INTRODUCCIÓN

Planteo de la situación

El proceso de transición demográfica que están experimentando los países de América Latina implica un paulatino proceso de envejecimiento de la población que se refleja en un aumento de la proporción de personas de edad avanzada. Las estructuras etarias de estos países fueron relativamente estables hasta alrededor de 1950 debido al mantenimiento de elevados índices de fecundidad y al lento descenso de la mortalidad. A partir de entonces comienzan a experimentar cambios significativos.

Durante las dos décadas posteriores, tales cambios se manifiestan fundamentalmente en un rejuvenecimiento por la ampliación de la base de la pirámide de edades como consecuencia de la disminución de la mortalidad en la niñez y el aumento de la natalidad debido a la reducción de la mortalidad materna.

Posteriormente, a medida que el descenso de la fecundidad se inicia en un creciente número de países y la mortalidad continúa su tendencia decreciente, disminuye proporcionalmente la base de la pirámide de edades al mismo tiempo que aumenta lentamente la proporción de personas de edad avanzada. Así, entre 1950 y 1970 de 5,4% pasa a cerca del 7%, mientras que las estimaciones para el año 2025 señalan que alcanzará un porcentaje algo mayor del 12%. Es decir que entre 1950 y el año 2025 el grupo de las personas de 60 años y más aumentará a casi 11 veces su tamaño inicial. Por su parte, la población total de la región sólo será de 4,7 veces mayor.

Las tendencias señaladas previamente para Latinoamérica presentan, sin embargo, una gran diversidad en la evolución de los indicadores del mencionado proceso en los diferentes países. Así, de la población de veinte de ellos, según su estructura por edades, ya en 1950 sólo cuatro: Argentina, Cuba, Chile y Uruguay mostraban, de un modo inequívoco, un incipiente proceso de envejecimiento el que se hizo más notorio en 1970 y continúa con una clara tendencia a aumentar.

En lo que respecta a nuestro país, si nos basamos en el análisis de la situación según los indicadores de fecundidad, mortalidad y migraciones y, de no cambiar la dinámica poblacional, la población de la Argentina acelerará su envejecimiento. Las estimaciones del Instituto Nacional de Estadísticas y Censo (INDEC) para el año 2000 —que se ajustan al total nacional de la proyección 1970-2025— reflejan, por un lado, un decrecimiento absoluto y relativo en el grupo de 0-14 años, un leve incremento en el de la edad activa (15-59) y un aumento significativo en los mayores de 60 años, con un 13,2% de personas de ese grupo de edad en el total de la población.

La esperanza de vida es utilizada como un “índice resumido de mortalidad” para realizar comparaciones entre países y dentro de los mismos. En nuestro país la esperanza de vida al nacer, en 1970, era de 62 años para los varones y de 67 para las mujeres y un promedio de 66 años para ambos sexos.

En 1980, de acuerdo con las estimaciones del INDEC1 los guarismos eran de 73,1 y 66,4 años para mujeres y varones respectivamente y de 69,7 años para el total. En lo que respecta a la esperanza de vida a los 60 años, en el quinquenio 1985/1990 en la Argentina era de 16,7 años para los varones y de 20,7 años para las mujeres. Estas cifras se amplían si tomamos en cuenta el quinquenio 1995/2000 en el que dicha esperanza de vida será 17,1 y 21,1 años para cada sexo respectivamente.

En la Argentina, la población mayor de 75 años ha crecido de un 20% a un 23% del total del grupo de 60 años y más, entre 1970 y 1980, y se prevé que esta relación crezca aún más hacia finales de siglo. O sea que, la curva de supervivencia se ha ampliado entre estos años debido al efecto combinado de la mayor esperanza de vida y la llegada a esa edad del grupo de 60-70 años.2

Para el año 2000, las proyecciones del Centro Latinoamericano de Demografía señalan que 3 de cada 4 personas mayores residirá en áreas urbanas. La distribución de la población de 60 años y más, en áreas urbanas y rurales, parece seguir el mismo patrón observado por la población total: el 83% de la población total del país es urbana y el 17%, rural. En cuanto a la población mayor de 60 años los guarismos son mayores: el 86% y el 14% por ciento respectivamente, aunque estos porcentajes difieren cuando analizamos las diferentes jurisdicciones.

