CONTEXTO
SOCIO-CULTURAL
DE LA ALFABETIZACIÓN
DIMENSIONES SOCIALES
Y EDUCACIONALES
DE LA ALFABETIZACIÓN
Alan Farstrup*
Estamos aquí reunidos, en este
Tercer Congreso Latinoamericano de Lectoescritura, para abordar algunos conceptos
relativos a la alfabetización y también a la importancia de su dimensión humana, es
decir, cómo el alfabetismo moldea al individuo y de qué forma la sociedad se adapta a
él.
Un tema importante, para mí,
es la investigación, que nos permite mejorar el proceso de la alfabetización.
Alfabetización y conciencia
social
Una de las figuras más
interesantes en el campo de la enseñanza y de la psicología humana fue el académico
ruso Lev Semionovich Vigotsky, quien vivió y escribió durante un tiempo sumamente
tumultuoso, en la entonces Unión Soviética de la década de los 20. Su perspectiva
respecto del aprendizaje y de la alfabetización ha tenido una influencia importante en
nuestro pensamiento actual.
Vigotsky pensaba que una de las
características fundamentales de la conciencia humana es la mediación. Este concepto,
mediación, significa que, mientras los animales se comportan en una forma refleja, los
seres humanos no están restringidos simplemente a las relaciones directas entre
estímulos-respuestas, sino que pueden hacer conexiones indirectas mediante el lenguaje
que entra en formas muy complejas e interrelacionadas que toman en consideración el
entorno en el cual existen.
El académico Michael Cole, en
el prólogo al libro de Alexander Luria, Desarrollo cognitivo, comenta:
Vigotsky y Luria enfatizan que el desarrollo mental debe ser considerado como un
proceso histórico en el cual el medio social y no social del niño induce el desarrollo
del proceso de mediación y varias funciones mentales jerárquicas.
De esta manera, se considera
que la alfabetización la capacidad de hablar, escribir, leer y pensar en una forma
crítica y productiva tiene raíces sociales y ambientales muy profundas. Luria, en
su trabajo, subraya que los significados de las palabras son una parte crítica del
proceso de lectura que le proporcionan al niño configuraciones que organizan y concentran
la historia cultural y social del mundo en el cual vive. Luria dijo: Las palabras,
unidades lingüísticas básicas, implican no solamente un significado, sino que son
unidades fundamentales de conciencia que reflejan el mundo externo.
De la misma manera que la
conciencia humana es un fenómeno complejo, así lo es también la alfabetización. No es
simplemente un mero y simple proceso comportamental o mecánico que permite relacionar
símbolos impresos con sonidos y con significados literales asociados; es un concepto
complejo que se vincula con la realidad del mundo y las necesidades del individuo.
Al preparar la conferencia de
hoy, descubrí que, como palabra, alfabetización no existe en muchos idiomas.
En inglés, literacy, se define como la capacidad de leer y escribir o se considera
algo que puede ser razonable o pensable; o también se habla del estado o la condición de
estar educado, por lo tanto, va más allá de la simple mecánica de saber leer y
escribir. Es una parte inseparable del entorno del ser humano, moldea la sociedad y es una
herramienta que permite moldear al individuo a través de la sociedad en sí.
Lectura, según el diccionario,
es obtener el significado de una palabra utilizando los ojos, conocer un idioma lo
suficiente como para interpretar su forma escrita. Esto nos lleva a una idea más
compleja. Recuerdo que, cuando era estudiante de posgrado, se me pidió que leyera una
definición muy sucinta de leer, que decía algo muy parecido a esto: La lectura es
la adecuación de un conjunto aprendido de símbolos visuales con un conjunto preexistente
de pautas auditivas activas. Esta definición de lectura reduce el concepto a un
proceso de asociación. Un proceso en el cual los símbolos, las letras, generan o
provocan recuerdos de palabras o sonidos.
Realmente, por suerte, ahora
nuestros conceptos han trascendido esta definición. Pero muchos programas escolares de
instrucción precoz de la lectura se han basado en ese concepto tan simple de relación
sonido-símbolo, o sea, en el aspecto fonético de la lectura. En esos programas se pueden
encontrar prácticas, ejercicios, técnicas de memorización que inducen a los estudiantes
a aprender automáticamente a asociar letras, palabras, con los correspondientes sonidos.
