CAPÍTULO V DEMOCRATIZACIÓN EXÓGENA: I. Los cambios en las conductas sociales En el capítulo anterior se ha demostrado que los sectores pobres logran un beneficio real incorporándose a la escuela. Aun cuando la calidad de la enseñanza esté en crisis, y aún cuando las propuestas pedagógicas no sean todavía las más adecuadas para atender sus necesidades, los sectores que pasan por la escuela (incluso aunque no la terminen), están en una situación más ventajosa que el resto en lo que hace a sus capacidades de lectura. Es decir, pasar por la escuela deja un saldo positivo en términos de saberes instrumentales necesarios para participar en una sociedad letrada como la nuestra. En este capítulo se intentará explorar otro aspecto complementario. La pregunta que nos orienta trata de apreciar en qué medida una persona que ha logrado terminar su escolaridad obligatoria (la escuela primaria) obtiene con ello facilidades agregadas, no referidas estrictamente al campo del conocimiento, sino en relación con el acceso a otros bienes que circulan por la sociedad. Entonces, además de explorar los efectos endógenos de la escolaridad, es decir, aquellos que se aprecian en términos de logros educativos, es posible pensar que la mayor educación lograda por la población ha producido otra serie de resultados que, por expresarse fuera del sistema educativo, hemos denominado exógenos. ¿Cuáles son estos efectos exógenos? Se expresan a través de todas aquellas variables que en estudios anteriores han demostrado estar asociadas al nivel educativo del individuo. Por ejemplo, es sabido que el tipo de ocupación y el nivel de ingreso tienen una relación (compleja) con la educación; la calidad de la vivienda, el equipamento doméstico, la calidad de la salud, etc., han demostrado también estar asociadas al nivel educativo. En resumen, podemos decir que los efectos exógenos de la educación se reconocen en una serie de ámbitos entre los cuales resultan de vital importancia el económico, el político y el cultural (entendido como el generador de estilos de vida y estrategias de comportamiento individuales, familiares y sociales). Obviamente, poder llegar a conclusiones generales válidas para todos estos campos requeriría de una investigación específica, que todavía no se ha realizado. Por consiguiente, no todos ellos podrán ser analizados a continuación ya que deberemos restringirnos a la información disponible. Sin embargo, partiendo de los elementos con que contamos, se ha intentado comenzar a echar luz sobre estas relaciones como forma de iniciar una línea de evidencias que pueda ser continuada en estudios específicos. A. Educación y sistema
económico: Acceso a crédito, y cobertura Acceso a crédito Un primer aspecto sobre el cual se cuenta con información tiene que ver con el acceso al crédito para la vivienda por parte de los diferentes sectores sociales. La posibilidad de obtener estos créditos está determinada por una serie muy compleja de factores económicos que regulan este mercado. En el caso de la demanda, juega un papel importante la capacidad económica del individuo; pero ante similar situación económica, ocupa un lugar interesante su capacidad para enfrentar trámites complejos como los implicados en este tipo de problemática. Desde este punto de vista, el nivel educativo de los individuos desempeña un papel importante, ya que no sólo instrumenta, como se ha visto en la capacidad alfabética, sino que probablemente incrementa los alcances del pensamiento formal, habilitando más efectivamente para el desempeño exitoso de trámites complejos. La información recogida permite afirmar que el nivel socioeconómico tiene influencia, ya que comprobamos que los pobres estructurales tienen menos probabilidad de tener acceso a crédito que los restantes sectores de la sociedad. Además, en el conjunto de la sociedad, el nivel educativo parece no tener una incidencia específica (Cuadro 43). Pero cuando se realiza un análisis algo más detallado y se trata de ver qué diferencia puede hacer la educación separando los menores de 40 años de los mayores, es posible visualizar una relación entre el mayor nivel educativo y la capacidad potencial o real de obtener un crédito para la vivienda (Cuadro 44). Los jefes de hogar fueron clasificados en propietarios y no propietarios. Los propietarios se clasificaron a su vez en aquellos que lograron su vivienda con o sin crédito; y los no propietarios se clasificaron según estuvieran o no anotados para un crédito. De las cuatro categorías posibles se han hecho dos grupos. El grupo B junta a los propietarios que han tenido crédito con los no propietarios que se han anotado para obtenerlo, ya que en estos dos sectores se encuentra la gente