CAPÍTULO III POLÍTICAS PARA PROMOVER Límites de la vinculación de la educación con los sectores productivos Antecedentes teóricos Desde los primeros años de la década de los sesenta al mismo tiempo que se difundía entre los países en vías de desarrollo la necesidad de planear las inversiones educativas de tal manera que éstas contribuyeran al desarrollo económico y social de las naciones se manifestó la necesidad de procurar la mayor convergencia posible entre los flujos de egreso del sistema escolar, y los requerimientos del aparato productivo. El logro de este propósito parecía estar al alcance de los planificadores de la educación. Por esta razón se desarrollaron, durante esos años, las primeras metodologías encaminadas a generar la información necesaria para orientar el crecimiento y diversificación del sistema escolar, hacia la formación de los recursos humanos que contribuyeran a obtener los niveles de productividad que se esperaban en cada rama del sistema económico. Esas metodologías se apoyaron en la teoría de la funcionalidad técnica de la educación, la cual señala la posibilidad de armonizar la oferta y la demanda correspondientes a los distintos tipos de recursos humanos. Esa posibilidad radica en las relaciones que existen entre la escolaridad de los trabajadores, las ocupaciones desempeñadas por éstos, y sus respectivos niveles de productividad. De este planteamiento se desprendió la conclusión de que, a través de una adecuada vinculación de la educación superior con el aparato productivo (que evite las disparidades entre la composición cuantitativa y cualitativa de los flujos de egresados del sistema educativo, y la estructura ocupacional de la demanda de recursos humanos), se podrían alcanzar, simultáneamente, dos objetivos. Por un lado, sería posible evitar la eventual aparición de déficits de oferta de recursos humanos (o cuellos de botella) que pudieran entorpecer el crecimiento económico. Por otro lado, también podría evitarse el subempleo y desempleo de los egresados de la educación superior. A partir de esa teoría, Herbert S. Parnes desarrolló, a solicitud de la Organization for Economic Cooperation and Development (OECD), la metodología de planeación conocida con el nombre de enfoque de la mano de obra (Manpower Approach). Al hacerlo, el autor recurrió a una matriz de insumo-producto similar a la que se utiliza en los análisis macroeconómicos; ya que la teoría arriba mencionada interpreta la expansión y diferenciación de las matrículas escolares como derivaciones de las necesidades educativas que deben ser satisfechas para lograr un adecuado desempeño de las diversas ocupaciones existentes en el sistema productivo. Así pues, Parnes pensaba que quienes tienen a su cargo la planeación educativa pueden relacionar las cantidades de individuos que, según los planes de desarrollo económico, desempeñarán en determinada fecha cada una de las ocupaciones existentes en el sistema productivo, con los perfiles educativos requeridos para el adecuado desempeño de las mismas. De ese modo, sería posible diseñar las políticas necesarias para lograr el deseado equilibrio entre el egreso escolar y los requerimientos de los mercados de trabajo. Aunque, en principio, los perfiles educativos de la mano de obra deberían ser expresados en forma desagregada para distinguir sus respectivos componentes (cognoscitivos, afectivos y psicomotrices), resultaba más fácil utilizar los niveles y tipos de escolaridad correspondientes, a las diversas ocupaciones consideradas. Parnes proponía proceder de este modo para lograr una mayor correspondencia entre los flujos de estudiantes que irían egresando de los diversos niveles del sistema escolar, y las características educativas de la fuerza de trabajo que, paulatinamente, se incorporaría al sistema productivo. Resultados obtenidos al
aplicar el enfoque de la mano de obra, Después de que la metodología de Parnes fue aplicada en varios países, fue posible evaluar la eficacia de la misma. En términos generales, se observó que la matriz de insumo-producto propuesta por dicho autor, sobreestimaba frecuentemente la demanda de recursos humanos. Por tanto, las proyecciones de las necesidades que, de acuerdo con dicha matriz, habría que satisfacer a través del crecimiento y la diversificación del sistema educativo, resultaron muchas veces superiores, en términos netos, a las cantidades de egresados que efectivamente podían ser absorbidos por el sistema productivo.1 Además de esta sobreestimación global de la demanda, las proyecciones desagregadas de profesionales (en determinados campos) que se obtienen a través del método de Parnes no se traducen, en la mayoría de los casos, en demandas efectivas al interior de los sistemas escolares. Esto se debe a que