Si bien se sabe, a partir de una investigación llevada a cabo a través de muchos años,
que este proceso de decodificación o reconocimiento de sonido y símbolo conocido como
principio alfabético, es una parte importante del proceso de aprendizaje de la lectura.
La alfabetización es mucho más.
A fines de los 60 y principios
de los 70 se realizó, en los Estados Unidos y en muchos otros lugares, una amplia
investigación respecto del proceso de aprendizaje de letras; sin embargo, lo que todavía
no se entiende a ciencia cierta es por qué muchos niños no comprenden, ni cómo muchos
niños no llegan a entender y aplicar, lo que leen. En realidad, todo lo que reciben en la
escolaridad es una interminable ejercitación del proceso de decodificación. ¿Qué pasa
con nuestros hábitos en el aula? ¿Qué interfiere con el proceso de aprendizaje de la
lectura? La historia de la educación, por lo menos en los Estados Unidos, está llena de
ejemplos de material didáctico de aula diseñado y escrito para ayudar a los alumnos a
aprender este principio alfabético, sin aportar significado. Ni presentan ideas
importantes, ni de utilidad, ni de interés para el lector.
Este enfoque simplista y
mecánico de la tarea de leer se contrapone claramente al concepto complejo de
alfabetización generalmente aceptado por los educadores y los académicos de hoy.
La alfabetización,
especialmente concebida por académicos y pensadores como Vigotsky y Luria, emerge como
parte íntegra de la conciencia humana, es nuestra capacidad de comunicarnos efectivamente
unos con otros, intercambiar conceptos e ideas, y funcionar en el contexto social de
nuestras vidas. Estos filósofos argumentan que la alfabetización es un reflejo de
nuestra conciencia social y que sin ella los seres humanos serían incapaces de participar
activamente en la vida y lograr su potencial total como individuos.
Vigotsky ha dicho: El
niño pequeño piensa recordando, y el adolescente recuerda pensando. Podríamos
reformular esta idea para realmente captar lo que los neolectores hacen. P.e., un
neolector lee reconociendo y recordando palabras, mientras que un adulto alfabetizado
entiende palabras y lenguajes a través del pensamiento. Pero lo que es muy importante,
tanto para el lector experimentado como para el que recién comienza, es cómo relacionar
su experiencia con lo que está leyendo, para construir así un significado en relación
con el mundo y la sociedad como un todo.
Un área importante en la
investigación en los últimos quince años se centra en el tema: ¿Cómo entendemos lo
que leemos? ¿Cómo construimos el significado a partir de lo que ya sabemos?
La experiencia, aquí, es muy
importante. Este tema ha sido especialmente abordado por investigadores como, p.e., P.
David Pearson, Richard Anderson, Ann Brown, y otros, muchos de los cuales trabajaron a
fines de los 70, durante la década del 80 y siguen haciéndolo ahora.
Alfabetización y contexto
social
Una definción y un enfoque de
la alfabetización que se centra en lo social considera que la alfabetización es una
interacción con el mundo en que se lee y escribe.
Shirley Brice Heath, de la
Universidad de Stanford, establece que ser alfabetizado va más allá de tener la
capacidad de leer y escribir, ser alfabetizado implica presentar o exhibir comportamientos
de alfabetización: comparar, secuenciar, argumentar, interpretar y crear trozos amplios
de lengua escrita y oral en respuesta a un texto escrito en el cual se han establecido la
comunicación, la reflexión y la interpretación.
Quisiera comentarles ahora un
artículo muy extenso de la profesora Heath en ese sentido. Su artículo se titula:
El sentido de ser alfabetizado, características históricas y
transculturales. (Este artículo tan importante se puede encontrar en el Handbook
of Reading Research, volumen 2).
