4 de Abril de 2025
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Colección: INTERAMER
Número: 44
Autor: Etnia e Nação Na América Latina, Vol.I
Título: George De Cerqueira Leite Zarur, Organizador

EL PODER DE LAS UTOPÍAS:
LA SOCIEDAD PLURAL EN AMÉRICA LATINA

Nelly Arvelo-Jiménez
Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas

En América Latina existe un copioso acervo que documenta múltiples proyectos indigenistas para recuperar la historia propia y para retomar la capacidad de autodeterminación. En marcado contraste, constatamos la carencia de estos mismos objetivos en los proyectos históricos formulados por las élites políticas e intelectuales criollas1 a lo largo del período republicano y desde la ruptura del nexo colonial.

En décadas recientes han surgido planteamientos que de trascender su estatus todavía marginal, forzarían a una redefinición del estado latinoamericano moderno y del modelo de desarrollo que lo sustenta. En otras palabras, continuamos con la búsqueda de un proyecto histórico que surja de los niveles culturales profundos e invisibles de las realidades latinoamericanas. No podemos dejar de referirnos, a la exclusión que —tanto la ideología libertaria de los próceres de la emancipación como las premisas políticas que fundamentan las constituciones de las repúblicas latinoamericanas—2 han hecho de la realidad multicultural y pluriétnica al reemplazarla por una imaginaria unidad nacional, cultural y lingüística.

Este ordenamiento jurídico que desconoce la heterogeneidad sociocultural y lingüística de nuestras repúblicas ha creado una contradicción básica entre los segmentos que las conforman al quedar excluidos los derechos colectivos de los pueblos indios anteriores a la formación de los estados (Arvelo-Jiménez y Biord-Castillo 1988; Arvelo-Jiménez y Biord-Castillo 1989) y los derechos seculares de las poblaciones afroamericanas implantadas. Ambos segmentos poblacionales, por lo demás mayoritarios en muchos países han sido relegados y dominados, condenados a la invisibilidad y, por ende, excluidos del acontecer nacional y de la historia oficial (Arocha Rodríguez 1989).

No abundan los análisis sobre las repercusiones de la contradicción entre la ideología de unicidad y la praxis social, étnica y culturalmente diversa, que expresan los sectores dominados o excluidos. Esta carencia es el resultado de la represión oficial que fustiga todo pronunciamiento sobre pluralismo cultural llegándose a vetar su debate y a ratificarlo como problema “de seguridad nacional” (Arvelo-Jiménez y Biord- Castillo 1988; Bartolomé y Barabas 1990; Carneiro da Cunha 1990). De allí que imperen la desinterpretación, la incomprensión o la ignorancia nulitante en relación a la conducta y aspiraciones de los segmentos dominados; el significado de la tensión entre unicidad y pluralismo; y la relación entre las élites dominantes y los vastos segmentos excluidos, todo lo cual inevitablemente recrea y amplía las injusticias hacia estos últimos.

A casi dos siglos de la ruptura del nexo colonial continúa siendo un reto la fragua y posterior aceptación de proyectos históricos propios que incluyan: 1) la provisión o reconocimiento constitucional del pluralismo cultural; 2) los mecanismos operativos para la participación de los sectores excluidos en una clara demostración de que el pluralismo no es inherentemente contradictorio con el estado nacional; 3) el rescate de la identidad de las élites políticas e intelectuales y de buena parte de la clase media que las imita, a través del conocimiento, reconciliación e identificación de estas últimas con la cara oculta y profunda de la historia de nuestros países; y 4) propuestas alternativas de desarrollo económico.

La Sociedad Plural es uno de los paradigmas que ha sido sugerido como herramienta heurística para la reformulación del estado nacional moderno y como solución a la contradicción inherente a nuestras sociedades que son de hecho multi-étnicas y pluri-culturales.

Para centrar esta reflexión sobre la viabilidad de la sociedad plural en Latinoamérica, he escogido como control comparativo los resultados de un debate sobre “Sociedades plurales y sus perspectivas en estados multi-étnicos y pluriculturales”3 (Madan 1982; Worsley 1982; Cardoso de Oliveira 1982; Ahmed 1981; Smith 1982; Nagata 1982 y Yueh-Hwa 1961). Muchos de estos estados, generalmente como parte del proceso de descolonización, adoptaron paradójicamente el mismo modelo político que implantaron los poderes que los subyugaban.