que ha tenido (propietario con crédito) y que tiene capacidad de demanda (no propietario anotado). En primer lugar, se debe destacar que hay una notable diferencia en la proporción de propietarios entre los jóvenes (menores de 40) y los mayores de 40 años. El porcentaje global de propietarios es entre los primeros de 55.4%, pero alcanza al 84.5% entre los segundos, posiblemente debido a la diferente posibilidad de acumulación propias de estos distintos ciclos de edad. La relación con la edad como variable principal se expresa en que, en todos los grupos socioeconómicos, los mayores de 40 años tienen mayor porcentaje de propietarios que los menores de esa edad.1 Pero es de notar también que en los menores de 40 años es sensiblemente mayor el porcentaje de no propietarios anotados en créditos grupo D del cuadro anterior (4.4% frente a 1.5% en los mayores de 40), lo que denota el mayor interés de los jóvenes en encontrar mecanismos que les permitan acceso a la vivienda propia. En todo caso, lo que es importante destacar es que justamente en este grupo de edad es donde la educación parece tener influencia en esta conducta. El cuadro que analizamos muestra que en la población de menos de 40 años, los jefes de hogares no propietarios (grupo D) recurren a anotarse en créditos para obtener la vivienda en mayor proporción cuanto mayor sea su nivel educativo. Por lo tanto, la educación parece jugar un papel de facilitador para el logro de beneficios escasos disponibles en la sociedad. No es menos interesante señalar también que en el grupo B del cuadro anterior (no propietarios no anotados para la obtención de crédito), el papel de la educación se perfila de manera consistente. Esto es, tanto entre los menores de 40 como en el grupo de mayores, cuanto menor es el nivel educativo del jefe del hogar no propietario de vivienda, menor es la probabilidad de que se haya anotado para la obtención de un crédito.
¿Cómo se puede establecer la influencia de la extensión del sistema educativo en el acceso al crédito para la vivienda? El cuadro 44 que estamos comentando, separa dos grupos claros, uno en el cual el crédito para la vivienda no tiene ni tuvo ningún papel (que llamaremos sin crédito), y otro para el cual el acceso a la vivienda se hizo o se intenta hacer a través del crédito (con crédito). La influencia de la educación se manifiesta claramente en los menores de 40 años, y no aparece en los mayores. Esto lo hemos visto en los párrafos anteriores. Pero, adicionalmente, entre los menores, la influencia del nivel educativo se hace más consistente entre los con crédito que entre los sin crédito. Efectivamente, ambas categorías que integran este grupo aumentan su proporción a medida que aumenta el nivel educativo. En el Cuadro 45 se aprecia que este efecto se presenta específicamente en el caso de los pobres estructurales. En estos grupos tampoco aparece en relación con los mayores de 40 años, pero sí se observa en el grupo de menores de 40. Entonces, el jefe de hogar joven perteneciente a los sectores más carentes, cuando no es propietario de vivienda, puede intentar conseguirla a través de un crédito; pero la probabilidad de que esto suceda tiene relación directa con el nivel educativo que haya alcanzado. En este sentido, la expansión del sistema educativo parece haber tenido una relación positiva para estos sectores, ya que es posible que el mayor nivel educativo alcanzado haya podido constituirse en canal facilitador para el acceso a algunos bienes económicos, además de los estrictamente culturales. Cobertura de salud Del mismo modo que el acceso al crédito para la vivienda, la cobertura de salud depende de una cantidad compleja de elementos; pero de algún modo tiene también que ver con las disposiciones individuales a reclamarla, o con las condiciones personales que hagan posible tenerla. Siendo un beneficio social al cual se accede desde diversas posibilidades (las condiciones del empleo, la pertenencia a un hogar con jefe cubierto, el aporte voluntario a planes de medicina prepagada, etc.), el análisis tendrá la provisionalidad que esta información implica. El Cuadro 46 demuestra que entre los no pobres el 80% de los jefes de hogares están cubiertos, entre los pauperizados el 65% y entre los estructurales el 50%, o sea que las diferencias entre estratos son bien sensibles. Sin embargo, estos promedios de cada estrato no se modifican sustancialmente en función del nivel educativo de las personas, lo que indica su escasa incidencia relativa. De acuerdo con estas conclusiones podríamos decir que el esfuerzo de terminar la escuela no se refleja en una mayor cobertura de salud, y por lo tanto no sería éste un bien al que se accede gracias a ello.
