Colección: INTERAMER
Número: 29
Año: 1994
Autor: Josefina Zoraida Vázquez y Pilar G.Aizpuru,
Comps.
Título: La Enseñanza de la Historia
INTRODUCCIÓN
Desde la fundación de los Estados modernos con las revoluciones políticas de los siglos XVIII y XIX, la enseñanza de la historia que hasta entonces se había utilizado para preparar a los gobernantes, se empezó a hacer extensiva a todos los ciudadanos. Juan Jacobo Rousseau había promovido la idea de que a través de la enseñanza de la historia se fortaleciera la cohesión nacional, concepto al que se vendría a sumar el de Maximiliano Robespierre, de promover los sentimientos libertarios. En la práctica, la tarea adquirió el doble carácter de formar ciudadanos capases de hacer uso de sus nuevos derechos políticos y de promover la lealtad hacia los nuevos Estados. Los historiadores liberales y románticos, contagiados de los ideales de su tiempo, colaboraron en esa tarea. Algunos trataron de desentrañar el origen de sus propias naciones y crearon las primeras visiones heroicas del pasado. En sus textos históricos acusaron los héroes, mitos y anécdotas que más tarde utilizarían los maestros y los políticos
De esa manera, en diversas medidas, todos los gobiernos han hecho uso de la escuela para inculcar el patriotismo y enseñar a los niños a respetar las tradiciones e instituciones de su país, lo que haría que los programas de historia y los libros de texto permanecieran ligados a los vaivenes políticos de las naciones. Para ello se considera conveniente que conozcan sus características geográficas, su historia, su legislación, etc. y que celebren solemnemente las conmemoraciones patrióticas y las honras a la bandera. En países multiculturales, esta práctica tropieza con graves problemas y muchas veces no logra borrar las barreras lingüísticas, étnicas o religiosas, como vemos en los recientes eventos europeos.
En varios períodos y en muchos países se ha abusado de la prédica nacionalista y no sólo en países colonizados o que han sufrido pérdidas en conflictos bélicos. En los países americanos, era natural que la enseñanza de la historia colaborara en la construcción de los Estados o para justificar fronteras vagas, por comprender tierras poco habitadas o derivadas de un imperio común. En Europa, la exaltación del patriotismo pareció agudizarse antes y durante la Primera Guerra Mundial; así mientras en Francia se imponía el estudio de la historia nacional a lo largo de toda la educación (Shafer 25) con el objetivo de generar el sentido de veneración por la patria, los textos alemanes definían a esa nación como “una tierra enteramente rodeada de enemigos (Reisner 209). En países anglosajones el nacionalismo quedó ocultó detrás de prejuicios culturales; así, el británico se basaba en el orgullo de pueblo civilizador de ”lesser breeds“, que llevaba a cuestas ”the white’s man’s burden“ (Scott 206). La guerra agudizó esta tendencia y un país multinacional como los Estados Unidos vió la promulgación de leyes para favorecer un patriotismo dinámico, exigiendo un juramento a los maestros y prohibiendo el uso de ciertos textos (Walworth XVIII).
Los extremismos belicistas hicieron que al fin de la guerra, los textos de historia se convirtieran en objeto de preocupación como transmisores de incomprensión e intolerancia y llegar a considerárseles como causantes de la contienda (Scott 87-96).
La Fundación Carnegie para la Paz Internacional patrocinó una encuesta sobre los textos de los países beligerantes que mostró que cada país justificaba sus acciones y acusaba al vecino (Walworth XVII-XVIII). El Sindicato Nacional de Maestros reunido en París en 1923 debatió el problema y se llegó a proponer la eliminación total de la enseñanza de la historia. Al final se aprobó que se continuara enseñando, pero con una actitud pacifista. La Liga Francesa de la Enseñanza Laica sugirió que todo libro de texto se sometiera al Comité de Cooperación Internacional de la Liga de las Naciones. Organizaciones cristianas internacionales que se reunieron en Berna en 1926 y en Oslo en 1928 discutieron el tema de la “educación para la paz”. Como documento básico para esta última conferencia se preparó un Report on Nationalism in History Textbooks.
Todas las sugerencias quedaron en letra muerta. Por un lado, las revoluciones socialistas habían transformado la educación y su interpretación de la historia serviría de modelo a diversas corrientes en otros países, generando a su vez una contracorriente. Por otro lado, el mundo presenciaría los excesos nacionalistas del fascismo y del nazismo durante la década de los treinta. La Alemania nazi elaboró textos y programas para “restaurar el autorrespeto”, que desarrollaban un culto a sus héroes y a su cultura, predicando la superioridad racial y fomentando un espíritu de desquite (Bason 44).
Después de la tragedia de la Segunda Guerra Mundial, a pesar de la guerra fría, surgieron nuevos propósitos de convivencia pacífica y un nuevo internacionalismo anticolonialista que permitiría la independencia de muchas colonias.
La recién fundada UNESCO, en la reunión de su Asamblea General en México en 1947, promovió un estudio de “las tensiones que afectan la comprensión internacional”. El proyecto pretendió descubrir las “percepciones que los habitantes de un país tienen de sí mismos y de otras naciones” (Buchanan y Hadley V).