tales estimaciones no reflejan fielmente las preferencias reales de los estudiantes. Detrás de estos resultados se encuentran, obviamente, diversas limitaciones del enfoque comentado. Algunas de éstas son inherentes a la teoría de la funcionalidad técnica de la educación. Otras se relacionan con la metodología desarrollada con la finalidad de aplicar dicha teoría. Se recordará que, según el modelo de Parnes, los niveles de productividad obtenidos globalmente en el sistema productivo son atribuibles a los cambios observados en la estructura ocupacional de la fuerza de trabajo. Sin embargo, una evaluación global llevada a cabo en relación con las experiencias obtenidas al aplicar este modelo, demostró que la teoría analizada sólo podía explicar un 50 por ciento de la variancia de su variable dependiente. De ello se desprende que el modelo de Parnes excluye otras variables independientes capaces de explicar los niveles de productividad generados en el sistema productivo tan importantes, como aquella que el propio modelo propone como tal. Un segundo problema, consiste en que el modelo de Parnes supone la existencia de relaciones estables entre los diversos niveles ocupacionales y los niveles educativos requeridos para desempeñar las ocupaciones correspondientes a los mismos. En otras palabras, supone que la elasticidad de sustitución entre los diversos niveles escolares, dentro de cada una de las categorías ocupacionales existentes en el sistema productivo, tiende a ser igual a cero. Este supuesto implica, entre otras cosas, que las tecnologías de producción sean homogéneas, lo que rara vez ocurre, en virtud de la rapidez con la que normalmente se difunden los cambios tecnológicos. Un tercer problema se relaciona con los procedimientos sugeridos por Parnes para la aplicación de su modelo, y se deriva de las dificultades que aparecen al tratar de determinar las equivalencias entre las estructuras ocupacionales, por un lado, y, por el otro, los niveles educativos correspondientes a los diversos niveles de puestos asociados con las mismas. El autor propone varias estrategias para resolver este problema que no consideramos necesario discutir aquí. Sin embargo, ninguna de ellas está apoyada en argumentos teóricos de suficiente validez. Explicaciones de la ineficacia del enfoque de la mano de obra A. Explicación funcional Una primera explicación de la ineficacia de este enfoque se encuentra en las aportaciones hechas por la teoría del capital humano al análisis del comportamiento de la demanda educativa. Como es sabido, esta teoría se desprende del paradigma de la dinámica de los precios de mercado; el cual, a su vez, fue desarrollado con el fin de explicar dos fenómenos complementarios. El primero de estos fenómenos se refiere al comportamiento de los precios, en función de las variaciones en la oferta y la demanda de un bien determinado. El segundo, se relaciona con el hecho de que las variaciones en los precios, resultantes del comportamiento de la oferta y la demanda, son expresiones de la tendencia existente en la economía, hacia el equilibrio entre las tasas de rendimiento de las inversiones (a través de la transferencia de aquellas que obtienen bajos rendimientos hacia otras actividades más productivas). Por tanto, según este planteamiento, el comportamiento de la demanda educativa es explicado como una consecuencia de las diferencias existentes entre los salarios de los individuos que cursaron diversos niveles de escolaridad, las cuales reflejan los incrementos en la productividad que se asocian con los respectivos niveles de educación formal. En igualdad de condiciones, dichas diferencias están determinadas, también, por los diversos grados en que se encuentran satisfechas las demandas existentes en los mercados de trabajo para los egresados de cada nivel educativo, ya que los niveles en que se va satisfaciendo la demanda varían en forma inversamente proporcional con la productividad marginal de los trabajadores que han adquirido diferentes niveles de educación formal. Ahora bien, de acuerdo con esta teoría, si bien es cierto que las tasas de rendimiento económico de las inversiones educativas están positivamente relacionadas con los salarios, también lo es que ellas se relacionan inversamente con los niveles de los costos asociados con la adquisición de la escolaridad obtenida por los individuos que se insertan en cada ocupación. Como es sabido, entre los
componentes de los costos de la educación se encuentran los ingresos no percibidos por
los sujetos durante el tiempo dedicado a la obtención de la escolaridad con la que se
incorporan a los mercados de trabajo. Estos ingresos no percibidos o costos de oportunidad