Un dato a tener en cuenta por su relevancia en orden a una intervención adecuada es que, según cifras de la Organización Mundial de la Salud, el 65% de las personas de 60 años y más son autoválidos, el 25% o 30% tienen alguna discapacidad pero con posibilidades de adaptación y el 5% restante están dementizados. Al respecto, y de acuerdo con cifras actualizadas a 1989, el porcentaje de personas de 60 años y más que están institucionalizadas en nuestro país no excede del 1% de ese grupo etario. Ello significa que la mayor parte de las personas de esa edad viven en la comunidad.

La investigación demográfica del envejecimiento demuestra que la respuesta de la sociedad al problema del envejecimiento general de las poblaciones no ha sido lo suficientemente oportuna en relación a la época en que se produce la transición demográfica, ya que de alguna manera debió preverse el advenimiento de este fenómeno y sus probables consecuencias.

Al respecto, es dado observar que:

... en la Argentina, el tema del envejecimiento parece ser un área que no interesó en general a especialistas, planificadores y políticos. El intento sistemático para ocuparse del potencial social y económico del país y de los problemas ocasionados por el envejecimiento han sido muy pobres. Es sorprendente el hecho de que se haya tardado tanto en tener en cuenta esta problemática y detenerse a buscar soluciones racionales.3

Una observación semejante es hecha por el Ministerio de Salud y Acción Social al afirmar que:

... los efectos del fenómeno demográfico de progresivo envejecimiento de la población comenzaron a sentirse en Argentina como afligentes hace ya una veintena de años sin embargo la ausencia de políticas demográficas, sociales y económicas que previeran esos efectos, impedirán evitar muchas de sus ingratas secuelas.4

Este planteamiento se hace más evidente si se tiene en cuenta que los factores demográficos mencionados se vinculan con valores socioculturales que acentúan la imagen de una vejez inactiva y, por lo tanto, improductiva. Todo lo cual lleva a agravar la situación. Los cambios en la estructura por edades de la población, concomitantes con el proceso de envejecimiento, tienen importantes repercusiones potenciales para el mejoramiento de la calidad de vida de las personas por su incidencia en las áreas específicas de salud, empleo, vivienda, educación y seguridad social.

Objetivo del trabajo

El presente trabajo tiene por objetivo identificar desde la perspectiva educativa, la problemática resultante del progresivo envejecimiento de la población. Este fenómeno demográfico tiene repercusiones políticas, económicas y socioculturales no sólo para el grupo etario integrado por las personas de 60 años y más, sino también para la sociedad en su conjunto y cada persona en particular.

Es un supuesto básico del estudio que los factores ambientales, físicos, culturales y sociales en interacción recíproca, ejercen un papel sustancial en la conducta y en la salud de las personas a lo largo de la vida y más específicamente en edades avanzadas.

Durante la vejez, la persona experimenta una serie de situaciones difíciles y/o nuevas a las que ha de adaptarse adecuadamente. Esto depende tanto de sus propias habilidades en el manejo y control de las mismas como del apoyo social que la comunidad le brinde.

Se considera ineludible tomar conciencia de mitos y prejuicios arraigados y reforzados por el modelo médico prevalente que asimilan la vejez con enfermedad, deterioro, desgaste, minusvalía y déficit. Para ello, se trata de contraponer una concepción del desarrollo humano que, partiendo de la dinámica y el devenir de la existencia, la valore como una etapa más de la vida con características propias, positivas, potenciables y entrenables.

La concepción de envejecimiento y de vejez asumida en el trabajo, lleva correlatos prácticos en términos educativos y preventivos. Se tiende así a lograr óptimos niveles de autorrealización de las personas de edad para que sigan interviniendo en el ambiente en que viven, independientes y útiles a sí mismos y a los demás.

Se trata, igualmente, de poner en manifiesto que una sociedad o comunidad que no respete y potencie la participación de las personas de edad, constituye un conjunto de seres humanos que niegan una etapa de sí mismos.

Asimismo, se intenta justificar que:

... en la educación no se trata de un proceso de maduración al hilo del crecimiento sino de la ‘comisión u omisión’ de determinadas ‘tareas de desarrollo’ o de problemas típicos de la vida en determinadas edades ... propuestos a determinadas edades, en parte por la naturaleza y en parte por la sociedad.5

O, dicho según la antropología postulada por V. Frankl, que un objetivo válido a ser planteado en educación es “llevar al hombre hasta donde puede llegar de una manera autónoma, a sus tareas más auténticas y encontrar el sentido, ahora ya no anónimo sino más bien singular y único de su vida” ya que no debe interesarnos “solamente el que vivamos y sobrevivamos sino para qué y cómo llevar adelante con sentido esta vida”.