Veremos que, sin embargo, la expansión del sistema educativo ha tenido un claro efecto en este beneficio. Para comprobarlo analizaremos la información tal como se ha hecho en el punto anterior: separando los menores de 40 años de los mayores de esa edad, y observando cómo varía la cobertura de salud en jóvenes y viejos según su diferente nivel educativo (Cuadro 47). En todos los grupos socioeconómicos los mayores de 40 años exhiben mayores porcentajes de cobertura de salud que los menores. Esto se debe probablemente a las mayores condiciones de estabilidad en el empleo que pueden tener estos grupos. También debe tener que ver con el hecho de que las características de las etapas biológicas que se enfrentan antes de los 40 años y después de esta edad son diferentes, y por esto es más probable que los sectores mayores de 40 años se preocupen más que los jóvenes por tener una cobertura de salud. Por otro lado, de manera similar a lo que ocurre con el tema del acceso al crédito, se mantienen las importantes diferencias por estrato socioeconómico. En lo que se refiere a la influencia del nivel educativo, pareciera que ésta sólo aparece en los grupos jóvenes (entre 20 y 39 años) de sectores pobres. Tanto en los pauperizados como en los pobres estructurales se puede observar que en estas edades el mayor nivel educativo está asociado con una mayor probabilidad de tener cobertura de salud. El hecho de que se trate justamente de estas edades, y de que se trate de grupos de pobres, descarta básicamente las alternativas de que esta cobertura se reciba a través de un beneficio jubilatorio o de servicios de medicina prepagados, por lo que se puede aducir alta probabilidad de que éste sea un efecto de las condiciones del puesto de trabajo. Si esto fuera así, el efecto de la educación sería indirecto, en el sentido de que el mayor nivel educativo permitiría una inserción diferente en el mercado de empleo que, por este medio, daría mayor acceso a los beneficios que implica una cobertura de salud. B. Educación y salud: Anticoncepción, embarazo y cuidado del niño Además de los efectos facilitadores para el acceso de bienes que tienen que ver con el sector económico, el mayor nivel educativo de la población puede tener algunas consecuencias en el área de la salud. Como es bien sabido, los comportamientos relacionados con esta área siguen pautas específicas que dependen de los diferentes estilos de vida y estrategias de supervivencia que caracterizan a cada estrato de la sociedad. Muchos de estos comportamientos, asociados con patrones propios de los medios urbanos, son inexistentes o poco difundidos en otros medios. En la Argentina se registró, a partir de la década de los 50, un fuerte proceso migratorio rural-urbano, una de cuyas consecuencias fue la ya mencionada expansión del sistema educativo que, a su vez, pudo haber tenido influencia en la modificación de los comportamientos relacionados con la salud en los grupos que se incorporaron al sistema educativo. Es decir, el sistema educativo no sólo distribuye conocimientos. También distribuye valores, actitudes y pautas de comportamiento; básicamente las de la sociedad urbana e industrializada y, por esto, de alguna manera puede haber modificado comportamientos relacionados con el área de la salud en los grupos que se incorporaron recientemente a la educación. En este punto se examinarán tres temas en especial, todos relacionados con la madre y el niño: el uso de anticonceptivos, el control del embarazo y el control de salud del niño sano que incluye las pautas de vacunación. Se indagó a las madres de niños menores de 4 años, lo que implica que, por un lado, se trata de un grupo no muy numeroso, y por el otro las madres mayores de 40 años sólo representan el 9,5% del total, lo que dificultará la comparación cuando intentemos saber qué pasa con la población menor de 40 y mayor de 40. Uso de anticonceptivos Como se sabe a través de múltiples estudios, la decisión de las mujeres de controlar la procreación es una pauta casi exclusivamente urbana. Hay una relación bien conocida entre procesos de industrialización y caída de las tasas de natalidad de la población, una de cuyas causas es el incremento de sistemas de control de la natalidad. Por esto, se utilizó información que indagó el comportamiento de las madres de niños menores de 4 años en relación con el uso de anticonceptivos. En el estudio original este dato formó parte de un conjunto de información sobre el niño y su madre; pero en nuestro caso nos restringimos a tratar de establecer en qué medida existen variaciones en esta conducta según el nivel educativo que haya alcanzado una mujer (Cuadro 48). El uso de anticonceptivos parece ser un comportamiento bastante aceptado en términos generales, ya que sólo el 40% de estas madres declara no haberlo usado nunca. Es decir, que un 60% de esta población lo ha hecho. Es interesante observar que la cifra sufre variaciones en relación con el distinto nivel