que, por cierto, son muy importantes en México porque los co¾ `uè!JFÐP¦|i(Ùlá¿pamrañàÔÊ598º_F{=ôgU%\ñË24:RiÀ¼®Ä¡15%PÉXĽx}cië`1òßo &127;MÁàâ6¦"1J[E1±qkasªUî-H¢Tsa3ïÄÀ¼p2»gOEEx¸Ê*ÙUt á¢Ú+I2Hs4éïÃ&p3ÅJGtÒa»(cáqI¢Î0.9DnÆÿàÅ»kp>MËG§zÒr&127;f¤`1^çh/&127;QÕÁäáw¬"pJÛ_pÙÒÊ*Ùz`å×4[ïDs5:®ÏÍú5#¡1DÈÛ1±{kow¤¤shn äûÒÎ#1qëÜ5pômkêd\VãÜ-3>M¥°®è$?%QÍX»{xo|\åUi#I¢Ót22@Ó°Þ8ºg?QÇ}µqÆ*ihíÐb_ñy(9cÃÆüp&½"
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viabilidad de las políticas de modernización Una revisión somera de los programas elaborados para instrumentar el modelo de desarrollo elegido por el gobierno federal, permite afirmar lo siguiente: El Programa de Modernización Educativa (PME) ratifica la vigencia del Programa Integral para el Desarrollo de la Educación Superior (PROIDES). Por esta razón, aquél se abstiene de establecer metas para el sexenio, y de definir las medidas específicas que permitan alcanzar los objetivos generales que el mismo documento propone. Con referencia al papel que las IES deben desempeñar en el desarrollo del país, el PME sólo menciona en términos muy generales que las IES deberán contribuir a satisfacer las necesidades del sector productivo (considerando, entre otras cosas, las dimensiones regionales de las mismas). Sin embargo, el Programa no especifica las ramas de ese sector que deberán recibir una atención prioritaria; por lo que no establece, por ejemplo, los criterios que deberán orientar las políticas de formación de recursos humanos de alto nivel. En contraste con lo anterior, el Programa de Modernización Industrial (PMI) define, explícitamente, un conjunto de políticas que conceden al sector exportador de la economía la mayor importancia estratégica. Ello indica claramente la urgencia de compensar, mediante la participación de los productores nacionales en el comercio exterior, la pérdida de divisas que inevitablemente originará la apertura comercial del país dado los escasos niveles de competitividad que en términos generales tiene, en la actualidad, la industria nacional. Así pues, en los hechos, este Programa atribuye muy poca importancia a las pequeñas y medianas empresas de capital nacional, ya que éstas han carecido hasta ahora de las tecnologías y de los demás factores que son indispensables, tanto para competir favorablemente en el mercado exterior, como para resistir (con algún éxito) la competencia de las empresas transnacionales en nuestro mercado interno. No cabe duda de que estas políticas comerciales y de modernización industrial eran necesarias para recuperar la pérdida de productividad que sufrió nuestra economía depués de los años sesenta. Con mucha insistencia se señaló, al respecto, que nuestras industrias no eran infantiles, sino enanas; pues no demostraron estar experimentando el proceso de crecimiento y de desarrollo que, paulatinamente, las hubiera colocado en condiciones de competir ventajosamente en los mercados internacionales. Sin embargo, las políticas mencionadas no fueron instrumentadas al ritmo y conforme a la estrategia que hubiera sido necesario, para ir abriendo los mercados en las ramas mejor preparadas para resistir la competencia del exterior, y para poder instrumentar, al mismo tiempo, diversas medidas para impulsar el desarrollo tecnológico de las empresas involucradas en otras ramas del sistema productivo. Independientemente de la viabilidad que pudo haber tenido alguna estrategia de apertura menos audaz que la elegida por el régimen, parece haber un consenso entre diversos analistas de la economía alrededor de que la estrategia adoptada va a incrementar nuestra dependencia con respecto a diversos insumos, productos de consumo y bienes de capital que ya se fabricaban en el país (aunque con menor eficiencia que en el exterior). Correlativamente se expandirán, con mayor rapidez que en el pasado, las actividades de ensamble que permiten incorporar en el país, a ciertos productos temporalmente importados al mismo, escasos volúmenes de valor agregado. Además de su escasa contribución al producto nacional, esas actividades están dominadas por empresas de capital extranjero. También se expandirán, por supuesto, otras actividades en las que el país puede tener ventajas comparativas con el exterior, entre las que probablemente se encuentre el turismo de alta capacidad de consumo. Éstas, sin embargo, también son impulsadas por empresas transnacionales; y están organizadas de tal manera que no permiten que el país reciba proporciones considerables del valor agregado que ellas generan. Evidentemente, las actividades que resentirán con mayor fuerza los efectos negativos de esta estrategia, son aquéllas que se han caracterizado por utilizar tecnologías intensivas de mano de obra. Entre éstas ocupan un lugar especialmente importante, como es sabido, las que corresponden a los llamados sectores informales del