La profesora Heath establece
que estar alfabetizado depende en gran parte de una relación armoniosa entre las
capacidades del lenguaje, lo cual se vincula con ciertas prácticas sociales y culturales
y con determinados entendimientos. Por ello, la experiencia es muy importante, así
como el uso de textos reales y de alta calidad. El empleo de este material escrito
despierta el interés del alumno y lo ayuda a relacionar lo que lee con lo que ya sabe, lo
cual realmente aumenta la comprensión.
Nosotros hemos experimentado
formas diversas de vida y esto influye también en el entendimiento que tengamos unos de
otros. P.e., acá, en la Argentina, el mundo ha sido testigo de un proceso de cambio
sociopolítico tremendo que ha tenido lugar en los últimos años. Ser alfabetizado en la
Argentina, en su sentido más completo, va mucho más allá de la capacidad de leer y
escribir los hechos de este nuevo tiempo histórico, significa haber experimentado estos
cambios, significa haber vivido estas transformaciones, significa haber experimentado
estas nuevas libertades encontradas y a través de todo ello haber podido entender y
expresar el impacto humano y espiritual completo de estos cambios. Muchos de nosotros,
como visitantes, no estamos totalmente alfabetizados respecto del contexto histórico
argentino, no tenemos las mismas experiencias ni los mismos entendimientos. Tenemos que
aprender mucho unos de otros.
El proceso de alfabetizarse
nunca termina, esto, para mí, es la esencia y el corazón de lo que significa ser una
persona alfabetizada.
La alfabetización en el
entorno escolar
Voy a pasar ahora a un tema
más práctico. Para todos nosotros, como educadores, es importantísimo saber cómo
podemos lograr que nuestros alumnos se tornen individuos alfabetizados.
Desafortunadamente, gran parte
de lo que habitualmente hacemos en la escuela y en las aulas parecería ir en contra de
nosotros mismos, de nuestra búsqueda o de nuestro intento de tratar de enseñar a
nuestros alumnos y de ayudarlos a alfabetizarse. La individualización de la enseñanza,
el desarrollo de lecciones altamente estructuradas, el desglose de la lectura en pequeños
pasos, el uso excesivo de la memorización y la confianza en pruebas técnicas sumamente
limitadas como las respuestas de corta duración o las pruebas de selección múltiple son
elementos que sólo nos sirven para reducir la colaboración y la comunicación entre los
alumnos.
Sin embargo, nos debemos
preguntar: ¿Por qué se organizan así o se administran de esta manera las clases en el
aula? Si nosotros creemos que la educación es una fuerza de liberación y adquisición de
poder, debemos darnos cuenta de que nuestros hábitos de enseñanza nos impiden lograr
estos objetivos. Quizás nuestro énfasis inicial en pautas más pequeñas o estadios más
pequeños en el proceso de lectura nos ha impedido vislumbrar nuestro próposito mayor.
Debemos encontrar las vías para estimular las actividades en grupo, oportunidades de
aprendizaje cooperativo, y la administración de tareas que los estudiantes puedan
encontrar en el mundo real.
Las empresas han descubierto
que pueden enseñar a sus empleados nuevas tareas o desarrollar en ellos nuevas
capacidades, de manera más efectiva, si enseñan en un entorno social de colaboración.
Nosotros y nuestros estudiantes debemos aprender más sobre las distintas formas del
lenguaje y la comunicación estudiando otras culturas y otras sociedades.
Aprendiendo a aprender
Como maestros, debemos aprender
a hacer una mejor tarea aprendiendo de nuestros estudiantes. Repetiré un concepto que ya
escucharon hoy (a Marie Clay): los maestros deben observar y estudiar cómo aprenden los
alumnos y ver qué tipo de materiales y situaciones funcionan mejor para estimular un
mejor aprendizaje. Es realmente muy desafortunado que muchos maestros no tengan tiempo o
no estén interesados en leer la bibliografía respecto de la educación y de los procesos
de enseñanza-aprendizaje. Tal vez una forma nueva e importante, que permitiría a los
maestros informarse mejor sobre el proceso de aprendizaje, sería que ellos mismos se
convirtiesen en los investigadores del aula y que ellos mismos estudiaran de la misma
forma que esperan que lo hagan sus alumnos.