educativo alcanzado, aunque sólo son importantes para los sectores que han llegado a completar una educación más allá de la escuela primaria. Tanto el grupo que abandona la escuela primaria como el que sólo la termina presenta un comportamiento similar, ya sea en el porcentaje de mujeres que nunca usó anticonceptivos, como en el de las que los usa actualmente. No obstante, aparece una tendencia consistente que permite asociar el mayor grado educativo con la frecuencia de uso de métodos anticonceptivos, y esta diferencia parece más determinante en las mujeres que llegan más allá del séptimo grado, que generalmente no son las más pobres. Entonces, esta conducta parece más frecuente en las poblaciones no pobres y, en este sentido, resulta interesante ver qué pasa cuando los pobres adquieren más educación. En algunos sectores, parece que las mujeres más educadas (grupo que llegó más allá de la escuela primaria) han utilizado y utilizan más este medio de control, pero no puede afirmarse que sea como efecto del nivel educativo alcanzado, ya que en otros grupos, sobre todo los más bajos (estructurales sobre y bajo línea de indigencia y de extrema pobreza), no aparecen diferencias consistentes cuando cambia el nivel educativo alcanzado.2
Una posible manera de estimar el efecto de la expansión educativa en relación con el uso de métodos anticonceptivos puede ser analizar las diferencias entre las mujeres de diferente edad, tal como se hizo en los casos anteriores. Sin embargo, en este caso se debe tener presente que sólo el 9.5% de las madres de niños entre 0/4 años tienen 40 años y más, lo que inhibe la comparación entre menores y mayores de 40 años, que es la metodología utilizada en los casos anteriores. Se ha optado entonces por presentar solamente los comportamientos del grupo más joven (madres de 20 a 39 años), lo cual, si bien no permite conclusiones definitivas, adelanta por lo menos la situación en términos descriptivos (Cuadro 50). Como se puede observar, se toman sólo la primera y la última categoría que, como se ha visto en el cuadro anterior, son las más significativas cuantitativamente. Empecemos por la primera parte del cuadro, que presenta los porcentajes de mujeres que nunca usaron anticonceptivos. Las diferencias relacionadas con el distinto nivel educativo alcanzado sólo son consistentes en el caso de los pobres estructurales (para el total de esta categoría y para cada una de las subcategorías que estamos estudiando). Podemos entonces decir que en el grupo de pobres estructurales cuanto más educada es una mujer mayor es la probabilidad de que haya usado en algún momento un método anticonceptivo. Pero, al mismo tiempo, es bueno recordar que justamente en el grupo de los pobres estructurales es donde la expansión del sistema educativo fue más notoria, por lo que se puede pensar en la existencia de alguna relación, que posteriores investigaciones se deberán encargar de probar. En la segunda parte del cuadro, que se refiere al uso actual de métodos anticonceptivos, no se observa ninguna regularidad estable. Si la educación tiene alguna influencia, parece estar en la ruptura del tabú de la no utilización, y no en una conducta estable de adopción permanente de pautas de anticoncepción. Captación y control del embarazo En la IPA fue construido el índice de captación y control del embarazo con el objeto de evaluar la calidad de la actividad de control prenatal realizada por los servicios de salud. Tomando en cuenta la normativa del programa materno infantil para esta actividad se define como deseable la captación antes del tercer mes de embarazo, un control mensual hasta el octavo mes y dos controles en el noveno mes (Cuadro 51). Una adecuada captación y control del embarazo parece ser una conducta generalizada en las mujeres de todos los sectores sociales (el 80% de ellas tienen entre óptimo y bueno) en los medios urbanos. Sin embargo, la información de este cuadro muestra que tanto la educación como la pertenencia a un sector socioeconómico determinado modifican esta conducta. En el caso de la educación, el cuadro anterior permite observar de qué forma se diferencia la captación y control del embarazo en las mujeres, de acuerdo con su nivel educativo, pudiéndose afirmar que cuanto mayor es éste, más probabilidad existe de que la captación y el control del embarazo sea óptimo. También se aprecia que cuanto más alto es el nivel educativo, más fuerza tiene la educación.3 El Cuadro 52 muestra cómo esta misma relación directa se da en las mujeres que pertenecen a diferentes niveles de pobreza. Es decir, cuanto más pobre es una mujer más probabilidad tiene de que la captación y el control de su embarazo no sean óptimos. La pregunta siguiente es, entonces, en qué medida estos dos elementos (nivel de pobreza y nivel educativo de una mujer) se retroalimentan, o sea cómo juega la educación reforzando o no las diferencias que se originan en el distinto nivel socioeconómico. Para ello se analizará