En este trabajo se procura reflexionar acerca de la existencia como un continuo y del tiempo de vida como posibilidad para la realización personal nunca acabada.

Desde una concepción personalista se propone resignificar el “ser viejo” y descubrir el “quehacer” o las “tareas de desarrollo” que ello implica. No se pretende ahondar en una caracterización de la vejez como etapa de vida. Pero sí, revalorizarla en su propia realidad peculiar y significativa en sí misma y en razón de la vida personal como un todo. Se buscan los fundamentos antropológicos y teleológicos para una teoría pedagógica de la persona como sujeto educativo durante toda la vida, por derecho inalienable, implícito en su misma esencia.

Una Pedagogía concebida como reflexión teórica permitirá una praxis(*) educativa en la vejez lo cual significa reconocer las posibilidades y condiciones disponibles en esta etapa, en relación a una formación personal permanente e inacabada.

En la educación entendida como praxis “aparece la persona como obra de sí misma (entendiendo obra como realización que el hombre debe efectuar  actuando  él  mismo)  y  que  nunca  termina sino  que  se pro- longa a lo largo de toda la vida humana (quo praxis)”. (Böhm, Teoría y praxis 68).

Ante la complejidad y urgencia de la problemática del envejecimiento personal y social, si bien se reconoce ya la necesidad de una participación interdisciplinaria, la Pedagogía no ha dado una respuesta acabada desde su perspectiva particular.

El presente trabajo abre una nueva línea de investigación pedagógica, desde una interpretación personalista del envejecimiento humano y de sus repercusiones tanto en la vida de las personas como en la sociedad en su conjunto.

Consideraciones metodológicas

El estudio ha sido abordado como un tratado de carácter teórico con aportaciones para la praxis consecuente. Los hechos que son fácticos son extraídos de la documentación analizada.(**)

Teniendo presente el objetivo planteado, se siguió el siguiente camino durante las diferentes etapas de la investigación:

1. Resistir de no caer en un tipo de paradigma asistencialista de la vejez que surge como consecuencia de un proceso de pensamiento y de una reflexión filosófica que traspasa el cuerpo social y coloca el “tener” por sobre el “ser”. Sociológicamente se ha producido una distorsión de la mirada con que se objetiva la vejez restando la capacidad útil que tiene. Se la asiste pero no se la valora, no se la respeta.

Tal concepción frente a la vejez entendida como una etapa más en la vida de las personas y no como un “estado” nos aleja de nuestro propósito porque:

a) está fundada en un modelo deficitario de envejecimiento, sustentado por teorías y supuestos ya superados en el estado actual de la investigación gerontológica;

b) no hace distinción entre envejecimiento patológico y envejecimiento normal, natural o “sano”;

c) cae en un reduccionismo al pretender explicar el proceso de envejecimiento por sus fundamentos biológicos y orientarse por teorías biológico-fisiológicas. Así el envejecimiento es limitado al sector propio de las ciencias médicas. Tal consideración destaca determinadas facetas del proceso de envejecimiento sin reconocer que el “proceso de cambio” que implica, afecta no sólo a las funciones somáticas, sino también a las psicoespirituales y a las estructuras sociales;

d) genera actitudes que son objetivantes de la persona al valorarla desde una visión de éxitos-fracasos sociales según parámetros cuantitativos;

e) pone límites y condicionamientos arbitrarios. Los programas destinados a personas mayores elaborados con una visión “asistencialista” no cubren los intereses y necesidades de un importante porcentaje de la población sana de 60 años y más; e

f) ignora la heterogeneidad en la vejez. Las investigaciones gerontológicas actuales muestran, en cambio, que la variable “edad” aparece como uno entre otros muchos determinantes de la capacidad de rendimiento intelectual. La comparación de los grupos que ponderan las posibles variables que intervienen, tales como: las dotes iniciales, la formación escolar, el entrenamiento profesional, el entorno estimulante, el estado de salud, la situación biográfica, las condiciones de motivación, hacen pasar a un segundo plano las diferencias de edad; pero, en cambio ponen en evidencia las diferencias considerables de rendimiento dentro de un mismo grupo de edad.6

2. Tratar de encontrar una base explicativa que permita dilucidar los supuestos teóricos que subyacen a un modelo alternativo (no asistencialista) y que en este estudio asumiremos como una teoría educativa centrada en la persona. Con ello se trata de contribuir a:

a) resignificar la vejez y sus posibilidades educativas;

b) descubrir el propio quehacer o tarea que como etapa vital presenta; y

c) superar mitos y prejuicios personales y sociales arraigados en una concepción funcionalista de la vejez como etapa de vida.

