PRESENTACIÓN

EL PROBLEMA

Tanto los censos generales de población realizados a partir de los años 60, como diferentes investigaciones empíricas que se han ocupado del tema, permiten afirmar que hoy en día concurren a la escuela muchos más niños que hace treinta o cuarenta años. Lo interesante no es sólo que haya más chicos que van a la escuela, ya que esto podría ser una consecuencia directa del crecimiento de la población, sino que muchos más sectores sociales se incorporan a ella.

En la actualidad, al menos en la Argentina, ir a la escuela no es más una característica de los chicos de clase media. Los datos que se han recogido en diferentes estudios —y en este mismo— coinciden en señalar que entre los 5 y los 12 años la casi totalidad de la población infantil se encuentra incorporada al sistema de enseñanza.

Sin embargo, a pesar del impresionante aumento de la escolaridad de los sectores más postergados en las últimas décadas, la situación de los pobres no ha variado demasiado. Los pobres no han dejado de serlo pese a poseer, en general, calificaciones educativas más altas que las que tenían en épocas anteriores. ¿Qué es la pobreza? Sabemos que es un síndrome que incluye una serie de características. Entre todas ellas, hay dos que se destacan: el empleo, porque determina el nivel de ingresos que a su vez da acceso a bienes materiales; y la educación que da acceso a bienes culturales y que, en gran medida, determina el tipo de empleo que se consigue.

Cuando se habla de pobreza ligada a educación la pregunta central que está detrás de todas las discusiones es ¿Qué papel desempeña la educación frente a la pobreza?

Los estudios empíricos muestran que la importancia de la educación es definitiva, en el sentido de que la mayoría de las características de una población varía cuando varía la educación. Es decir, sabemos que la educación se relaciona con la pobreza de manera directa.

Lo que no sabemos de manera clara todavía es qué carácter tiene esa relación. ¿Es la causa? Es decir, ¿los pobres son pobres porque tienen poca educación? O si no: ¿es un efecto? ¿Porque son pobres tienen menos educación? El problema de la pobreza es demasiado complejo como para entenderlo a partir de lecturas simplificadas; y la relación entre cualquiera de las variables que componen su síndrome y el fenómeno total es de difícil discriminación.

Como pasa en muchos de los fenómenos sociales, parecería que la relación no fuera estrictamente lineal. En cierto momento uno causa al otro, y en otro, pasa a ser su efecto.

En la infancia, la pobreza es la causa de recibir menos y peor educación. Un niño pobre tiene menos probabilidades de tener acceso a una buena cantidad y calidad de educación que un niño de sectores medios o altos. Es decir, parecería que en el inicio del proceso de socialización los pobres reciben menos educación por serlo. Es decir, el sistema educativo  está  estructurado de  manera tal que da  menos educación a los más pobres.  Tanto menos cantidad como menos calidad de educación.

En la vida adulta, la relación se repite. La escasa educación es la causa de continuar en la pobreza. Un adulto poco educado, tiene menos posibilidades de acceso a los diferentes circuitos de distribución de bienes de la sociedad, que uno educado. Estos bienes son inmateriales (culturales, recreativos, actitudinales), pero también materiales (tipo de empleo, acceso a servicios de salud, etc.).

Por lo tanto, se constituye un círculo vicioso entre estos dos fenómenos, ya que por un lado la pobreza genera menos educación, y por el otro, tener menos educación impide salir de la pobreza.

Cómo romper este círculo es la pregunta del millón, aún no del todo contestada. Para acercar posibilidades a futuros participantes, se encaró este estudio que trata de indagar sobre las cuestiones que se consideran centrales en este problema. Este trabajo intenta describir empíricamente y poner números a fenómenos enunciados teóricamente desde hace tiempo y descritos parcialmente tanto en la Región como en nuestro país. Para ello se han elegido tres temáticas principales. En la Parte I se trata de mostrar qué magnitud y características tuvo la conocida expansión del sistema educativo, producida a partir del fin de la segunda guerra mundial. En ella se puede apreciar que, si bien hoy todos los pobres van a la escuela y tres cuartas partes de ellos terminan la primaria, no por esto se han levantado las barreras de la marginación.

