Colección: INTERAMER
Número: 44
Autor: Etnia e Nação Na América Latina, Vol.I
Título: George De Cerqueira Leite Zarur, Organizador
INTRODUCCIÓN
Esta obra reúne los trabajos presentados en la reunión auspiciada por la Secretaría General de la Organización de los Estados Americanos (OEA) sobre Etnia y Nación en América Latina, del Grupo de Trabajo sobre Identidades en América Latina del Centro Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), realizada en Brasilia en diciembre de 1992. El evento dio continuidad al programa de integración de las antropologías latinoamericanas iniciados en 1987, cuando fue creado el Grupo de Trabajo, y que en aquel momento significó una contribución original para la antropología latinoamericana. La obra que hoy presentamos, es la segunda producida por sus miembros. La anterior, titulada La Antropología en América Latina, fue la primera, en muchos años, en reunir contribuciones de antropólogos de diferentes países del continente y constituye una referencia obligatoria para la comprensión de lo que es y de lo que puede hacer la antropología latinoamericana. Otra iniciativa del Grupo de Trabajo fue la organización de los antropólogos del continente. Sus participantes tuvieron un papel decisivo en la creación de la Asociación Latinoamericana de Antropología en 1990.
El principio básico del programa, iniciado en la reunión de 1987, fue que la antropología debería asumirse como una ideología y participar de la construcción de la idea de nación en América Latina. La crisis actual de identidades en el continente exige una reorientación de los sistemas ideológicos que las orientan. Cercano el fin del siglo XX, la antropología puede contribuir en esta dirección buscando la verdad que parece anclarse en las contribuciones de los grupos llamados minoritarios, para la formación de identidades nacionales y en el encuentro de áreas de identidad común entre los diversos pueblos. En este contexto nada más oportuno que la discusión sobre Etnia y Nación en América Latina, en vista de la clarificación de los conceptos de multiculturalismo, de sociedad plural, y la posibilidad de su empleo en la cultura política latinoamericana.
Los trabajos reunidos en este libro se distribuyen en cuatro grandes partes. La primera discute aspectos generales conceptuales y formas de construcción de sociedades políticas plurales. No fueron pocas las dudas que se levantaron sobre las posibilidades concretas de la existencia de dichas sociedades. Nelly Arvelo-Jiménez, por ejemplo, demostró que las medidas jurídicas orientadas hacia la construcción de sociedades plurales se han revelado ineficaces. Un ejemplo fue el de la antigua Yugoslavia, que contaba con uno de las más perfectos sistemas constitucionales orientado a la convivencia de sociedades étnicamente diversificadas. Las mismas dudas se volvieron a presentar en la ponencia de Miguel Bartolomé sobre la situación de los grupos indígenas latinoamericanos y la negación en la práctica del discurso igualitario. Luiz Felipe Baêta Neves Flores levantó la hipótesis de que los conceptos como etnia y nación, en cuanto figuras de modernidad, deberían ser ellos mismos cuestionados.
En la segunda parte, cinco trabajos discuten la etnicidad indígena. Alcida Ramos demostró que la aplicación del concepto de nación a poblaciones indígenas brasileras debe ser reconsiderado. Alicia Barabas, estudiando las comunidades indígenas mexicanas, describió el uso de factores de orden religioso para marcar las diferentes identidades locales. Isabel Hernández y Silvia Calcagno explicaron los criterios de identidad, seleccionados por un grupo local Mapuche argentino y su situación en la sociedad nacional. Myriam Jimeno Santoyo y Segundo Moreno Yáñez abordaron la etnicidad indígena y su inserción en las sociedades de Colombia y de Ecuador respectivamente.
En la tercera parte, que trata de etnicidades no indígenas, Giralda Seyferth estudió la constitución de la identidad teutobrasilera a lo largo de la historia y Marcia Anita Sprandel presentó los resultados de su investigación con las poblaciones brasiguayas. Parry Scott exploró el problema de la manipulación de conceptos étnicos en la resistencia a la construcción de represas en Brasil y en México. Rubén George Oliven describió la instalación y el abrasiliamiento de los diversos grupos étnicos en el sur de Brasil.
Las cuestiones relacionadas al pensamiento social fueron objeto de la cuarta parte del seminario. Rigoberto Rivera y Paul Little discutieron las entidades nacionales comparadas de Ecuador y Bolivia. George de Cerqueira Leite Zarur analizó el pensamiento social brasilero frente a la cuestión de etnia y a la construcción de nación. Roberto Motta discutió el pensamiento social brasilero en relación al sincretismo religioso. Juan M. Ossio asoció la identidad nacional peruana a símbolos religiosos y Gustavo Lins Ribeiro aisló el personaje Macunaíma, del escritor Mário de Andrade, como un símbolo nacional brasileño.
Los trabajos que componen esta obra asumen el concepto de nación como artefacto cultural. Esta no es una idea nueva en antropología. Los estudios clásicos sobre carácter nacional, particularmente el de Ruth Benedict sobre el Japón que es el más conocido, partieron de esta premisa. Más reciente es la cuestión de la construcción de nación, que resulta una constante en la mayoría de los trabajos que integran esta obra. En este contexto, el trabajo de Benedict Anderson, que entiende la nación moderna como una comunidad imaginada, además de poseer otros méritos, asume una importancia singular por su originalidad. El trabajo de Anderson presenta, sin embargo, diversos problemas que limitan su alcance como guía para el estudio antropológico de la nación moderna.
Anderson sitúa la nación actual como sucesora de la idea hegemónica de religión. Contradiciendo su tesis, es posible que la primacía de los principios religiosos haya sido sustituida por muchas ideas diferentes y no apenas por la idea de nación. Una de ellas sería la idea de ciencia. Así, en un artículo anterior, caractericé la ciencia moderna como la heredera histórica de religión, con su jerarquía, rituales, exoterismo, creencia en milagros y promesa de una vida futura mejor para la población, pues ambas compartían la premisa de búsqueda de la verdad (Zarur 1991).1 No obstante, Anderson parece estar en el camino correcto cuando entiende la nación moderna como una comunidad imaginada, análoga a la antigua comunidad religiosa (también imaginada), hacia la cual se desplazarían el amor y la lealtad de sus miembros.
Otro punto discutible en la
visión de Anderson es el poco énfasis que atribuye a conceptos como los de
raza y de etnia, los cuales no asocia directamente con el concepto
de nación, que es comprenNBÇf6ÆX%·)u5
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