El estudio teórico se realizó a la luz de tres perspectivas: el personalismo, la teoría psicológica del desarrollo humano y el análisis existencial de V. Frankl.

Del conjunto de teorías educativas se optó por la línea del personalismo7 por considerar que es la que nos permite sustentar el proceso educativo siempre inacabado de la persona, justificar el valor y dignidad de la vejez y de sus posibilidades formativas.

La teoría de la psicología del desarrollo escogida8 nos lleva a sostener la posibilidad de un “enfrentamiento activo con la oportuna situación vital” que equivale al “desarrollo” en el sentido de una modificación de las vivencias y el comportamiento humano en el curso de un proceso vital que abarca desde el nacimiento hasta la muerte.

Al aproximarnos al análisis existencial,9 la Logoterapia de V. Frankl destaca la dimensión noética de la persona (espíritu, logos) por la que puede oponerse a los condicionamientos biológicos, psicológicos y sociales y orientarse hacia el sentido único y singular en la situación concreta de la vida.

3. La reflexión y síntesis de los aportes antes señalados permitió respaldar el análisis de las concepciones teóricas sobre vejez y envejecimiento en las diversas fuentes de información consultadas.

Las fuentes de información a las que se recurrió para llevar a cabo el objeto de estudio de este trabajo fueron:

a) específicas sobre envejecimiento y vejez desde las perspectivas social, económica, política, de salud, psicológica y educativa, para su comprensión totalizadora;

b) estadísticas de población y salud;

c) investigaciones empíricas sobre salud, salud mental, inteligencia y situación socio-económica; y

d) documentación de programas y cursos ofrecidos a las personas mayores obtenida mediante:

  • participación en Encuentros Nacionales de Programas Universitarios para Adultos Mayores (San Luis 1991; Mar del Plata 1992; Entre Ríos 1993);
  • información suministrada por responsables y participantes de los siguientes programas universitarios:
  • “Educación Permanente para Adultos Mayores” (E.P.A.M.) (Universidad Nacional de Tucumán).
  • “Programa Universitario para Adultos Mayores” (Universidad Nacional de Mar del Plata).
  • Cursos ofrecidos por el Departamento de la Mediana y Tercera Edad (Universidad Nacional de Entre Ríos).
  • “Aulas para el tiempo libre” (Universidad Nacional de Cuyo).
  • “Programa Educativo para Adultos Mayores” (Universidad Nacional de Río Cuarto). Con respecto a este programa se participó desde los inicios de la experiencia (1992) y se mantuvo la vinculación durante su organización y primera etapa de evaluación.
  • “Programa para la Tercera Edad” (Universidad Nacional de Córdoba).
  • entrevista informativa y material documental de la Fundación para la Atención Integral del Anciano y la Familia (FAIAF) sobre el proyecto: “Talleres para la Tercera Edad” iniciado en Córdoba-1984 centrado en una propuesta de trabajo social autogestionario; y
  • entrevista informativa con directores y visita a los Hogares de Día de la ciudad de Córdoba.

4. A partir del estudio realizado, se señalaron básicamente las siguientes consideraciones:

a) el conocimiento teórico de que el comportamiento en la vejez está determinado por la acción conjunta de varias causas, sobre todo por factores sociopsicológicos y ecológicos, franquea el camino a ciertas medidas de intervención. Un resultado importante de la investigación de los fundamentos de cualquier tipo de acción, es haber confirmado que el envejecimiento psicológico, es decir el comportamiento y las vivencias de la vejez sólo en una pequeña parte, está determinado de manera biológica. En cambio, está ampliamente motivado por factores ambientales, sociales y culturales;

b) la investigación gerontológica de los últimos años ya sea en el dominio de la Psicología, de la Medicina, de la Psiquiatría o de la Sociología da más peso aún a las exigencias de una gerontología diferencial;

c) el no haber tenido en cuenta los aspectos particulares del proceso de envejecimiento se debe fundamentalmente a:

  • que las diferencias intraindividuales e interindividuales sólo se pueden captar mediante estudios longitudinales, costosos, largos y con grandes dificultades metodológicas;
  • falta de interés surgida de una concepción negativa de la vejez como etapa de vida; y
  • conocimiento insuficiente acerca del margen normal de variación de las formas de envejecimiento, así como sus múltiples y diversos condicionamientos.

d) la toma de conciencia de la estructura pluridimensional de los determinantes que condicionan la adaptación intelectual, social y afectivo-emocional que supone el “hacerse viejo”. Este proceso que se manifiesta de un modo distinto intraindividual e interindividualmente posibilita predecir e influir en el proceso de envejecimiento, sin ignorar la presencia de sus variantes individuales;

e) considerar a la vejez como un proceso diferencial y no como estado permite derivar consecuencias significativas;

f) por tratarse de un proceso dilatado, en él intervienen un número considerable de factores de todo tipo que lo van configurando diversamente. Algunas variables producirán efectos acumulativos, otras, compensatorios. Como resultado, las personas en las últimas etapas de la vida presentarán una serie de características singulares muy acusadas; y

g) una concepción pluridimensional y comprensiva es la que da lugar a una elaboración completa y global de programas sociales y educativos para superar mitos y estereotipos infundados y construir una nueva imagen social sobre la vejez como una etapa más del desarrollo humano con características y significados propios.

Delimitación del estudio

En base a lo señalado precedentemente se pueden reconocer tres grandes subgrupos en esa población etaria:

1. El de las personas sanas o competentes, que pueden continuar su vida de manera autónoma, independiente y participativa;

2. El de las personas enfermas con algún grado de deterioro en ciertos aspectos bien delimitados; y

3. El de las personas imposibilitadas física, psíquica y/o socialmente.

Este estudio se circunscribe al primero de los subgrupos señalados por considerar que:

  • es un porcentaje importante de esa población;
  • va en aumento según la tendencia de la esperanza de vida al nacer y en la edad de 60 años y más;
  • está desatendido como grupo por la complejidad que presenta en su demanda actual;
  • las personas resuelven su situación, en general, de manera individual; y
  • si bien se reconoce como un problema multi e interdisciplinario, el enfoque educativo como tal ha estado ausente en las políticas asumidas al respecto.

Con la ampliación de la esperanza de vida (75/80 años) se dan 15 ó 20 años de vida “después de los 60” que no sólo justifican sino que hacen imprescindible contar con “espacios” de participación para ese sector de la población que respondan a una nueva concepción de vejez fundada en investigaciones multidisciplinarias (gerontológicas, psicológicas, sociales, pedagógicas).

Una educación centrada en la persona debe atender a su formación “a lo largo” de la vida, por lo tanto debe prever acciones educativas en la vejez sana o normal.

En consecuencia, surgen preguntas fundamentales ante la cuestión:

  • ¿Es posible generar pautas educativas que acompañen y apuntalen el envejecimiento humano?
  • O, más precisamente, ¿es posible una Pedagogía que reflexione y dé respuesta ante la vejez como etapa de vida?
  • De ser así, ¿qué consecuencias se derivan con respecto a una educación en la vejez?

Desde los aportes teóricos integrados en una teoría de la formación de la persona se sustentan los fundamentos para una praxis pedagógica derivada del complejo y acuciante planteo que presenta el envejecimiento personal y social a la convivencia personalizante en nuestra realidad cultural actual.

De acuerdo con lo explicitado previamente, la investigación desarrollada pretende presentar los fundamentos antropológicos y teleológicos de principios y criterios que justifiquen una propuesta educativa con doble intencionalidad:

  • en lo social: apunte a conseguir “espacio propio” para las personas mayores a partir del reconocimiento social de intereses, necesidades y expectativas;
  • en lo personal: tienda a revalorizar la llamada “tercera edad” como una etapa de la vida con sentido y valor propio y que cada uno deba prepararse para vivirla conforme a las posibilidades que como ciclo del desarrollo humano presenta.