el Cuadro 53. En el nivel óptimo de captación y control, la educación hace diferencia siempre. Es decir, que cuando una mujer aumenta su nivel educativo, llega rápidamente a tener conciencia de la necesidad de un óptimo control de su embarazo. Sin embargo, es interesante notar que la diferencia es mayor en los sectores pauperizados y estructurales que entre los no pobres, lo cual es consistente con el hecho de que en esos dos primeros sectores es donde ha sido mayor el efecto de la expansión educativa. En las categorías internas de los estructurales se observa el mismo fenómeno, ya que los pobres estructurales sobre línea y bajo línea de indigencia tienen alta diferencia en relación con la variación de sus niveles educativos (50% y 30.7% respectivamente), y esto mismo se da, aunque no con diferencias tan grandes, en el caso del grupo de extrema pobreza (14.9%). El nivel bueno de control del embarazo es interesante porque en todas las categorías de pobres se observa un efecto contrario: son menores los porcentajes de mujeres que tienen un buen control y captación de su embarazo cuanto mayor es el nivel educativo, con la particularidad de que esta relación también pierde fuerza a medida que se observan grupos más carentes.4 Esto refuerza la interpretación anterior, porque puede entenderse que en el caso de las mujeres no pobres, el control y seguimiento del embarazo forma parte de su estilo cultural, por lo que no se refleja de manera tan directa en el nivel educativo que se logra. En cambio, en los sectores pobres la educación alcanzada juega un importante papel, a tal punto que si se hace control se hace de manera óptima; pero este papel positivo se hace más evidente cuanto más cerca de los no pobres se está. Es decir, la educación en este caso concreto jugaría un papel la difusión hacia los sectores populares de un modelo de comportamiento propio de estilos de no pobres, facilitando de este modo la movilidad. Esto se evidencia de manera más clara en los sectores pobres que se acercan más a los no pobres, por haber pertenecido a ellos en el pasado (pauperizados) o por estar en mejor situación relativa (estructurales sobre línea).
La incorporación de los sectores pobres al sistema educativo ha tenido importancia en el cambio de conducta de las mujeres frente al control y la captación del embarazo. El Cuadro 53 que estamos analizando muestra claramente esta situación, ya que compara el comportamiento de las mujeres frente al embarazo de acuerdo a su educación y a su pertenencia a diferentes sectores sociales, pero teniendo también en cuenta su edad.5 Entre las mujeres no pobres el hecho de tener más o menos educación no produce diferencias importantes. En cambio, en los demás grupos (todos los sectores pobres) la situación es diferente. En todos ellos se evidencia que en las mujeres menores de 40 años existe una clara asociación entre mejor control y seguimiento del embarazo y mejor nivel educativo. Esto avala la interpretación de que probablemente este pudiera ser uno de los efectos de la expansión del sistema educativo que ha servido en este caso a los sectores pobres no solamente para lograr la alfabetización y el logro de objetivos específicos de aprendizaje, sino también para la adopción de algunos comportamientos, usos y costumbres que hasta hace unas décadas formaban parte sólo de los estilos culturales de los sectores no pobres. Control y vacunación del niño sano Dentro de los comportamientos que tienen que ver con el cuidado sanitario del niño, es evidente que el control médico y la vacunación ocupan un lugar trascendente que tiene directa relación con procesos tan importantes como la mortalidad infantil. La IPA construyó un índice de control del niño sano con el objeto de evaluar la calidad de esta actividad referida a niños que en el momento de la encuesta tuvieran entre 2 y 47 meses de edad. Tomando un control mensual hasta los 6 meses y luego uno cada 3 meses, y considerando que al momento de la encuesta había niños que todavía no habían cumplido el año de edad, se definió un índice que permitió evaluar la calidad de esta actividad combinando la edad del niño y el número de controles (Cuadro 54). Tanto en el caso del control médico del niño sano como en el de la cobertura de vacunación se ve una relación positiva entre ocuparse sanitariamente del chico y tener mayor educación, aunque esta es más evidente en el primer caso que en el segundo. En relación con esto último, pareciera que la educación no modifica el porcentaje de los niños que no tienen vacunación, pero sí alcanza para afectar a los que reciben una vacunación inadecuada (pésimo/malo). Es decir, que cuando se decide vacunarlos, se tiene en cuenta que esto se haga de la manera debida. Por esto, cuanto mayor es el nivel educativo mayor es la probabilidad de que las madres sean concientes de que la vacunación es importante, estén motivadas para ello, y produzcan por ello conductas concretas (llevan al chico, tienen