sistema productivo. Cursos de acción necesarios Cambios requeridos en la formación de profesionales Las consideraciones hechas hasta ahora exigen que las IES revisen y transformen diversos aspectos relacionados con el desempeño de las funciones que la sociedad les ha asignado. En los siguientes apartados de este capítulo se enuncian algunas de las transformaciones requeridas en cada una de esas funciones. La función de docencia impartida en las licenciaturas requiere importantes transformaciones que deben abarcar, desde la conceptuación de los perfiles profesionales, hasta las formas concretas en que los egresados habrán de incorporarse al sistema productivo. Tales transformaciones incluyen, por tanto, los diseños y enfoques curriculares, los métodos de enseñanza-aprendizaje, los materiales didácticos y, sobre todo, las relaciones entre las IES y los entornos sociales en que las instituciones están ubicadas. Esto a su vez incluye, entre otras cosas, la forma en que han de vincularse los aprendizajes teóricos con la práctica y el servicio. Flexibilidad en los perfiles profesionales Es evidente que las IES deben preocuparse por formar profesionales aptos para incorporarse a las actividades tecnológicamente rezagadas del sistema productivo. Sólo de este modo será posible detener la concentración excesiva de oferta de trabajo profesional en las actividades productivas que cada vez están siendo menos capaces de absorber a los egresados de dichas instituciones, y promover el desarrollo de actividades que contribuyan a equilibrar la balanza comercial. Sin embargo, como ya se hizo notar, sólo existirá una demanda social suficiente para las carreras que se diseñen con este propósito cuando, a través de las políticas de desarrollo económico, se promueva la creación de oportunidades de trabajo adecuadamente remuneradas en los sectores mencionados. Con todo, aun en el lapso durante el cual la creación de estas oportunidades ocupacionales va madurando, las IES pueden contribuir a crear la demanda educativa necesaria para el desempeño profesional en los sectores mencionados, a través de estrategias educativas encaminadas a desarrollar las habilidades y competencias fundamentales que son necesarias en los distintos campos ocupacionales. Ello implica abandonar tanto la prematura especialización como la estrechez del campo ocupacional inherente a la misma. Esto con el fin de asegurar que los aprendizajes sean relevantes para la solución de problemas que han permanecido desatendidos en los currícula de formación profesional hasta ahora predominantes, como son los problemas de diseño, producción y comercialización de productos en los sectores atrasados del sistema productivo. Por otra parte, es necesario recordar que cualquier modificación sustancial de los currículos que se intente con la finalidad de que éstos se orienten hacia nuevos modelos de ejercicio profesional conceptuados a partir de las necesidades de los sectores del sistema productivo hasta ahora desatendidos y orientados, por tanto, al desarrollo de competencias básicas, exige, a su vez, resolver múltiples problemas. Entre ellos se encuentran los de orden sociológico, politológico, económico, cultural, psicosocial, psicopedagógico, matético, didáctico y tecnológico, para ilustrar la complejidad de los factores que intervendrían en este proceso.2 Es, pues, muy difícil responder a este reto; pero el enfrentarlo o soslayarlo puede involucrar consecuencias de tal magnitud que por ningún motivo podemos ignorar. Contenidos curriculares necesarios para la modernización3 Ya ha quedado establecido que la economía tenderá a sustituir el trabajo mecánico y rutinario por medio de la automatización. Este proceso deberá extenderse, a diversos ritmos, hacia todos los sectores del aparato productivo. Por otro lado, la economía demandará, con creciente intensidad, conocimientos profundos de los procesos físicos, químicos y biológicos que subyacen en la producción. Por supuesto, para generalizar el cambio tecnológico, el aparato productivo requerirá una alta capacidad para generar e introducir innovaciones, así como un aprendizaje continuo acerca de los materiales y procesos de la producción. Además, exigirá que los profesionales sean capaces de generar respuestas que no podrían ser estructuradas a partir de repertorios finitos de rutinas; ya que siempre podrán aparecer factores no previstos. Por tanto, será indispensable la capacidad de elaborar y someter a prueba varias hipótesis diagnósticas y la invención repentina de diversas estrategias correctivas. Por lo anterior, la educación superior del futuro deberá promover el desarrollo de la creatividad y el talento. Para esto, los procesos educativos deberán orientarse hacia el desarrollo de las capacidades