La enseñanza como indagación,
como investigación, es un concepto muy importante, un concepto que espero que exploremos
y estimulemos en un futuro próximo. Forjará nuevos lazos entre alumnos y maestros, entre
la universidad y la escuela, y lo que es más importante, nos acercará a todos a nuevos
entendimientos y a una nueva efectividad.
Los maestros como
investigadores y trabajando con investigadores tienen la posibilidad de crear nuevas
teorías del aprendizaje y moldear y verificar teorías existentes. Esto se contrapone con
la idea tan ancestral de crear teorías a partir de lo abstracto y verificarlas luego
imponiéndolas en el aula.
El maestro investigador
presenta un excelente ejemplo para sus alumnos y al mismo tiempo estimula su propio
aprendizaje. De acuerdo con la Prof. Brice Heath, a los maestros se les debe
permitir, también en su formación profesional, desplegar actividades de aprendizaje;
pero de otra manera que no sea a través de respuestas breves, pruebas estandarizadas o
ensayos cortos. Ellos precisan aprender a observar a sus alumnos y aplicar lo que
están viendo para mejorar tanto su propia enseñanza como el aprendizaje de sus alumnos.
Aplicando este enfoque se estimula la alfabetización de los niños a medida que también
se expande el nivel de alfabetización del aula.
La alfabetización es más que
un conjunto de habilidades, es más que sólo leer, más que sólo escribir. Debemos tener
expectativas más altas que éstas. Cuando nosotros, como maestros, consideramos a la
alfabetización dentro de este marco tan limitado, estamos bajando nuestras expectativas
respecto de lo que deben lograr nuestros alumnos.
También debemos reconocer la
importancia del desarrollo del niño, debemos proporcionar intervenciones en el aula
sumamente bien concebidas. Se ha realizado recientemente una interesante investigación
que analiza los efectos y los méritos de estas intervenciones educativas. Este trabajo se
ve propulsado por la controversia y el debate que muchas veces rodea la temática de la
intervención directa o indirecta en el aula. Como educadores responsables debemos
mantener una mente abierta en relación con este tema tan polémico.
Un aspecto clave para el
conocimiento y la comprensión ha surgido del trabajo de Emilia Ferreiro y Ana Teberosky.
Este trabajo acerca de la escritura en niños, que ha sido realizado en Argentina, España
y México, nos proporciona nuevos e interesantes conceptos dado que menciona muchos temas
sociales y culturales relacionados con la alfabetización. Yetta Goodman, una muy buena
educadora, encuentra que el trabajo de Ferreiro y Teberosky es importantísimo para la
comprensión de los problemas que existen, especialmente en países donde un gran número
de alumnos fracasan o que van a desertar o que son expulsados de la escuela antes de
completar sus años de escolaridad primaria. Insto a todos ustedes a leer una vez más el
trabajo de estas dos académicas y profesoras excelentes.
A uno de sus libros, traducido
al inglés, Los sistemas de escritura en el desarrollo del niño, publicado en
1979, le han seguido importantes estudios relacionados con el proceso de escritura, que
también es importante leer.
El trabajo de Breath y Hanson
nos ha ayudado muchísimo a la comprensión de la escritura como proceso de composición y
de cómo se relaciona la lectura con la escritura.
Alfabetización y educación
básica
Si bien entendemos que muchos
adultos no tienen la oportunidad de terminar su educación, muchos ni siquiera han tenido
esa oportunidad de empezar, nunca han tenido la oportunidad de asistir a la escuela. La
información que se ha publicado en relación con el Año Internacional de la
Alfabetización, el año 1990, es sumamente ilustrativa en este sentido.
La Asamblea General de las
Naciones Unidadas proclamó el año 1990 como el Año Internacional de la Alfabetización;
la UNESCO tomó el liderazgo. La atención se centró sobre la alfabetización,
entendiendo y reconociendo la necesidad de prestar mayor atención a la tarea
alfabetizadora llevada a cabo por los gobiernos u otras agencias educativas de todo el
mundo. El propósito de las actividades fue aumentar la acción por parte de todos
nosotros para asegurar que cada niño, cada alumno, encuentre un lugar en una escuela y
que los adultos jóvenes y los adultos no alfabetizados puedan recibir instrucción.