algún comprobante o certificado, etc.). En esto pueden desempeñar entonces un papel importante las pautas culturales propias de cada estrato al que se pertenece. Para comprobarlo se analizó este problema a la luz de los grupos de pobreza (Cuadro 55). Es pertinente señalar que en ambos casos se comprueba que estas son conductas bastante extendidas en nuestra sociedad, ya que en todos los grupos sin excepción, hasta en los pobres estructurales de extrema pobreza, el buen control del niño sano y la buena cobertura de vacunación constituyen comportamientos mayoritarios. En los sectores no pobres es mejor tanto el control del niño sano como la cobertura de vacunación; y esto es consistente a medida que se observan los diferentes grupos en que se ha dividido la población, ya que siempre los grupos más pobres presentan menores niveles de control y menor cobertura de vacunación del niño sano. A partir de estas observaciones generales, parece importante observar dos elementos particulares que surgen del cuadro anterior. El primero se relaciona con el control del niño sano. En este caso, si bien las diferencias entre los tres grupos principales son grandes (no pobres/pauperizados/estructurales), estas no lo son dentro de los estructurales (sobre línea/bajo línea/extrema pobreza). El segundo tiene que ver con la cobertura de vacunación. Tanto la cobertura pésima/mala como la carencia de cobertura (no tiene) crecen consistentemente a medida que se desciende en los grandes grupos de pobreza y también dentro de los grupos de estructurales. Es decir, que si bien estos dos elementos analizados pueden entenderse como dos factores de un mismo patrón de comportamiento (el control sanitario del niño) no parecen estar regulados de la misma manera. Los pobres estructurales, sean cuales fueren las categorías internas a que pertenezcan, controlan a su bebé en un 75% de los casos aproximadamente. Pero vacunan a su chico mucho menos cuanto más cerca de la extrema pobreza se encuentren. Finalmente, nuestro interés específico nos lleva a preguntarnos por la influencia concreta que puede tener, en estas conductas, el nivel educativo alcanzado por cada uno de los estratos en que se dividió la población. Ya se ha evidenciado que tanto el control del niño sano como la cobertura de vacunación muestran variaciones sustanciales en relación con los grupos de pobreza, lo que vuelve a aparecer en esta observación (Cuadro 56). Control del niño sano En relación con el control del niño sano las diferencias entre cada uno de los grupos principales analizados son evidentes y se mantienen a lo largo de todos los niveles educativos. Es decir, que en alguna medida la influencia de pertenecer a un sector social determinado implica un comportamiento específico en relación con el control médico del niño, que parece estar fijado por patrones culturales de cada uno de los sectores. El nivel educativo alcanzado no produce diferencias favorables si se miran las cifras generales, aunque sí aparecen variaciones interesantes entre los pobres estructurales como conjunto y en cada una de sus categorías. En este grupo se registra un incremento del control bueno del niño sano a medida que se incrementa el nivel educativo, con diferencias interesantes (12.7% entre las que terminaron primaria y las que no terminaron, y 5.7% entre las que hicieron más que primaria y las que sólo la terminaron). Esta diferencia se mantiene en los tres grupos de estructurales (sobre línea, bajo línea y extrema pobreza), siendo bastante más importante en este último grupo en que las cifras anteriores son de 11.7% y 17.4% respectivamente. Parece entonces que el efecto del mayor nivel educativo en esta conducta se expresa sólo en los sectores de pobres estructurales y, dentro de ellos, se refuerza en el grupo de extrema pobreza. Cobertura de vacunación También la cobertura de vacunación parece estar más influida por el nivel de pobreza/no pobreza al que se pertenece que por la educación lograda. El efecto principal de la educación se expresa en el grupo que no tiene cobertura de vacunación y entre las diversas categorías de pobres estructurales. En estos se puede apreciar que, cuanto mayor es el nivel educativo alcanzado, mejor es la cobertura de vacunación del hijo. De suyo, parece entonces que la característica más general es la variación de estos comportamientos como producto de las diferencias de estilos de vida de los diferentes sectores de la sociedad, restando a la educación un papel complementario que se expresa sólo en algunos grupos en especial. Sin embargo, justamente el hecho de que las variaciones se encuentren en los sectores sociales más carentes, y de que estas diferencias representen una tendencia al acercamiento de las conductas de estos grupos a las pautas culturales de los grupos no pobres, puede estar hablando de un efecto concreto que es producto de la expansión de la educación a los sectores de pobreza en general y de extrema pobreza en particular.
