<<Biblioteca Digital del Portal<<INTERAMER<<Serie Cultural<<El Río de los Sueños: Aproximaciones Críticas a la Obra de Ana María Shua
Colección: INTERAMER
Número: 70
Año: 2001
Autor: Rhonda Dahl Buchanan, Editora
Título: El río de los sueños: Aproximaciones críticas a la obra de Ana María Shua
Introducción
En su famoso poema “La fundación mitológica de Buenos Aires,” Borges
plantea la pregunta: “¿Y fue por este río de sueñera y de barro/que las
proas vinieron a fundarme la patria?” Estos versos sirvieron como inspiración
para el título del primer libro de cuentos brevísimos de Ana María Shua,
La sueñera (Buenos Aires: Minotauro, 1984), y también para el título
de este libro de ensayos críticos sobre la obra de esta escritora argentina.
Algunos críticos han atribuido el significado incorrecto de “soñadora” o
“mujer que sueña” a la palabra “sueñera,” un argentinismo que quiere decir
“ganas de dormir.” Esta feliz equivocación describe perfectamente bien a
Ana María Shua, una mujer que no ha dejado de soñar nuevas creaciones literarias
desde que publicó su primer libro en 1967. Nacida el 22 de abril de 1951
en Buenos Aires como Ana María Schoua, la autora debutó en el mundo literario
argentino, poco después de cumplir los quince años, con El sol y yo
(Buenos Aires: Ediciones Pro, 1967), un volumen de poemas premiado por el
Fondo Nacional de las Artes y la Faja de Honor de la Sociedad Argentina
de Escritores. Esta temprana incursión en las letras creativas marca el
inicio de una fructífera carrera de más de treinta años que abarca todos
los géneros literarios: la poesía, el cuento, la novela, el relato brevísimo,
el teatro, la literatura infantil, el libro de humor, el guión cinematográfico
y el ensayo periodístico.
Más de diez años separan El sol y yo de la publicación de su
segundo libro, Soy paciente (Buenos Aires: Losada, 1980). Para la
publicación de esta novela, que ganó el primer premio en el Concurso Internacional
de Narrativa de la Editorial Losada, la autora cambió la ortografía de Schoua
a Shua, el apellido que ha empleado a partir de entonces.
Aunque la década de los ‘70 no era la más propicia para los escritores
que vivían en la Argentina durante la dictadura, Shua nunca dejó de perseguir
sus sueños literarios, publicando cuentos para una revista femenina bajo
un seudónimo, mientras escribía los cuentos que reuniría después en Los
días de pesca (Buenos Aires: Corregidor, 1981), de hecho, su primer
libro de narrativa aunque haya aparecido un año después de Soy paciente.
Hasta la fecha, Shua ha publicado más de 30 libros, muchos de los cuales
han sido premiados o traducidos al inglés, francés, italiano, alemán, polaco
y holandés, entre otras idiomas. El hecho de que haya sido invitada a tantos
congresos literarios, ferias del libro y universidades en todas partes del
mundo, como también su frecuente presencia en los medios de comunicación
en su país, es una clara indicación de que Shua ha ganado un lugar de reconocimiento
bien merecido en la historia de las letras argentinas contemporáneas.
Ana María Shua es una autora difícil de clasificar según las tradicionales
normas genéricas de la crítica literaria. Ella se niega a ubicarse en un
casillero literario, optando por experimentar nuevas formas creativas en
cada libro que publica, y demostrando a la vez una versatilidad extraordinaria.
De ese modo ha frustrado tal vez a los críticos que quisieran atribuirle
un rótulo definitivo a esta escritora-cameleón.
Aunque sus libros se distinguen por su forma y contenido, cada uno registra
la marca personal de Shua. Entre otros elementos recurrentes, la obra de
esta escritora se destaca por el uso de humor e ironía, armas discursivas
que la autora utiliza para observar y criticar lo que mejor conoce: la vida
cotidiana argentina. Sin embargo, todos podemos reconocernos en sus personajes
que sufren y gozan de esta realidad absurda que es la vida.
Este libro de ensayos críticos invita al lector a descubrir las varias
facetas de la obra de Ana María Shua. En sus páginas, el lector encontrará
ensayos sobre sus novelas, sus cuentos para adultos, sus relatos brevísimos
y su literatura infantil. Mientras que algunos autores enfocan un libro
en particular, otros analizan un aspecto temático, como la importancia de
lo judío, la memoria, la imagen del cuerpo, o la tradición oral en su obra.
El volumen se abre con dos ensayos sobre Soy paciente: Jorgelina
Corbatta propone el espacio narrativo del hospital en que se desarrolla
la acción de la novela como una alegoría de la realidad argentina durante
los años de la Guerra Sucia, mientras que Eugenia Flores de Molinillo plantea
otras perspectivas del hospital como metáfora.
Elsa Drucaroff nos da una “lección de anatomía” en su artículo, explorando
la función del cuerpo en varias obras de Shua, incluyendo Soy paciente
y Los amores de Laurita, la novela que enfocan los ensayos de Laura
Beard y Graciela Gliemmo, quienes examinan un aspecto de la obra poco desarrollado
en la literatura contemporánea, la sexualidad y el erotismo en la vida de
una mujer embarazada.