de análisis y síntesis, por lo que contrastarán fuertemente con los de la educación tradicional. Los conocimientos no se adquirirán en forma aislada, sino integrados en un todo; por lo que los currículos revalorarán los procesos cogsnoscitivos de los alumnos. Ahora bien, para desarrollar la creatividad, los currículos deberán reestructurar las disciplinas a partir del propio desarrollo de cada campo del conocimiento y de los problemas enfrentados a través de la evolución de la propia disciplina, especialmente de aquellos que significaron cambios cualitativos de mayor interés. Parecería, pues, que en la medida en que, tanto la enseñanza de las ciencias como el entrenamiento para el ejercicio de las profesiones, se basen en la metodología pedagógica que integre la investigación con la docencia (a través de la prestación de servicios a la comunidad, encaminados a resolver los problemas específicos e inmediatos que la afecten), será posible que la educación alcance los estándares que le exigen las actuales circunstancias del país. Investigación para el
desarrollo e innovaciones tecnológicas, De los comentarios hechos en capítulos anteriores se desprende, claramente, la necesidad de modificar las políticas que han seguido las IES en relación con la investigación científica y el desarrollo tecnológico, así como en lo relacionado con sus políticas de ofrecimiento de servicios al sector productivo. A. Orientación de las investigaciones En primer lugar, se ha señalado aquí la necesidad de que los temas orientadores de las investigaciones surjan del análisis de las necesidades específicas del país, en lugar de responder a inquietudes de investigadores extranjeros. Lo anterior se apoya en el reconocimiento de que, si bien es cierto que el conocimiento científico es universal (y por ello no puede ser distinto en los diversos países en que se genera), también es cierto que los tipos específicos de conocimientos buscados por los investigadores sí responden a intereses que pueden ser distintos, según sean los valores de los sujetos que trabajan en la construcción de los mismos. Esto no significa que consideremos deseable el que todas las investigaciones tengan un carácter inmediatamente aplicado. Si así fuera, existiría el peligro de no avanzar en la construcción de conocimientos fundamentales. Sin embargo, parece conveniente que las investigaciones puras (o más alejadas de sus posibilidades de aplicación) surjan de la necesidad de aportar explicaciones a fenómenos que afecten, de manera especial, a los sectores económicamente débiles de países como el nuestro, en lugar de responder a inquietudes de investigadores de otras latitudes. No dudadamos que algunos investigadores responderían a este planteamiento que, si nos desconectamos de las investigaciones de frontera que se llevan a cabo en los países más desarrollados, condenaríamos al país a un mayor atraso científico del que actualmente padece. A esta observación se puede responder, sin embargo, que no todas las investigaciones de frontera tienen que ser realizadas en esos países; pues existe un amplio margen en las posibilidades de desarrollo de las diversas disciplinas (tanto en las correspondientes a las ciencias naturales, como a las humanidades y las ciencias sociales), que no ha sido atendido por investigadores de ninguna parte del mundo. Esto se refiere a los avances científicos que son indispensables, no precisamente para resolver problemas, sino para explicar el funcionamiento de los sistemas sociales y ecológicos de los países subdesarrollados, así como para aportar explicaciones a múltiples procesos relacionados con la salud humana que no se presentan, al menos con la misma incidencia, en países industrializados. Por supuesto, estas observaciones son todavía más pertinentes en lo que se refiere a las investigaciones aplicadas, así como a las encaminadas hacia el desarrollo tecnológico. B. Relaciones entre la investigación y el sistema productivo Ya hemos señalado la necesidad de crear vínculos orgánicos entre las instituciones y centros de investigación, por un lado, y las unidades productivas, por el otro. Estos vínculos deben desempeñar funciones muy semejantes a las que tiene a su cargo el Centro para la Investigación Tecnológica de la Universidad Nacional Autónoma (UNAM). Sin embargo, consideramos necesario recordar que la capacidad para identificar necesidades tecnológicas, así como la posibilidad de articular demandas específicas de apoyo para la solución de las mismas, están directamente correlacionadas con el tamaño y el poder económico de las empresas. En otras palabras, la simple inercia del mercado impide que las IES y centros de investigación puedan siquiera dedicar atención a las empresas más pequeñas, si aquellas instituciones