INTRODUCCIÓN Planteo de la situación El proceso de transición demográfica que están experimentando los países de América Latina implica un paulatino proceso de envejecimiento de la población que se refleja en un aumento de la proporción de personas de edad avanzada. Las estructuras etarias de estos países fueron relativamente estables hasta alrededor de 1950 debido al mantenimiento de elevados índices de fecundidad y al lento descenso de la mortalidad. A partir de entonces comienzan a experimentar cambios significativos. Durante las dos décadas posteriores, tales cambios se manifiestan fundamentalmente en un rejuvenecimiento por la ampliación de la base de la pirámide de edades como consecuencia de la disminución de la mortalidad en la niñez y el aumento de la natalidad debido a la reducción de la mortalidad materna. Posteriormente, a medida que el descenso de la fecundidad se inicia en un creciente número de países y la mortalidad continúa su tendencia decreciente, disminuye proporcionalmente la base de la pirámide de edades al mismo tiempo que aumenta lentamente la proporción de personas de edad avanzada. Así, entre 1950 y 1970 de 5,4% pasa a cerca del 7%, mientras que las estimaciones para el año 2025 señalan que alcanzará un porcentaje algo mayor del 12%. Es decir que entre 1950 y el año 2025 el grupo de las personas de 60 años y más aumentará a casi 11 veces su tamaño inicial. Por su parte, la población total de la región sólo será de 4,7 veces mayor. Las tendencias señaladas previamente para Latinoamérica presentan, sin embargo, una gran diversidad en la evolución de los indicadores del mencionado proceso en los diferentes países. Así, de la población de veinte de ellos, según su estructura por edades, ya en 1950 sólo cuatro: Argentina, Cuba, Chile y Uruguay mostraban, de un modo inequívoco, un incipiente proceso de envejecimiento el que se hizo más notorio en 1970 y continúa con una clara tendencia a aumentar. En lo que respecta a nuestro país, si nos basamos en el análisis de la situación según los indicadores de fecundidad, mortalidad y migraciones y, de no cambiar la dinámica poblacional, la población de la Argentina acelerará su envejecimiento. Las estimaciones del Instituto Nacional de Estadísticas y Censo (INDEC) para el año 2000 que se ajustan al total nacional de la proyección 1970-2025 reflejan, por un lado, un decrecimiento absoluto y relativo en el grupo de 0-14 años, un leve incremento en el de la edad activa (15-59) y un aumento significativo en los mayores de 60 años, con un 13,2% de personas de ese grupo de edad en el total de la población. La esperanza de vida es utilizada como un índice resumido de mortalidad para realizar comparaciones entre países y dentro de los mismos. En nuestro país la esperanza de vida al nacer, en 1970, era de 62 años para los varones y de 67 para las mujeres y un promedio de 66 años para ambos sexos. En 1980, de acuerdo con las estimaciones del INDEC1 los guarismos eran de 73,1 y 66,4 años para mujeres y varones respectivamente y de 69,7 años para el total. En lo que respecta a la esperanza de vida a los 60 años, en el quinquenio 1985/1990 en la Argentina era de 16,7 años para los varones y de 20,7 años para las mujeres. Estas cifras se amplían si tomamos en cuenta el quinquenio 1995/2000 en el que dicha esperanza de vida será 17,1 y 21,1 años para cada sexo respectivamente. En la Argentina, la población mayor de 75 años ha crecido de un 20% a un 23% del total del grupo de 60 años y más, entre 1970 y 1980, y se prevé que esta relación crezca aún más hacia finales de siglo. O sea que, la curva de supervivencia se ha ampliado entre estos años debido al efecto combinado de la mayor esperanza de vida y la llegada a esa edad del grupo de 60-70 años.2 Para el año 2000, las proyecciones del Centro Latinoamericano de Demografía señalan que 3 de cada 4 personas mayores residirá en áreas urbanas. La distribución de la población de 60 años y más, en áreas urbanas y rurales, parece seguir el mismo patrón observado por la población total: el 83% de la población total del país es urbana y el 17%, rural. En cuanto a la población mayor de 60 años los guarismos son mayores: el 86% y el 14% por ciento respectivamente, aunque estos