INTRODUCCIÓN

Reúne este volumen diversos textos sobre las desigualdades en la educación, publicados por mí en diferentes fechas, de 1971 a 1993. Fue el Departamento de Asuntos Educativos de la Organización de los Estados Americanos (OEA) quien sugirió formar esta antología, argumentando que la mayor parte de estos escritos no eran fácilmente accesibles y que podrían ser útiles para el estudio de este tema en centros de investigación, universidades y escuelas normales. Agradezco al Departamento de Asuntos Educativos su interés y el generoso gesto de publicarlos.

El tema de las desigualdades educativas desafortunadamente no pasa de moda en los países de Latinoamérica y del Caribe; de su persistencia dan testimonio, de alguna manera, estos escritos que se extienden a lo largo de más de 20 años. Las injusticias estructurales que han afectado a nuestros países desde la época colonial persisten a través de los siglos sin que las alteren en lo sustancial las acciones de los gobiernos de todo signo, que se suceden en el tiempo, ni la variedad de teorías y estrategias del desarrollo que han propuesto los investigadores. Las inequidades de la educación son parte —causa y efecto a la vez— de esta tragedia social más amplia. Las injusticias de las sociedades latinoamericanas no son un destino fatal, sus causas —políticas, económicas y culturales— podrían superarse en relativamente poco tiempo si se conjuntaran acciones políticas decididas, reclamos populares organizados y procesos sociales —como el de la educación— impulsados con energía. Nunca la justicia ha sido un don, sino una conquista. La desgracia de este subcontinente es que se han conjugado condiciones externas de obligada dependencia con configuraciones internas de poderes e intereses para mantener vigentes modelos de explotación y producción que conllevan inherentemente la desigual distribución de los beneficios. Los hechos, a lo largo de las décadas, patentizan la ineficacia de los esfuerzos por disminuir sustancialmente las desigualdades; en los últimos años, inclusive, comprueban su incremento; ellos permiten calificar de “máscaras de la justicia” las soluciones hasta ahora intentadas.

La educación es actor sobresaliente en el escenario de las desigualdades. Aparece como esperanza: mecanismo de movilidad social, nivelador de ingresos, motor de desarrollo. Aparece como víctima: variable dependiente de la desigualdad socioeconómica, corolario necesario de las demás pobrezas, servicio de pésimas calidades para las poblaciones más desprotegidas. Es también, en el discurso de otros, actor villano, principal culpable de la irresponsabilidad que acompaña a la ignorancia. A veces entra en escena como acompañante nefasto de maleficios —variable interviniente— y otras como cómplice de perversidades intencionales —aparato ideológico del estado— cumple funciones de encubrimiento de fraudes sociales legitimando los fracasos de los que “no la hicieron”; y es la gran “reproductora” de estratificaciones y opresiones. Aliada de las elites, mantiene su lenguaje y la hegemonía de su cultura; da credenciales inútiles y causa devaluaciones del saber. Las teorías socioeducativas han explicado los múltiples papeles de este versátil factor, en el drama sin fin de las desigualdades. Más allá de las teorías, la aguda pirámide de la distribución educativa es acusación permanente de la incapacidad de las sociedades latinoamericanas para establecer la convivencia en el respeto al derecho de todos.

Los textos seleccionados enfocan reflectores diversos sobre el fenómeno de la desigualdad educativa. Unos son diagnósticos, sea de mi propio país o de la Región; otros son comprobaciones de su persistencia; otros más, ensayos sobre su naturaleza, o explicación de los indicadores que lo miden, o intentos por comprender sus causas. Hay también, finalmente, escritos que plantean en términos filosóficos el problema de la justicia educativa, y a partir de allí aventuran propuestas más congruentes de política. Los textos aparecieron, en su momento, en revistas mexicanas o internacionales, algunos en libros o memorias de congresos y también en publicaciones periodísticas, según su género, propósito y oportunidad. No obstante la heterogeneidad de su forma, los une el tema y un enfoque conceptual común que facilitará su uso.

Para esta edición he añadido a cada texto, en forma de nota introductoria, un breve resumen que orientará a los lectores. Cuando cito o reseño trabajos de otros autores he consignado también las referencias completas.

Ojalá que estas páginas aviven el interés de investigadores, estudiantes y políticos por prestar a las desigualdades educativas latinoamericanas la atención que se merecen. Será una manera de luchar por la justicia.

P.S. Un día, después de haber enviado este libro a los editores, estalló la rebelión armada de los indígenas de Chiapas, el estado mexicano que acusa los mayores rezagos del país en todos los rubros del bienestar social, muy especialmente en el de la educación. Este conflicto ha sido una enérgica llamada de atención —a la que ha respondido en forma abrumadora la sociedad civil— sobre las injusticias que provocan las actuales políticas de desarrollo.

Aunque en estos días la situación es confusa y nadie puede predecir el futuro, hay motivos para esperar que estos hechos dolorosos contribuyan no sólo a atender las carencias de las comunidades marginadas de Chiapas, sino a rectificar los rumbos y pautas de la “modernización” que se ha pretendido implantar en México. En Chiapas se han caído “las máscaras de la justicia” que tranquilizaban algunas buenas conciencias; ojalá que tengamos el valor de enfrentar la realidad.

 

15 de enero de 1994