no adoptan un conjunto de medidas encaminadas a contrarrestar esta inercia. Así pues, es necesario que las IES y centros de investigación diseñen estrategias específicamente encaminadas a contrarrestar estas inercias. Si lo hacen, ellas estarán en condiciones de contribuir a la modernización y organización más eficaz de los sectores rezagados del aparato productivo. Esto implica, como lo dijimos en otros capítulos de este trabajo, adaptar y difundir tecnologías que, a través del aprovechamiento de condiciones adecuadas, permitan elevar la competitividad internacional de dichos sectores. En otras palabras, las instituciones educativas y de investigación podrán detectar las posibilidades de exportar valor agregado generado por empresas de menor tamaño, y/o de obtener nuevos materiales y productos intermedios así como bienes de consumo y de capital en el sector integrado por dichas empresas. C. Ofrecimiento de servicios al sector productivo Las sugerencias hechas en el inciso anterior también son aplicables a los servicios que ofrezcan las IES y centros de investigación a las unidades productivas. Desde luego, estas instituciones pueden desempeñar papeles significativos en la solución de problemas técnicos de las unidades productivas. Sin embargo, los destinatarios y la naturaleza de estos servicios también están condicionados por las inercias arriba mencionadas. Así pues, es necesario un genuino interés de estas instituciones en resolver problemas de los sectores económicamente débiles; ya que, en ausencia del mismo, dichos servicios serán canalizados preferentemente a quienes ya dispongan de recursos para obtenerlos en forma comercial en otras instituciones. Conviene recordar, además, que al referirnos a los métodos de enseñanza-aprendizaje que nos parecen pertinentes, hicimos notar la conveniencia de integrar la enseñanza con procesos de investigación encaminados a resolver problemas específicos de estos sectores. De esto se desprende que la vinculación a que aquí nos referimos, no debería circunscribirse a los centros e institutos de investigación de las IES, sino que debería producirse, prácticamente, en la totalidad de las dependencias de dichas instituciones. Ahora bien, como esta propuesta no es nueva en nuestro medio puesto que ha sido ensayada con resultados desiguales en diversos espacios académicos es necesario recuperar las experiencias obtenidas, analizarlas objetivamente y diseñar, a partir del análisis, estrategias adecuadas para avanzar en la dirección deseada. Los conocimientos que tenemos en términos generales acerca de las mismas permiten afirmar que, en todo caso, será necesario diseñar programas que permitan avanzar gradualmente en ese sentido. Aunque esto constituya una verdad de Perogrullo, puede ser útil recordar que entre los peores enemigos de estos cambios se encuentra la improvisación (o la instrumentación de los mismos sin contar con los elementos epistemológicos, técnicos, humanos, sociales y políticos que son indispensables para procurar el éxito de las acciones realizadas). Medidas y acciones a corto y mediano plazos Obviamente, para avanzar en las líneas aquí sugeridas, será necesario ir tomando algunas medidas en diversas instancias, como son: las propias instituciones de educación superior, el gobierno federal y los gobiernos locales, así como las empresas y las cámaras industriales y comerciales. A. Comportamiento de la
demanda educativa, la demanda laboral Los análisis realizados a principios de este capítulo señalaron que, mientras no exista una demanda de recursos humanos de la magnitud suficiente como para absorber a los egresados del sistema educativo, el ritmo de crecimiento de la demanda por educación superior se seguirá ajustando al de la expansión de los niveles educativos precedentes; por lo que no estará determinado por la evolución que experimente la demanda de recursos humanos existente en los mercados de trabajo. Como será muy difícil contrarrestar esta tendencia mientras no se pueda acelerar en forma significativa la demanda laboral conviene instrumentar un conjunto de políticas macroeconómicas encaminadas a impulsar el desarrollo de los sectores tecnológicamente rezagados del sistema productivo. En capítulos anteriores de este libro se hicieron algunas sugerencias con respecto a la direccionalidad hacia la que se podrían orientar tales políticas. En síntesis, se propuso impulsar actividades productivas que permitan exportar valor agregado a través de la venta de insumos y de servicios a empresas nacionales que sean competitivas en los mercados internacionales, así como desarrollar actividades que permitan mejorar la competitivad de las empresas dedicadas a abastecer nuestro mercado interno. B. Desarrollo científico y tecnológico El