De las reflexiones y conclusiones de estos antropólogos expertos en el fenómeno del pluralismo en estados cuya ideología y sectores hegemónicos oficializan la unicidad para reprimir, relegar o excluir la multi-etnicidad y el pluriculturalismo, surgen varios elementos comunes. Tanto Madan para la India, Ahmed para Pakistán y el Medio Oriente, Nagata para Indonesia, Yueh-Hwa para China continental, Cardoso de Oliveira y Worsley para Brasil y Smith y Worsley concluyen en que:

1. El fenómeno del pluralismo, es definido como una condición en la cual los miembros de una misma sociedad están internamente divididos por diferencias fundamentales en su práctica institucional y en sus expresiones culturales.... De allí que el pluralismo conlleve simultáneamente una estructura social caracterizada por discontinuidades fundamentales y por divisiones y por patrones culturales basados en una diversidad institucional sistemática (véase especialmente Smith 1982).

2. Igualmente, Smith asevera que el problema fundamental que produce estas discontinuidades es la manera de incorporación al/o de membresía en el estado. La constitución en el estado moderno incorpora al ciudadano individualmente, de allí que los derechos derivados de pertenecer a ese estado son individuales mientras que los miembros de los sectores dominados y excluidos antes de la colonia poseían un ordenamiento jurídico basado en derechos colectivos; al cesar la colonización (o la forma específica de subyugación que les haya tocado) y emerger el Estado moderno, todos esos derechos colectivos son eliminados, es decir, quedan negados aunque son anteriores a su formación.

3. Madan afirma categóricamente que nunca en la milenaria historia de ese sub-continente existió la India sino muchas Indias o nacionalidades y que la India es una comunidad imaginada por los que dirigieron su proceso de emancipación de Inglaterra. Todos conocemos las secesiones que ha sufrido esa India (Paquistán, Bangladesh, etc.) y la persistente lucha interna entre sectores étnica y culturalmente diferentes, sectores excluidos del acontecer de la India, que constituyen el sustrato profundo, siempre a punto de ebullición, frente a una ideología y unas élites dominantes y hegemónicas que imponen el estado nacional como la unidad política contemporánea reconocida internacionalmente y como la unidad “natural” para conducir esas relaciones.

Considero de máximo interés comparativo la situación descrita por Lin Yueh-Hwa en su estudio sobre los Lolo de Lian Shan.4 Hwa justifica el proceso de “liberación” que el sistema socialista chino tuvo que inducir en la sociedad Lolo porque ésta era esclavista y acusaba “un atraso histórico de 2000 años”. Antes del proceso de “liberación” de los Lolo, éstos habían concertado alianzas matrimoniales y económicas con hablantes de Hahn convirtiéndose esta área del suroeste de China en una zona multinacional (hablantes de Yi y hablantes de Hahn). Las élites dominantes (formadas por hablantes Yi y Hahn) estaban confabuladas para mantener el status quo, lo que hizo forzosa, según Hwa, la inducción del proceso de “liberación”. Además de obtener la emancipación de la esclavitud, se alcanzó el progreso económico de manera muy rápida en una zona en la cual antes imperaba “el método primitivo de tala y quema y en la cual el comercio era por la vía del trueque” (Yueh-Hwa 1961, 37); se unificó o estandarizó la lengua Yi para facilitar a éstos sus relaciones con el gobierno; y se introdujo la medicina moderna donde antes sólo imperaban “los brujos con su manejo del mundo de espíritus malévolos”.

Dado que, según Hwa, la China socialista es un estado interesado en la minorías nacionales, se creó el Instituto de Estudio de las Nacionalidades y para 1982 las investigaciones en él realizadas habían llegado a la identificación de 55 minorías nacionales a las que se añade la nacionalidad Hahn que es la mayoritaria formada por el 94% de la sociedad china. Por último, la política estatal conocida como de Transición directa se aplica en la China socialista a las nacionalidades que están en “una etapa de evolución social muy atrasada”. A estas últimas, la transición directa les permite quemar etapas e ingresar directamente al socialismo.

Ante el proceso al cual estaba siendo sometida la sociedad Yi, le señalamos la virtual Hahnsización de no sólo los Yi sino de las otras minorías nacionales, y Hwa admitió que el objetivo final es la asimilación de todas ellas al Hahn. Vale decir, que se induce la homogeneización cultural bien por transición directa o por etapas.

Por otro lado, un somero análisis de lo que fue la antigua Yugoslavia presentada a lo largo de cuatro décadas como ejemplo de sociedad plural y como modelo de las potencialidades a desarrollar para la co-existencia igualitaria de diferentes sectores o nacionalidades, arroja las siguientes conclusiones (Arvelo-Jiménez 1982 ms.).

La cara externa de Yugoslavia fue descrita como seis naciones en una; como una federación de seis repúblicas socialistas: Bosnia, Montenegro, Croacia, Macedonia, Eslovenia y Serbia conectadas en términos de estricta igualdad a través del Consejo de Nacionalidades en el seno del cual los diputados hablaban en su lengua materna mediante un servicio de traducción simultánea durante las sesiones del mismo. Existían constituciones nacionales y una constitución federativa y la educación oficial se impartía en nueve lenguas.