En términos generales, hemos visto en los párrafos anteriores que en el caso del control sanitario de los niños, la expansión del sistema educativo parece haber tenido alguna consecuencia, básicamente entre los pobres estructurales.6 El Cuadro 57 describe lo que ha ocurrido con el primero de los dos factores que analizamos en este punto: el control médico del niño sano. En los dos primeros grupos (no pobres y pauperizados) las diferencias que provoca el distinto nivel educativo no son regulares ni significativas. Pero para las pobres estructurales la situación es distinta. En primer lugar, a la inversa de lo que ocurre en los otros dos grupos, el porcentaje de control bueno/regular es mayor, y esto se mantiene en todos los subgrupos de pobres estructurales. Las diferencias mayores están en el grupo de extrema pobreza entre las mujeres que solamente terminaron la primaria y las que terminaron más allá de la escuela primaria. Esto permite suponer que la masiva incorporación de los sectores de pobres estructurales al sistema educativo ha tenido una consecuencia en este sentido, incidiendo sobre todo entre los más pobres y abriendo el camino que hizo posible la difusión de los patrones de conducta que rigen estos aspectos. En cuanto a la cobertura de vacunación (Cuadro 58), el análisis de lo que ocurre con la educación en los diferentes grupos de pobreza y edad señala que ésta parece no tener influencia definida entre los grupos de no pobres y entre los pauperizados. En cambio, entre los estructurales se observa que el mayor nivel educativo se corresponde tanto con mayores porcentajes de mujeres que tienen buena/regular cobertura de vacunación, como con mayores porcentajes de mujeres que no tienen esa cobertura. Parece que la influencia específica se expresa a partir de las cifras de cobertura pésima/mala, que son mayores cuanto menor es el nivel educativo de estas madres. II. El saldo positivo de terminar la primaria El comprobado proceso de expansión de la educación, que ha permitido que los pobres accedan a la escuela y la terminen en una proporción nunca vista anteriormente, ha sido acompañado por una pérdida notable en la calidad de la enseñanza. Esta es una preocupación actual en todos los países, y ha llevado a cuestionamientos bien serios sobre el papel de la escuela y su utilidad, sobre todo en relación con la escuela pública y los sectores populares. Es cierto que la transformación de la educación en todos sus aspectos es uno de los retos más urgentes, pero no desconozcamos por ello el efecto positivo que tiene esta escuela en los grupos pobres, y la absoluta y prioritaria importancia de ofrecer a todos ellos el ingreso y la permanencia en el sistema educativo. Además del beneficio directo en términos de aprendizajes, se desprende de este análisis un conjunto de evidencias que nos permiten afirmar que, con todas sus inequidades, la escuela, tal como está en la actualidad, representa una vía de democratización para los sectores más pobres. Ello se evidencia en el papel de la educación como facilitador del acceso a otros bienes sociales, y en su poder de modificación y difusión de patrones culturales. El resumen de lo encontrado sería el siguiente: Acceso a crédito para la vivienda El jefe de hogar joven (menor de 40 años) perteneciente a los sectores más carentes, cuando no es propietario de vivienda, puede intentar conseguirla a través de un crédito; pero la probabilidad de que esto suceda tiene relación directa con el nivel educativo que haya alcanzado. En este sentido, parece que la expansión del sistema educativo puede haber tenido una relación positiva para estos sectores, ya que es posible que el mayor nivel educativo alcanzado haya podido constituirse en canal facilitador para el acceso a otros bienes, además de los estrictamente culturales. Cobertura de salud En lo que se refiere a la influencia del nivel educativo, pareciera que esta sólo aparece en los grupos jóvenes (entre 20 y 39 años) de sectores pobres. Tanto en los pauperizados como en los estructurales se puede observar que en estas edades el mayor nivel educativo está asociado con una mayor probabilidad de tener cobertura de salud. El hecho de que se trate justamente de estas edades, y de que se