impulso de las actividades arriba mencionadas exige, por supuesto, instrumentar una agresiva política de desarrollo científico y tecnológico. Señalamos, al respecto, la necesidad de que los temas de las investigaciones básicas surjan de la identificación de problemas específicos de nuestro país (o de los países subdesarrollados). Para esto es necesario diseñar programas nacionales de investigación que indiquen con claridad las necesidades que habrán de ser satisfechas a través del desarrollo científico del país. Además, hicimos notar la necesidad de que las IES y centros de investigación se relacionen muy de cerca con las empresas pertenecientes a los sectores nacionales de la economía, con el fin de que el desarrollo tecnológico y los servicios técnicos que dichas instituciones ofrezcan al sector productivo se orienten, precisamente, hacia las actividades que puedan fortalecer nuestra autonomía, a través de actividades encaminadas a desempeñar las dos funciones que señalamos en el inciso anterior. Esto también exige instrumentar programas específicamente orientados hacia los objetivos propuestos; ya que, en ausencia de los mismos, las IES quedarán sujetas a diversas inercias que les impedirán avanzar en la dirección deseable. C. Planeación de la educación superior Tomando en cuenta las limitaciones de las metodologías tradicionales de planeación, así como las condiciones en que se encuentran las relaciones entre oferta y demanda laborales, consideramos conveniente sugerir una estrategia iteractiva de planeación, como la que hemos descrito en otra parte.4 Esto tiene por objeto evitar que las IES traten inútilmente de responder en forma mecánica a necesidades percibidas en los mercados de trabajo, así como contrarrestar las tendencias hacia la creciente saturación de determinados campos profesionales. Es obvio, sin embargo, que este enfoque exige instrumentar un conjunto de programas de desarrollo regional, que permitan identificar con precisión las necesidades locales de recursos humanos y las posibilidades de desarrollarlos-y- en las diversas instituciones que integren el sistema educativo de las correspondientes regiones. Asimismo, las IES deberán rediseñar los currículos, con el fin de lograr que las carreras profesionales se orienten hacia los objetivos aquí sugeridos, entre los que conviene destacar el desarrollo de competencias básicas y, por ende, polivalentes, en lugar de procurar el desarrollo prematuro de habilidades específicas. D. Desarrollo del personal académico Los retos planteados en este trabajo son, obviamente, instrumentar un conjunto de programas encaminados a preparar, reclutar y/o asignar al personal académico indispensable para modernizar y administrar la educación superior en el sentido aquí propuesto, así como para promover y desarrollar los vínculos entre las IES y el sector productivo que sugerimos en este ensayo. En la medida que las IES dispongan de recursos humanos adecuadamente preparados, será posible ir desarrollando otros recursos necesarios para instrumentar las acciones que aquí fueron planteadas (como son los diversos apoyos indispensables para lograr los objetivos sugeridos en este trabajo). Conviene revisar, al respecto, la conveniencia de instrumentar programas nacionales de formación de personal académico, como los que administró la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) durante la década de los setenta. E. Relaciones con la educación pre-universitaria Asimismo, las IES deberán desarrollar un conjunto de programas dirigidos a la educación media superior, con la finalidad de lograr que los estudiantes que ingresen a las IES lo hagan con la preparación y madurez académica requeridas. Es deseable que tales medidas tengan un carácter compensatorio o nivelador, y no impliquen la aplicación de criterios que incrementen los niveles de selección del alumnado; pues, como es sabido, es imposible separar la selección académica de la selectividad socio-económica.
NOTAS 1. Un ejemplo de los resultados obtenidos al utilizar el método comentado puede apreciarse en una de las primeras investigaciones realizadas en el Centro de Estudios Educativos. Cf. Pablo Latapí, Carlos Muñoz I. y Manuel I. Ulloa, La Educación y el Desarrollo Económico (México: CEE, 1964). 2. Ver al respecto los problemas señalados en el capítulo anterior de este libro. 3. Las afirmaciones que aquí se hacen en relación con la educación y la producción de la era postindustrial, se sustentan en la tesis elaborada por Luis Felipe Abreu, Maestría en Educación Superior, Universidad Nacional Autónoma de México, (México: 1989). 4. Cf. Carlos Muñoz Izquierdo, Aplicación de la teoría económica a la planeación de la educación superior, Revista de la Educación Superior XV.1 (1987): 61. |