Varios autores, incluyendo David William Foster, Ilán Stavans, Marjorie
Agosín, Mariano Siskind y Beth Pollack hablan del tema de lo judío en la
obra de Shua, sobre todo en función de El libro de los recuerdos,
una novela que entreteje la saga de tres generaciones de una familia inmigrante
judía con eventos políticos de más de cincuenta años de historia argentina.
Mientras que Siskind y Pollack comentan sobre la construcción de la identidad
judía en varios textos de Shua, incluyendo sus libros de humor, cuentos
para adultos y otras novelas, Darrell Lockhart invita a sus lectores a comer
y leer con Ana María Shua en un “sabroso” ensayo sobre Risas y emociones
de la cocina judía, un libro de recetas populares judías acompañadas
de historias de najes y tzures, es decir, alegrías y penas.
En su cuarta novela La muerte como efecto secundario, Shua reúne
sus obsesiones de cabecera, ofreciéndonos reflexiones sobre el amor y el
odio, el sexo y la locura, y la vejez y la muerte. Aunque el texto que aparece
en la contratapa del libro nos advierte que la acción se sitúa “en un Buenos
Aires futuro, cercano y peligrosamente real,” la autora insiste en nuestra
entrevista que “no es una novela de ciencia ficción sino de anticipación.”
Varios artículos analizan la visión apocalíptica de esta novela desde distintos
ángulos: los de José Miguel Oviedo, Guillermo García- Corales y Mónica Flori,
y el de mi autoría.
En nuestra entrevista, Shua confiesa que el cuento brevísimo es su “gran
amor.” Aunque según la autora es “un género maldito, porque se lo considera
poco comercial,” es una forma literaria que ella domina con maestría, quizás
porque siendo el cuento breve “hermano de la poesía,” le permite volver
a sus orígenes literarios y utilizar su extraordinaria capacidad para la
síntesis y la brevedad. Varios aficcionados a este “género rebelde de la
literatura” han contribuido con ensayos sobre los tres libros de microrrelatos
de Shua: Lauro Zavala nos da una docena de estrategías literarias que se
encuentran en su primer libro de brevísimos La sueñera, Mario Goloboff
detiene su mirada en algunos textos de La sueñera y Casa de geishas,
el libro que él llama “el segundo tablero del tríptico,” siendo Botánica
del caos el tercer tablero y objeto de estudio de Raúl Brasca. Francisca
Noguerol y Ksenija Bilbija cuestionan el valor subversivo de los cuentos
de hadas que aparecen en distintas “versiones” en Casa de geishas
y en ciertos cuentos de Los días de pesca.
Varios cuentos de la colección Viajando se conoce gente son objetos
de la mirada escrutadora de María Victoria García Serrano y Mara García.
La primera analiza uno de los cuentos más antologados y traducidos de Shua,
“Como una buena madre,” mostrando cómo la autora utiliza el humor para subvertir
el rol tradicional de la madre, mientras que la segunda examina el papel
femenino y el elemento de lo fantástico en tres de los cuentos de la sección
del libro titulado “Altamente improbables.”
Aunque muchas veces la literatura infantil no recibe toda la atención
crítica que merece, en este libro tres autoras, Federica Domínguez Colavita,
Irma Verolín y Martha Manier, señalan las contribuciones de Shua en este
campo, relacionando varios de sus cuentos escritos para niños o adolescentes
con las obras escritas para adultos. Sería una gran falla de nuestra parte
si no incluyéramos por lo menos un ensayo que considerara el interés de
la autora por la tradición popular. Aunque varios autores lo mencionan en
sus ensayos, Gisela Heffes elabora un texto dedicado especificamente a la
tradición oral y el tema de la misoginia en Cabras, mujeres y mulas:
Antología del odio/miedo a la mujer en la literatura popular.
Y ahora, invito a los lectores a entrar al mundo creativo de Ana María
Shua que presentan los veinticinco textos reunidos en este volumen, pero
antes de concluir, quisiera expresar mi inmensa gratitud a todos los que
colaboraron en este proyecto, en particular, al Dr. Carlos E. Paldao, Director
de Publicaciones de la OEA, por invitarme a editar este libro, a Ana María
Shua, quien compartió conmigo esta aventura desde el principio, ayudándome
en cada aspecto del proyecto con tanta paciencia, humor y solidaridad, y
a todos los autores que, desde distintos lugares del mundo, tuvieron la
generosidad de mandarme sus ensayos para este libro. Uno de los aspectos
más hermosos de la experiencia de editar este libro fue la inesperada oportunidad
que me brindó de formar nuevas amistades a través de la literatura, amistades
“cibernéticas” que ojalá dejen de ser virtuales algun día. Finalmente, quisiera
agradecer el apoyo que recibí de la University of Louisville en la forma
de una “Arts and Sciences Research Grant,” sin la cual no hubiera podido
dedicar tanto tiempo a este proyecto, cuya publicación contó, además, con
el aporte financiero de la misma universidad.
— Rhonda Dahl Buchanan
Editora
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