porcentajes difieren cuando analizamos las diferentes jurisdicciones. Un dato a tener en cuenta por su relevancia en orden a una intervención adecuada es que, según cifras de la Organización Mundial de la Salud, el 65% de las personas de 60 años y más son autoválidos, el 25% o 30% tienen alguna discapacidad pero con posibilidades de adaptación y el 5% restante están dementizados. Al respecto, y de acuerdo con cifras actualizadas a 1989, el porcentaje de personas de 60 años y más que están institucionalizadas en nuestro país no excede del 1% de ese grupo etario. Ello significa que la mayor parte de las personas de esa edad viven en la comunidad. La investigación demográfica del envejecimiento demuestra que la respuesta de la sociedad al problema del envejecimiento general de las poblaciones no ha sido lo suficientemente oportuna en relación a la época en que se produce la transición demográfica, ya que de alguna manera debió preverse el advenimiento de este fenómeno y sus probables consecuencias. Al respecto, es dado observar que:
Una observación semejante es hecha por el Ministerio de Salud y Acción Social al afirmar que:
Este planteamiento se hace más evidente si se tiene en cuenta que los factores demográficos mencionados se vinculan con valores socioculturales que acentúan la imagen de una vejez inactiva y, por lo tanto, improductiva. Todo lo cual lleva a agravar la situación. Los cambios en la estructura por edades de la población, concomitantes con el proceso de envejecimiento, tienen importantes repercusiones potenciales para el mejoramiento de la calidad de vida de las personas por su incidencia en las áreas específicas de salud, empleo, vivienda, educación y seguridad social. Objetivo del trabajo El presente trabajo tiene por objetivo identificar desde la perspectiva educativa, la problemática resultante del progresivo envejecimiento de la población. Este fenómeno demográfico tiene repercusiones políticas, económicas y socioculturales no sólo para el grupo etario integrado por las personas de 60 años y más, sino también para la sociedad en su conjunto y cada persona en particular. Es un supuesto básico del estudio que los factores ambientales, físicos, culturales y sociales en interacción recíproca, ejercen un papel sustancial en la conducta y en la salud de las personas a lo largo de la vida y más específicamente en edades avanzadas. Durante la vejez, la persona experimenta una serie de situaciones difíciles y/o nuevas a las que ha de adaptarse adecuadamente. Esto depende tanto de sus propias habilidades en el manejo y control de las mismas como del apoyo social que la comunidad le brinde. Se considera ineludible tomar conciencia de mitos y prejuicios arraigados y reforzados por el modelo médico prevalente que asimilan la vejez con enfermedad, deterioro, desgaste, minusvalía y déficit. Para ello, se trata de contraponer una concepción del desarrollo humano que, partiendo de la dinámica y el devenir de la existencia, la valore como una etapa más de la vida con características propias, positivas, potenciables y entrenables. La concepción de envejecimiento y de vejez asumida en el trabajo, lleva correlatos prácticos en términos educativos y preventivos. Se tiende así a lograr óptimos niveles de autorrealización de las personas de edad para que sigan interviniendo en el ambiente en que viven, independientes y útiles a sí mismos y a los demás. Se trata, igualmente, de poner en manifiesto que una sociedad o comunidad que no respete y potencie la participación de las personas de edad, constituye un conjunto de seres humanos que niegan una etapa de sí mismos. Asimismo, se intenta justificar que:
O, dicho según la antropología postulada por V. Frankl, que un objetivo válido a ser planteado en educación es llevar al hombre hasta donde puede llegar de una manera autónoma, a sus tareas más auténticas y encontrar el sentido, ahora ya no anónimo sino más bien singular y único de su vida ya que no debe interesarnos solamente el que vivamos y sobrevivamos sino para qué y cómo llevar adelante con sentido esta vida. En este trabajo se procura reflexionar acerca de la existencia como un continuo y del tiempo de vida como posibilidad para la realización personal nunca acabada. Desde una concepción personalista se propone resignificar el ser viejo y descubrir el quehacer o las tareas de desarrollo que ello implica. No se pretende ahondar en una caracterización de la vejez como etapa de vida. Pero sí, revalorizarla en su propia realidad peculiar y significativa en sí misma y en razón de la vida personal como un todo. Se buscan los fundamentos antropológicos y teleológicos para una teoría pedagógica de la persona como sujeto educativo durante toda la vida, por derecho inalienable, implícito en su misma esencia. Una Pedagogía concebida como reflexión teórica permitirá una praxis(*) educativa en la vejez lo cual significa reconocer las posibilidades y condiciones disponibles en esta etapa, en relación a una formación personal permanente e inacabada. En la educación entendida como praxis aparece la persona como obra de sí misma (entendiendo obra como realización que el hombre debe efectuar actuando él mismo) y que nunca termina sino que se pro- longa a lo largo de toda la vida humana (quo praxis). (Böhm, Teoría y praxis 68). Ante la complejidad y urgencia de la problemática del envejecimiento personal y social, si bien se reconoce ya la necesidad de una participación interdisciplinaria, la Pedagogía no ha dado una respuesta acabada desde su perspectiva particular. El presente trabajo abre una nueva línea de investigación pedagógica, desde una interpretación personalista del envejecimiento humano y de sus repercusiones tanto en la vida de las personas como en la sociedad en su conjunto. Consideraciones metodológicas El estudio ha sido abordado como un tratado de carácter teórico con aportaciones para la praxis consecuente. Los hechos que son fácticos son extraídos de la documentación analizada.(**) Teniendo presente el objetivo planteado, se siguió el siguiente camino durante las diferentes etapas de la investigación:
Tal concepción frente a la vejez entendida como una etapa más en la vida de las personas y no como un estado nos aleja de nuestro propósito porque:
El estudio teórico se realizó a la luz de tres perspectivas: el personalismo, la teoría psicológica del desarrollo humano y el análisis existencial de V. Frankl. Del conjunto de teorías educativas se optó por la línea del personalismo7 por considerar que es la que nos permite sustentar el proceso educativo siempre inacabado de la persona, justificar el valor y dignidad de la vejez y de sus posibilidades formativas. La teoría de la psicología del desarrollo escogida8 nos lleva a sostener la posibilidad de un enfrentamiento activo con la oportuna situación vital que equivale al desarrollo en el sentido de una modificación de las vivencias y el comportamiento humano en el curso de un proceso vital que abarca desde el nacimiento hasta la muerte. Al aproximarnos al análisis existencial,9 la Logoterapia de V. Frankl destaca la dimensión noética de la persona (espíritu, logos) por la que puede oponerse a los condicionamientos biológicos, psicológicos y sociales y orientarse hacia el sentido único y singular en la situación concreta de la vida.
Las fuentes de información a las que se recurrió para llevar a cabo el objeto de estudio de este trabajo fueron:
Delimitación del estudio En base a lo señalado precedentemente se pueden reconocer tres grandes subgrupos en esa población etaria:
Este estudio se circunscribe al primero de los subgrupos señalados por considerar que:
Con la ampliación de la esperanza de vida (75/80 años) se dan 15 ó 20 años de vida después de los 60 que no sólo justifican sino que hacen imprescindible contar con espacios de participación para ese sector de la población que respondan a una nueva concepción de vejez fundada en investigaciones multidisciplinarias (gerontológicas, psicológicas, sociales, pedagógicas). Una educación centrada en la persona debe atender a su formación a lo largo de la vida, por lo tanto debe prever acciones educativas en la vejez sana o normal. En consecuencia, surgen preguntas fundamentales ante la cuestión:
Desde los aportes teóricos integrados en una teoría de la formación de la persona se sustentan los fundamentos para una praxis pedagógica derivada del complejo y acuciante planteo que presenta el envejecimiento personal y social a la convivencia personalizante en nuestra realidad cultural actual. De acuerdo con lo explicitado previamente, la investigación desarrollada pretende presentar los fundamentos antropológicos y teleológicos de principios y criterios que justifiquen una propuesta educativa con doble intencionalidad:
El grado de interés y la importancia actual del tema de estudio y de la investigación emprendida se originan en:
En consecuencia, se abordará al envejecimiento humano desde su multipolaridad, apareciendo a modo de ejes de significativa importancia tres núcleos centrales:
Esos tres aspectos nos permitirán integrar las múltiples variables personales y sociales que se entrecruzan e interactúan. Dichos temas serán considerados en la primera parte del trabajo con el objeto de analizar las nociones fundamentales y las diferentes facetas vinculadas con la problemática del envejecimiento humano. La segunda parte, tratará de responder sobre cuáles son las derivaciones pedagógicas del proceso de envejecimiento individual en el marco social y cuál es la función de la educación en el concierto de las otras ciencias desafiadas por esa problemática. Así, pasaremos a considerar las dimensiones esenciales de toda teoría pedagógica. Nos detendremos en la dimensión antropológica de la pedagogía y de la educación procurando iluminar el campo reflexivo desde una perspectiva personalista. La dimensión teleológica nos ayudará a discernir acerca de los objetivos educativos en la vejez y justificar así una propuesta educativa para la problemática del envejecimiento humano. El cómo lograr las respuestas que permitirán delinear una perspectiva integradora y también especificar algunos principios y criterios, vendrá dado desde la reflexión metodológica.
NOTAS 1. INDEC, Proyección de población 1970-2025 (Buenos Aires: Instituto Nacional de Estadística y Censo, 1986). 2. Según datos de los Censos Nacionales de Población y Vivienda 1970 y 1980. 3. María C. Ruiz Migliora, El envejecimiento poblacional argentino. Procesos etnodemográficos y consecuencias socioeconómicas. 1970-1980, Revista Argentina de Geriatría y Gerontología 8 (1988): 163. 4. Ministerio de Salud y Acción Social, Instituto Nacional de Estadística y Censo, Programa Nacional de Estadísticas de Salud, Sistema Estadístico Nacional, Indicadores de salud y condiciones de vida para el grupo de población de 60 y más años1985-1986, 8.8 (Buenos Aires: Dirección de Estadísticas de Salud, 1990). 5. H. Thomae, Psychologie, Wege zur Pädagogischen Anthropologie, Dir. A. Flitner (Heidelberg: 1963) 88. 6. Ursula Lehr, Psicología de la senectud, 2a ed. (Barcelona: Herder, 1988) 94. 7. Para ello se trabajó preferentemente con los aportes del pensamiento personalista de E. Mounier, G. Marcel, M. Buber, W. Böhm. 8. Se destacan en ese sentido los aportes a la concepción de desarrollo humano sustentada por autores como Erikson, Havighurst, Thomae, Lehr. 9. El análisis existencial se enraiza en el pensamiento de autores tales como: Husserl, Scheler, Jaspers, Heidegger, Buber, Freud, Adler, Binswanger, Allers. * Se usa el término praxis para distinguir el actuar responsable, independiente, que surge de la reflexión sobre la acción orientada hacia la realización de la persona, de la práctica entendida como un hacer o producir que busca un resultado. La praxis entendida como actuar humano tiene su sentido en sí misma y se hace plena en su misma realización. Siguiendo a W. Böhm: el actuar en el sentido estricto de la palabra significa la actividad humana teniendo en cuenta su fin último, significa entonces acercársele o alejársele; en el sentido amplio significa la actividad que conduce al perfeccionamiento del ser humano, Teoría y praxis (México: OEA-Universidad Católica de Córdoba-CREFAL, 1991) 89. ** El interés por la indagación acerca del tema de estudio de este trabajo se inició en el curso de la Maestría en Educación con énfasis en Educación de Adultos que realizara en la Universidad de Costa Rica (1987-1989). Se concretó en Lineamientos para un modelo integral de educación de adultos de la tercera edad (Tesis de graduación) que incluyó un trabajo de campo y observación participante. Sus conclusiones son consideradas antecedentes válidos para el presente estudio. |