¿Por qué las Naciones Unidas
y la UNESCO se embarcaron en lo que aparentemente era una campaña mundial de relaciones
públicas? Las razones son muchas, pero todas ellas están arraigadas en las calamidades
sociales tan urgentes e intensas que se ven no sólo en los países menos desarrollados,
sino en todos los países del mundo. El Año Internacional de la Alfabetización fue para
mí mucho más que un mero slogan de publicidad; fue el principio de un largo proceso de
concientización de los gobiernos y del público del mundo entero, de manera tal que los
recursos verdaderos, las reformas verdaderas, conduzcan a resolver el problema de
administrar la alfabetización para todos a través de la educación básica.
Dimensiones sociales de la
alfabetización
Podemos citar estadísticas
alarmantes acerca del porcentaje de analfabetos en todo el mundo; la UNESCO estimó que
antes de 1990, 1000 millones de adultos no podían ni leer ni escribir. También se
estableció que por lo menos 100 millones de chicos en edad escolar no tenían ninguna
oportunidad de asistir a la escuela, no tenían un lugar donde aprender. Si no hacemos
algo estos 100 millones de niños serán padres y adultos analfabetos del siglo XXI. La
magnitud de estas cifras, el tamaño sorprendente de las estadísticas, nos dan una
indicación clara de los aspectos sociales de la alfabetización.
¿Cómo esperamos nosotros que,
sin alfabetización, los países menos desarrollados del mundo encuentren la forma de
mejorar el nivel y la calidad de vida de sus ciudadanos? Más aún, ¿de qué manera las
sociedades más desarrolladas del mundo justifican la existencia de grandes números de
analfabetos en sus poblaciones y, al mismo tiempo, justifican sus propias riquezas y
bienestar a la luz de la pobreza y la miseria que existe en los países menos
desarrollados? Claramente, la educación básica y la alfabetización para todos son los
prerrequisitos básicos para el progreso social y humano del siglo venidero.
El 8 de septiembre de 1991,
cuando se conmemoró el Día Internacional de la Alfabetización, la UNESCO nos
proporcionó información adicional sobre la naturaleza y la magnitud de los problemas
educacionales y sociales que enfrentamos juntos. P.e., en los países menos desarrollados
el 52% de los niños en edad escolar, de 6 a 11 años, no están inscritos en la escuela.
Esta cifra se compara con niveles que se estiman en el 18% en América Latina y el Caribe,
30% en los estados árabes, 39% en el sur de Asia y 19% en Asia Oriental y Oceanía.
Una de cada tres mujeres es
analfabeta y casi todas viven en países en vías de desarrollo. Los países menos
desarrollados tienen un índice de analfabetismo femenino de casi 80%. En algunos países
africanos y asiáticos, este índice supera el 90%. Esta información es aún más
alarmante cuando nos damos cuenta de que el número de viviendas que están a cargo de una
mujer o en las que la mujer es el jefe de familia, es el 35 % de los hogares en todo el
mundo. Con tanta gente marginada de los beneficios de la alfabetización, ¿cómo podemos
fracasar al enfrentar esos problemas sociales y educativos tan serios? Tenemos aquí, ante
nosotros, una dimensión social de la alfabetización que tiene implicancias enormes y
alarmantes para todos.
La información de la UNESCO
demuestra que hay una relación estrecha entre el nivel de educación y la tasa de
mortalidad infantil: cuando los niveles educativos son bajos, mueren más niños en la
primera infancia; p.e., en países como Pakistán e Indonesia, se ha registrado que la
tasa de mortalidad infantil cae en un 50% cuando las madres han asistido, por lo menos,
cuatro años a la escuela primaria.
Los académicos de Asia, de
Bangladesh, han llegado a la conclusión de que el nivel de educación de la madre podría
tener mayor impacto en la sobrevida de los chicos que cualquier otro factor, incluyendo la
salud de la familia y el acceso a servicios médicos.