Los resultados fortalecieron la idea de contrarrestar todo nacionalismo agresivo y de impulsar diversas medidas que ayudaran a modificar la enseñanza de la historia. Una reunión de profesores de historia en Sèvres discutió el problema (Parry 16) y los profesores revalidaron el viejo objetivo de la enseñanza de la historia como instrumento para modelar ciudadanos (Wiggin 3; Reisner 25), pero instando la moderación del nacionalismo. Dado que el análisis de los planes de estudio de historia en las escuelas de la mayoría de los Estados miembros revelaba el predominio de la enseñanza de lo nacional, se llamó la atención hacia la importancia que tenía para el ciudadano contemporáneo, en un mundo en rápida transformación, la comprensión de los eventos del pasado más allá de sus fronteras, para aprender a vivir en paz (Parry 17). En nuestro continente, correspondió al Instituto Panamericano de Geografía e Historia el patrocinio de una serie de estudios sobre la enseñanza de la historia, de los cuales se publicaron los volúmenes de México, Estados Unidos, Haití, Cuba, Colombia, Venezuela, Argentina, Honduras, Puerto Rico, Brasil y Nicaragua entre 1948 y 1953. Desde entonces, sólo para México, Perú y Argentina contamos con estudios específicos más amplios (Amuchástegui, Braslavsky, Portocarrero, Vázquez). En la práctica, la enseñanza de la historia se ha mantenido en gran medida dentro de la tradición, con sus objetivos nacionalistas decimonónicos, centrados en eventos políticos y bélicos, poco explicativos de los acontecimientos y de los problemas heredados. En algunos países se han hecho intentos muy loables para sacudir este legado y se han ido imponiendo métodos y conceptos nuevos, pero en gran parte, han quedado en el formalismo y en el salón de clase, los maestros mantienen intacta la vieja retórica. La utilización de un método globalizador para enseñar por áreas de estudio, se impuso en muchos países, y enseñanza de la historia se enriqueció con los temas socioeconómicos, pero perdió atención.
La revolución de los medios de comunicación y la transformación del mapa político mundial, favoreció que empezara a desterrarse el eurocentrismo que prevalecía en los textos de historia universal. Pero es evidente que estamos lejos de haber logrado una enseñanza adecuada. Por eso el dedicar un número de la colección INTERAMER de la OEA puede ser un primer paso para llamar la atención a este problema fundamental que ha sido descuidado o que ha permanecido víctima de las luchas políticas del pasado y, en gran medida, de la ideología liberal que a falta de una Inquisición para condenar a los vivos, condenó a los muertos.
El presente número contiene diversos artículos sobre la enseñanza de la historia. En primer lugar, un artículo deriva de un esfuerzo previo emprendido con motivo del Quinto Centenario, que hace una breve revisión de los libros de texto de Latinoamérica, España y Portugal. Le siguen dos artículos con propuestas sobre la enseñanza de la historia prehispánica y colonial, temas críticos en la enseñanza de la historia. En tercer lugar hay una serie de artículos que abordan la problemática particular de la enseñanza en diversos países: Argentina, Brasil, Chile, Ecuador y Nicaragua. Hubiera sido ideal que la revisión abarcara a todos los países, pero este empeño tendrá que esperar otra ocasión. Al final se presentan un artículo sobre la reforma de la enseñanza de la historia en España y otro sobre alternativas pedagógicas. Queda hacer votos por que el contenido sirva para estimular estudios semejantes que colaboren a la transformación y mejoramiento de la enseñanza de la historia.
Josefina Zoraida Vázquez
BIBLIOGRAFÍA
Amuchástegui, M. “El discurso de la historia argentina en los textos de primaria”. Revista de la Universidad Nacional de Luján. Buenos Aires: EUDEBA, 1989.
Bason, Cecilia H. Study of the Homeland and Civilization in the Elementary Schools of Germany. New York: Teacher’s College, Columbia University, 1937.
Braslavsky, Cecilia. “Los libros de texto en su contexto: Argentina 1975-1989”. Latinoamericana: Enseñanza de la historia, libros de textos y conciencia histórica. Buenos Aires: Alianza Editorial, FLACSO, Georg Eckert Institutes, 1991. 60-76.
Buchanan, William y Hadley Contril. How Nations See Each Other. A Study in Public Opinion. Urbana: University of Illinois, 1953.
Parry, John H. “La enseñanza de la historia en América. Estudio del lugar ocupado por la historia nacional, continental y mundial en los planes de trabajo de escuelas y universidades”. Seminario relativo a enseñanza de la historia, San Juan Puerto Rico, 4-9 de marzo, 1954.
Portocarrero, Gonzalo y Patricia Oliart. El Perú desde la escuela. Lima: Instituto de Apoyo Agrario, 1989.
Pratt, David. How to Find and Measure Bias in Textbooks. Eaglewood: Educational Technology Publications, 1972.
Reisner, Edward. Nationalism and Education since 1789. A Social and Political History of Modern Education. N.Y.: Macmillan, 1922.
Scott, Jonathan. The Menace of Nationalism in Education. London: Allen & Unwin, 1926.
Shafer, Boyd C. Faces of Nationalism, New Realities and Old Myths. New York: H.B. Jovanovich, 1972.
Vázquez, Josefina Zoraida. Nacionalismo y educación en México. México: El Colegio de México, 1970. 14-16.
_____. “La imagen de Estados Unidos en los libros de texto mexicanos”. Cincuenta años de historia en México. Vol. II. México: El Colegio de México, 1991.
Walworth, Arthur. School Histories at War. A Study of the Treatment of our Wars in the Secondary School History Books of the U.S. and in Those of Its Former Enemies. Cambridge: Harvard University Press, 1939.
Wiggin, Gladys. Nationalism and Education. An Historical Interpretation of American Education. N.Y.: McGraw Hill, 1961.