y procesamiento posterior para CIPPA) se registra una tasa de escolarización entre 96% y 100% en las edades 6-14 que corresponden a la escuela primaria. 2. En esta comparación se ha eliminado la franja de 15-19 años, porque sus altas tasas de escolaridad actual interferirían en una adecuada lectura de los niveles educativos alcanzados por la población más joven. 3. Para la descripción de los distintos tipos de marginación, ver capítulo 2. 4. Ver por ejemplo Silvia Jáuregui, María Luisa Lemos y Norma Paviglianiti, El sistema educativo argentino. Características y problemas, Cuadernos Fundación Eugenio A. Blanco 1.3 (1988) Buenos Aires. 5. Del conjunto de egresados de la primaria, se excluye a quienes, habiendo ingresado en el nivel medio, lo abandonaron. 6. Una anomalía a esta situación se registra en el grupo joven de Neuquén. |