INTRODUCCIÓN LA SITUACIÓN ACTUAL DE LOS POBRES I. En Argentina todos los pobres van a la escuela La Argentina ha sido tradicionalmente un país en el cual la mayoría de la población tiene acceso a la escuela, ubicándose por esto entre los de mejor situación en el Continente. Los censos nacionales de las últimas décadas certifican este hecho a tal punto que, en el último censo para el cual se dispone de información de este tipo (1980) las tasas de escolarización se encuentran por encima del 80% y el analfabetismo se declara en un 6.7% de la población. Para describir cuál es la situación de los pobres hoy, analizaremos dos situaciones: por un lado qué ocurre con la población adulta (y dentro de ella con los pobres), es decir, qué grado de educación ha logrado la gente que hoy tiene más de 15 años. Esto dará una visión radiográfica, si se quiere estática, del nivel educativo de la población adulta. Por otro lado, analizaremos el grupo de población de 0-24 años en su relación con la escuela: cuántos de ellos asisten a instituciones educativas en estas edades y cuántos han dejado de concurrir. El análisis de este tema por grupos de pobreza agregará una visión algo más dinámica sobre el comportamiento de la población frente a la educación. A. ¿Qué educación
alcanzan los pobres? (Niveles educativos La estructura de escolaridad de la población adulta urbana estudiada muestra que, al igual que en el resto de Latinoamérica, en nuestro país se ha producido una fuerte expansión de la educación. En el conjunto de la población adulta (de 15 y más años) es muy escasa la gente que no ha tenido oportunidades educativas: solamente entre el 2.5% y el 5.0% no ha aprobado ningún grado, ya sea porque no fue a la escuela o porque, habiendo ido, no terminó el primer grado (Ver Col. l; Cuadro 1). Este grupo cuantifica la marginación total, es decir, el grupo de población que no entra a la escuela que, como se ve, es bastante exiguo. En este mismo cuadro, en la columna 2, se puede apreciar que entre un 16.7% y un 25.7% adicional no aprobó la escuela primaria por haberse retirado de ella. Esto lleva a porcentajes que rondan entre el 20% y el 30% del total de la población para el grupo que no ha cumplido con la obligatoriedad escolar. El resto de la población adulta (entre 68.9% y 80.5% según las ciudades -Col.6/Cuadro 1) aprobó la escuela primaria, pero de ellos entre la mitad y un cuarto (Col.3/Cuadro 1) no han intentado estudios posteriores. Los que sí lo intentaron, (Col.4/Cuadro 1) lograron diversos resultados. En general, alrededor de la mitad de ellos logró superar el nivel medio (Cuadro 2). Interesa señalar también que en ambos cuadros se ve que este trayecto es similar en los dos sexos. Los pobres Sí aparecen diferencias importantes entre los niveles de pobreza, lo que señala que, independientemente de cuáles sean los logros de aprendizaje que se corresponden con la cuota de escolaridad, la cuota temporal de educación que se ofrece a los diferentes grupos sociales es bien diferente, y esa diferencia se expresa linealmente, ya que a mayor pobreza corresponde una menor cuota educativa (Cuadro 3). No obstante, en todas las ciudades estudiadas, el grupo de pobres estructurales que no ingresa a la escuela está por debajo del 10%. Las diferencias aparecen más adelante, y tienen que ver con la cantidad de grados que cursan y la edad en que dejan de ir a la escuela, para lo cual es necesario describir las tasas de escolarización de los jóvenes pobres y no pobres. B. ¿Hasta qué edad se va a
la escuela? (Tasas de escolarización Las tasas de escolarización encontradas son también altas (Cuadro 4). Aun cuando pueden existir algunas diferencias entre los distintos sectores sociales, se comprueba que la escolarización masiva de todos los niños comienza a los 5 años, y no a los 6 como lo establece la normativa vigente (Ley 1420). En las cinco ciudades estudiadas, tanto para varones como para mujeres, a los 5 años más del 75% de los niños concurre ya a la escuela. El hecho de que no se registren diferencias entre los sexos afirma una vez más la particularidad de la Argentina en relación con otros países, en muchos de los cuales la escuela y la educación es vista como una necesidad más para los niños que para las niñas. El mismo cuadro muestra también que prácticamente hasta los 13 años la concurrencia a la escuela es masiva, ya que hasta esta edad la gran mayoría de los porcentajes es mayor del 95%, y en ningún caso están por debajo del 85%. En este tramo de edad tampoco aparece ninguna diferencia notable entre los sexos. Las tasas decaen del 90% a aproximadamente el 70% entre los 14 y los 16 años, también de manera pareja para ambos sexos. En cambio entre los 17 y los 18 años, en que la escolaridad baja del 65% al 50%, son los varones los que abandonan la escuela. En cuatro de las cinco ciudades estudiadas este descenso diferencial se hace bastante evidente a los 18 años, reflejando quizás una relación de este fenómeno con el cumplimiento del servicio militar obligatorio. Las diferencias que aparecen, si se analiza la escolarización de la población por nivel socioeconómico, indican que la concurrencia a la escuela es un fenómeno masivo en cualquiera de los grupos (Cuadro 5 - Anexo). Aún cuando los pobres estructurales arrojan tasas de escolarización algo menores que el resto de los grupos, de todas formas, a partir de los 5 años, la gran mayoría de estos niños concurre a la escuela. En este grupo, al igual que en los demás, las tasas más altas están entre los 9 y los 13 años (donde se cubre entre el 90% y el 100%), registrándose también alta concurrencia a las edades de 14 y 15 años. Puede concluirse por ello que, en los grandes números, prácticamente toda la población infantil tiene alguna experiencia de incorporación a la educación, gracias al proceso de expansión educativa que ha sido posible en razón de la incorporación a la escuela primaria de los sectores sociales antes excluídos que han ingresado masivamente. |