Acá, en América Latina,
continuando con las estadísticas de la UNESCO respecto del analfabetismo en las mujeres,
las estadísticas brasileñas indican que una madre analfabeta tiene un promedio de 6,5
hijos; mientras que una mujer con educación secundaria tiene un promedio de 2,5 hijos.
La cuestión no es hablar de
tasas de natalidad, las tasas de natalidad son indicadores importantes de otros problemas
sociales que puedan existir. Debemos prestar atención a todos los aspectos y a todas las
dimensiones sociales de la alfabetización. Podemos citar una estadística sorprendente
que, creo, resume muchas de mis preocupaciones. Consideren esto: el costo de un submarino
nuclear podría financiar el presupuesto educativo anual de 23 de los países menos
desarrollados y este dinero podría satisfacer las necesidades de aproximadamente 160
millones de chicos en edad escolar durante un año. Realmente, existen dimensiones
sociales de la alfabetización.
Se nos dice que se está
imponiendo un nuevo orden mundial, los eventos en el nivel político y social que estamos
viendo en Europa, en la antes Unión Soviética, en Asia, África y América Latina, nos
llevan a la conclusión inevitable de que la libertad humana es un producto de una mayor y
más abierta comunicación humana. La alfabetización es lo que hace que esta
comunicación sea posible, el libre flujo de estas ideas e información lleva a un mayor
cambio social, un cambio que crea la posibilidad de un mundo mejor y un cambio que
también puede implicar enormes problemas sociales.
La alfabetización es una
fuerza que otorga poderes, una fuerza liberadora, tiene un enorme impacto sobre nuestro
bienestar individual y el de nuestros hijos y también sobre el progreso y la naturaleza
de la sociedad en que vivimos.
Como educadores, como
investigadores, como padres y como seres humanos es nuestra responsabilidad y nuestro
deber reconocer no solamente la importancia de nuestros trabajos en particular, sino la
importancia contundente que tienen la educación y la alfabetización para el bienestar de
todos.
Tenemos la obligación de
trabajar juntos para resolver el problema del analfabetismo en todo el mundo y así hacer
posible que todos los niños tengan acceso a una educación básica. El rol del maestro
como estudiante, como alumno y como investigador es un elemento importantísimo que nos
puede ayudar a conseguir estos objetivos.
Quisiera terminar con una nota
positiva. Les he hablado de las estadísticas de la UNESCO. Bien, antes de 1990 se decía
que para ese año iba a haber 1000 millones de analfabetos en todo el mundo. Esta cifra se
ha actualizado y se sabe ahora que el número de analfabetos en todo el mundo se ha
reducido casi en 2 millones. Esto es nuevo, es histórico. Nosotros estimamos que
tendremos una reducción aún mayor antes del año 2000. Nos regocijamos ante estas nuevas
personas alfabetizadas, pero al mismo tiempo deberemos dedicarnos a la consecución de los
frutos de la alfabetización para aquellos que todavía nos restan. Todos juntos hemos
logrado progresos, progresos de los que nos podemos enorgullecer; sin embargo, hay mucho
más por hacer.
Esta conferencia, celebrada en
un continente de tantísimas posibilidades, donde se han conseguido maravillosos e
importantes logros, significa nuestra dedicación renovada para lograr el objetivo de
erradicar el analfabetismo.
Les deseo a todos ustedes todo
el éxito profesional y los felicito por sus logros. La Asociación Internacional de
Lectura aplaude la dedicación de ustedes, comparte sus preocupaciones y trabajará con
ustedes para mejorar este entendimiento compartido del proceso de lectura y de
alfabetización y también para promover la alfabetización en todo el mundo.
Muchísimas gracias por haberme
dado la oportunidad de hablar ante ustedes y compartir algunas de mis perspectivas e
inquietudes respecto del tema de la investigación de la alfabetización y sus dimensiones
sociales.
* Investigador
especialista en lectura. Director Ejecutivo de la Asociación Internacional de Lectura.
Este trabajo transcribe una de las conferencias centrales del Tercer Congreso
Latinoamericano de Lectoescritura, organizado por Lectura y Vida, entre el 11 y
el 14 de setiembre de 1991. |