trate de grupos de pobres, descarta básicamente las alternativas de que esta cobertura se reciba a través de un beneficio jubilatorio o de servicios de medicina prepagados, por lo que se puede aducir alta probabilidad de que éste sea un efecto de las condiciones del puesto de trabajo. Si esto fuera así, el efecto de la educación sería indirecto, en el sentido de que el mayor nivel educativo permitiría una inserción diferente en el mercado de empleo que, por este medio, daría mayor acceso a los beneficios que implica una cobertura de salud. Uso de anticonceptivos En el grupo de pobres estructurales, que es donde la expansión del sistema educativo fue más notoria, cuanto más educada es una mujer, mayor es la probabilidad de que haya usado en algún momento un método anticonceptivo. Se puede pensar entonces en la existencia de alguna relación, que posteriores investigaciones se deberán encargar de probar. En cuanto al uso actual de métodos anticonceptivos, no se observa ninguna regularidad estable. Si la educación tiene alguna influencia, parece estar en la ruptura del tabú de la no utilización, y no en una conducta estable de adopción permanente de pautas de anticoncepción. Captación y control del embarazo En todos los sectores pobres se evidencia que en las mujeres menores de 40 años existe una clara asociación entre mejor control y seguimiento del embarazo y mejor nivel educativo. Esto avala la interpretación de que probablemente éste pudiera ser uno de los efectos de la expansión del sistema educativo, que ha servido en este caso a los sectores pobres no solamente para lograr la alfabetización y el logro de objetivos específicos de aprendizaje, sino también para la adopción de algunos comportamientos, usos y costumbres que hasta hace unas décadas formaban parte sólo de los estilos culturales de los sectores no pobres. Control sanitario del niño sano En el caso del control sanitario de los niños, la expansión del sistema educativo parece haber tenido alguna consecuencia básicamente entre los pobres estructurales. En el caso del control médico del niño sano, en los dos primeros grupos (no pobres y pauperizados) las diferencias que provoca el distinto nivel educativo no son regulares ni significativas. Pero para las pobres estructurales la situación es distinta. Las diferencias mayores están en el grupo de extrema pobreza entre las mujeres que terminaron la primaria y las que terminaron más allá de la escuela primaria solamente. Esto permite suponer que la masiva incorporación de los sectores de pobres estructurales al sistema educativo ha tenido una consecuencia en este sentido, incidiendo sobre todo entre los más pobres, abriendo el camino que hizo posible la difusión de los patrones de conducta que rigen estas circunstancias.
NOTAS 1. En los no pobres, los porcentajes son de 89.1% contra 57.9%; en los pauperizados de 83.3% contra 63.1%; y en los estructurales de 71.9% contra 49.0%. 2. En el Cuadro 49 se presentan las cifras que relacionan el uso actual de métodos anticonceptivos según el nivel educativo alcanzado y el grupo de pobreza. Aunque se mantiene una leve tendencia, no se aprecian diferencias importantes en la conducta de las mujeres frente al control del embarazo a través de anticonceptivos en relación con la educación. 3. Esto se evidencia porque entre las mujeres que alcanzaron menos de 7o grado la diferencia entre el control óptimo y el bueno es de sólo un 8.2%, mientras que entre las que completan primaria se eleva al 33.4% para ser de 64.7% entre las que tienen un nivel educativo mayor que primaria. 4. Las diferencias son las siguientes: pauperizados 27.0%, estructurales 6,9%; estructurales sobre línea 16.1%, bajo línea 6.2% y extrema pobreza 3.8%. 5. Hemos aclarado anteriormente que en el caso de los indicadores de salud no se puede comparar entre los diferentes grupos de edad, por lo que se trabaja sólo con el grupo de mujeres jóvenes (entre 20 y 39 años) buscando relaciones significativas, aunque no tengan representatividad estadística. 6. Por problemas de consistencia estadística, del mismo modo que en los casos anteriores, analizamos aquí sólo el grupo de mujeres entre 20 y 39 años que, por otra parte, es donde más se expresa la expansión educativa. |