PRÓLOGO El título de este libro podría, en un primer nivel de reflexión, parecer a un lector desprevenido como lejano o desvinculado de la realidad universitaria latinoamericana. Podría conjeturarse, tal vez, que el asunto debería requerir de un análisis empírico, factual y no una vuelta a la pura especulación teórica. Más aún, podría pensarse que hubiera sido de mayor interés preparar otro libro que se sumase a los cientos de miles existentes, que ilustrase el trabajo con datos estadísticos, minuciosas descripciones fenomenológicas, interminables relaciones de causa-efecto, que podría haber ofrecido una respuesta convincente para problemas como los del rendimiento, la calidad de la educación, el mejoramiento de la administración, la equidad educativa, por citar sólo algunos ejemplos. Frente a esos problemas ¿es posible esperar algún tipo de respuesta de tres clásicos como Newman, Jaspers y Ortega y Gasset, todos ellos europeos, revitalizando así un pensamiento crítico y de aguda prospectiva, capaz de resolver no sólo instancias actuales sino también futuras? No es ni aquí ni ahora cuando el lector debe esperar una respuesta a esta pregunta, sino que la encontrará a lo largo del trabajo que Mónica G. Luque desarrolla, a través de un discurso lógico, profundo y de un nivel académico poco frecuente en la literatura sobre el tema. En las últimas décadas, la Universidad se ha destacado por la cantidad siempre creciente de su población y de su oferta. Las universidades están hoy abiertas para todos y ofrecen nuevas salidas profesionales. Han extendido además su servicio social a través de modalidades diversas de actividades de extensión universitaria frente a las demandas de medios sociopolíticos y culturales dinámicos y cambiantes. Se han incluido carreras que en otras épocas eran dictadas por otras instituciones educativas y persiste la preocupación porque sus egresados se inserten productivamente y con creatividad como actores y artífices del nuevo orden social que la sociedad del futuro exige al borde del siglo XXI. Este increíble ascenso en lo cuantitativo, visto no sólo en los países más industrializados, muestra una contrapartida en lo que respecta a la calidad de la cultura universitaria. Agudos críticos sostienen hoy, que es claramente observable la declinación de la universidad y aún arriesgan la opinión de una próxima muerte de esta primera escuela en el ámbito occidental. Una muerte por extinción, o sea una muerte por pérdida o, mejor dicho, por dispersión de su identidad. La universidad siempre estuvo alejada de lo que se concibió como escuela y más tarde como sistema educativo. Nunca a lo largo de su historia la universidad se dedicó al mero proceso de enseñanza-aprendizaje, sino que se centró siempre en un aprender a través de la investigación. En tanto la escuela ofrecía respuestas de orden práctico, preestablecidas, enlatadas por estar ya hechas, la universidad provocaba un pensamiento dinámico, creativo, nunca preparado o prefabricado sino siempre fresco, listo para ser recreado nuevamente. Hoy, frente a la epistemología de la ciencia, transferir la universidad al ámbito de la escuela sistematizarla dentro del sistema educativo sería un anacronismo insuperable por el grado de tontería alcanzado. El trabajo de Mónica G. Luque nos convoca, de manera apasionante, a la dilucidación de un problema al que se ha aproximado de manera teórica reelaborando un pensamiento claro sobre la universidad y nos demuestra que, necesariamente, hay que tener la idea sobre la cual edificar posteriormente soluciones reales. Sin ideas no hay progreso posible: el mero análisis descriptivo o factual, por rico que sea, no es capaz de ofrecer criterios innovativos y en consecuencia, tampoco respuestas profundas y efectivas. Las ideas y análisis presentados en este volumen corresponden a la tesis doctoral que presentara Mónica G. Luque como requisito final del Curso Multinacional de Postgrado: Doctorado en Educación que ofrece la Universidad Católica de Córdoba, Argentina, bajo los auspicios del Programa Regional de Desarrollo Educativo de la OEA y del que participan un elevado número de becarios de la región. Esa tesis que fui invitado a dirigir fue la primera que se presentó y su originalidad radica en presentar un punto de vista estrictamente pedagógico, sin perderse ni ahogarse en la inmensidad del mar de las ciencias sociales o campos afines. Se apoya en un concepto de pedagogía que no es ideológico ni ideologizante, no es operacional ni funcionalista, sino que es auténticamente pedagógico cuando su eje se encuentra en la reflexión profunda y crítica en su triple dimensión antropológica, teleológica y metodológica. Quiero destacar que me he sentido profundamente complacido por haber podido acompañar en la proyección de su pensamiento a su autora. Hago sinceros votos para que este libro contribuya a consolidar la reflexión teórica e intercambio de información en América Latina y el Caribe.
Winfried Böhm |