Más bien hoy, cada mecanismo tradicional de marginación ha encontrado su sustituto; pero, además de ello, el sistema educativo ha montado estrategias especiales para seguir diferenciando: la expansión del jardín de infantes en lugar de democratizar, retiene; se culpa del fracaso escolar a las condiciones socioeconómicas de las familias o a los “problemas de aprendizaje” del chico; pero no se dan soluciones desde lo pedagógico; y se dan más facilidades a los que tienen más, en un círculo perverso que refuerza la pobreza en lugar de atenuarla. En la Parte II se trata de demostrar que, a pesar de la pérdida de calidad y de las características que se han señalado, esta escuela sirve a los más pobres. Ir o no ir a la escuela establece una primera diferencia básica: el acceso a la lectoescritura. Esto, en una sociedad letrada, es importante en la medida en que habilita para el acceso a una serie de informaciones y de facilidades que de otra manera son inaccesibles.

Por otro lado, terminar la escuela primaria, si bien implica vencer una serie de dificultades muy instaladas, también tiene resultados concretos. Los pobres que lo han logrado tienen mayores probabilidades que los que no lo han hecho de acceder a otros bienes económicos y culturales que la sociedad ofrece. En la Parte III, finalmente, se mira el problema no desde el sistema educativo, sino desde los protagonistas que nos interesan: los pobres. ¿Qué opinan los pobres sobre la escuela? ¿Con qué derechos se sienten frente a ella? ¿Cómo explican el fracaso masivo de sus chicos?

Estas cuestiones son importantes dado que los necesarios cambios no serán posibles si no se apoyan en transformaciones de las representaciones sociales sobre estos fenómenos. En la medida en que el discurso hegemónico vigente en nuestra sociedad desresponsabilice de los resultados de la educación al sistema educativo y siga considerando que la “culpa” de no aprender está en los chicos, es poco probable que se generen demandas que den lugar a algún cambio.

En resumen, tratamos de mostrar que la escuela hoy llega a todo el mundo en la  Argentina y que, aun cuando  indiscutiblem ente ha perdido calidad, ESTA escuela ha servido y sirve para los sectores más postergados.

Esto no quiere decir que no pensemos en la urgencia de cambios bien profundos, que son necesarios no sólo en relación con los pobres, sino también con los requerimientos de la sociedad. Sin embargo, creemos que esto no será posible si no se presentan alternativas que, además de encarar los aspectos técnicos del problema se ocupen de trabajar con las representaciones sobre la escuela y la educación vigentes en la sociedad.

La información que se analiza surge de la Encuesta sobre Condiciones de Vida que se llevó a cabo como parte de la Investigación sobre la Pobreza en Argentina (IPA), en el Instituto Nacional de Estadística y Censo (INDEC). Este relevamiento fue procesado en dos oportunidades. La primera de ellas para la elaboración del informe Investigación sobre la pobreza en la Argentina (IPA) - Area Educación, en el cual se trabajaron todos los aspectos salvo el referido en el Capítulo V. La muestra incluyó datos del Gran Buenos Aires, Posadas, Santiago del Estero, Neuquén y General Roca.

El segundo procesamiento se realizó en el marco del trabajo del Centro Interdisciplinario de Políticas Públicas de Argentina (CIPPA), oportunidad en la cual se reprocesó la información sólo para los 19 partidos del Gran Buenos Aires. En este segundo trabajo se realizaron los cruzamientos que permitieron elaborar el Capítulo V. Un detalle mayor de los aspectos técnicos del estudio se presenta en el anexo metodológico.

Inés Aguerrondo
Buenos Aires, Julio, 1992