La cara interna de Yugoslavia, no obstante, era otra; la autogestión económica sólo era permitida a nivel micro; siempre existió una clase burocrática íntimamente ligada al partido hegemónico. El ejército era una reproducción del antiguo ejército imperialista serbio con el 70% de sus miembros serbios o montenegrinos. No nos puede sorprender que ese ejército fuera según declarara el Mariscal Tito una garantía de “unidad”, pues según él había resuelto el “problema” croata. Aunque las milicias que existían en cada empresa representaban los intereses de la sociedad civil, el ejército fue siempre lo suficientemente fuerte para ser el árbitro en problemas “nacionales”. Por consiguiente, colocado en el mejor ángulo posible, el yugoslavo fue un régimen híbrido con una clase burocrática, expresión del capitalismo de estado, y un grupo social de defensa de los trabajadores, que no tenía ni partidos políticos ni sindicatos que lo respaldara.

Toda esta información es útil para evaluar la viabilidad de un estado que declare y practique la participación equitativa o igualitaria de sectores cultural y étnicamente diferentes. El estado nacional, con unos doscientos años de vida como unidad política moderna, quebró la escala reducida en la que se manejaban las etnias y pequeñas nacionalidades, pero muy pocos estados modernos han sido exitosos en la destrucción de las lealtades étnicas y en la erradicación de las diferencias culturales de los diversos sectores sociales que los conforman; sólo a fuerza de sangre y fuego las han confinado a niveles subyacentes o profundos.

La etnia o clase hegemónica imagina una comunidad de intereses y objetivos y mediante la coerción, reproduce y amplía la dominación y la exclusión. De los casos brevemente aludidos y del dilema de las repúblicas latinoamericanas [que conocemos por investigación directa de su realidad etnocultural] podemos extraer elementos de juicio que permiten evaluar el poder de la sociedad plural.

La exclusión de los segmentos socioculturales dominados se da como producto de una supuesta liberación global o total del nexo colonial. Lo que realmente sucede es que el sector o segmento exclusivo y excluyente es la nueva clase hegemónica que hereda o se apropia del poder antes detentado por los colonizadores y lo utiliza para expropiar los recursos de los otros sectores socioculturales y exilarlos del quehacer político del nuevo estado. No obstante, la tensión entre el sector dominante y los segmentos dominados se expresa en discursos de oposición cultural, lingüística religiosa y/o étnica.

En otros casos una clase burocrática con fines político-económicos bien definidos construye una fachada de relacionamiento equitativo interétnico e intercultural que oculta la dominación de un sector sobre el resto de los otros sectores etnoculturales.

En ambos casos prevalece una racionalidad homogeneizadora que puede llevar a cabo bien una clase o una etnia hegemónica. La sociedad plural se nos revela como otra creación teórica e imaginada que no lleva en su seno mecanismos reales de coparticipación, cogestión y relacionamiento equitativo entre segmentos etnoculturales o socioculturales de un estado moderno. Confrontados el planteamiento teórico con la praxis, percibo la sociedad plural como una utopía la cual no obstante cumple la poderosa función de movilizar a la reflexión y a la investigación para crear nuevas formas políticas que impliquen la unidad en el seno de las diferencias étnicas y de la diversidad cultural.

 

NOTAS

1. En tiempos coloniales los descendientes de españoles nacidos en América. En la época republicana ha pasado a ser el mestizo cultural y biológico de la conjunción de tres tradiciones culturales; la indígena, la europea (ibérica) y la africana.

2. Las constituciones de Colombia, Paraguay y México son ejemplos muy recientes que contienen el reconocimiento explícito de la realidad multicultural de esos países. No obstante, en Colombia, por ejemplo, las poblaciones afroamericanas no tuvieron representación en la Asamblea Nacional Constituyente al ser expresamente excluidas del proceso de participación en los debates y en la redacción de la Constitución de 1991. Según algunos afroamericanistas colombianos prevalecen entre segmentos de esta sociedad las discontinuidades institucionales y culturales a las que alude M. G. Smith citado en el presente ensayo. Lo que es más grave aún, a raíz del reconocimiento de derechos constitucionales al sector indio y de negación de los mismos a los negros, ya se han observado entre estos sectores tanto a nivel regional como a nivel local, enfrentamientos por recursos. Ahondar en esta cara del conflicto implicaría disertar sobre los modelos económicos que fungirían contra la partida económica del modelo político de Sociedad Plural.

3. Organizado por David Maybury-Lewis en el marco de la celebración de la reunión anual de la sociedad estadounidense de etnología realizado en Lexington, KY, 1982.

4. Los Yi hablantes eran llamados Lolo antes de su “liberación”.

 

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