El grado de interés y la importancia actual del tema de estudio y de la investigación emprendida se originan en:

  • la necesidad de salvar la unilateralidad de la concepción de envejecimiento que se manifiesta tanto en el discurso teórico con base en un modelo médico o biologista, como en las acciones emprendidas con tendencia político-administrativas, económicas y sociológicas. Ante ello, contraponer una interpretación pedagógica de la vejez centrada en la persona y sus posibilidades formativas;
  • interpretar que una teoría pedagógica con tal intencionalidad debe partir del esclarecimiento acerca del sentido personal y social que tiene el envejecimiento y la vejez considerados en todas sus dimensiones;
  • resignificar el “ser viejo” para nuestra cultura y sociedad actual e identificar las características, condiciones y valores que presenta como etapa de la existencia humana entendida como un continuum; y
  • falta de investigaciones, desde la teoría pedagógica y sus derivaciones educativas.

En consecuencia, se abordará al envejecimiento humano desde su multipolaridad, apareciendo a modo de ejes de significativa importancia tres núcleos centrales:

1. La salud en estrecha vinculación con bienestar y calidad de vida.

2. El trabajo o “quehacer” entendido como proyección del ser persona y una de las vías por la cual la vida adquiere sentid.

3. El desarrollo humano como un continuo marcado por fases o etapas que, si bien cada una de ellas tiene su propia razón de ser, adquieren su sentido pleno cuando son explicadas desde la existencia personal como totalidad.

Esos tres aspectos nos permitirán integrar las múltiples variables personales y sociales que se entrecruzan e interactúan. Dichos temas serán considerados en la primera parte del trabajo con el objeto de analizar las nociones fundamentales y las diferentes facetas vinculadas con la problemática del envejecimiento humano.

La segunda parte, tratará de responder sobre cuáles son las derivaciones pedagógicas del proceso de envejecimiento individual en el marco social y cuál es la función de la educación en el concierto de las otras ciencias desafiadas por esa problemática.

Así, pasaremos a considerar las dimensiones esenciales de toda teoría pedagógica.

Nos detendremos en la dimensión antropológica de la pedagogía y de la educación procurando iluminar el campo reflexivo desde una perspectiva personalista.

La dimensión teleológica nos ayudará a discernir acerca de los objetivos educativos en la vejez y justificar así una propuesta educativa para la problemática del envejecimiento humano.

El cómo lograr las respuestas que permitirán delinear una perspectiva integradora y también especificar algunos principios y criterios, vendrá dado desde la reflexión metodológica.

 

NOTAS

1. INDEC, Proyección de población 1970-2025 (Buenos Aires: Instituto Nacional de Estadística y Censo, 1986).

2. Según datos de los Censos Nacionales de Población y Vivienda 1970 y 1980.

3. María C. Ruiz Migliora, “El envejecimiento poblacional argentino. Procesos etnodemográficos y consecuencias socioeconómicas. 1970-1980”, Revista Argentina de Geriatría y Gerontología 8 (1988): 163.

4. Ministerio de Salud y Acción Social, Instituto Nacional de Estadística y Censo, Programa Nacional de Estadísticas de Salud, Sistema Estadístico Nacional, Indicadores de salud y condiciones de vida para el grupo de población de 60 y más años—1985-1986, 8.8 (Buenos Aires: Dirección de Estadísticas de Salud, 1990).

5. H. Thomae, “Psychologie”, Wege zur Pädagogischen Anthropologie, Dir. A. Flitner (Heidelberg: 1963) 88.

6. Ursula Lehr, Psicología de la senectud, 2a ed. (Barcelona: Herder, 1988) 94.

7. Para ello se trabajó preferentemente con los aportes del pensamiento personalista de E. Mounier, G. Marcel, M. Buber, W. Böhm.

8. Se destacan en ese sentido los aportes a la concepción de desarrollo humano sustentada por autores como Erikson, Havighurst, Thomae, Lehr.

9. El análisis existencial se enraiza en el pensamiento de autores tales como: Husserl, Scheler, Jaspers, Heidegger, Buber, Freud, Adler, Binswanger, Allers.


* Se usa el término praxis para distinguir el actuar responsable, independiente, que surge de la reflexión sobre la acción orientada hacia la realización de la persona, de la práctica entendida como un hacer o producir que busca un resultado. La praxis entendida como actuar humano tiene su sentido en sí misma y se hace plena en su misma realización. Siguiendo a W. Böhm: “el actuar en el sentido estricto de la palabra significa la actividad humana teniendo en cuenta su fin último, significa entonces acercársele o alejársele; en el sentido amplio significa la actividad que conduce al perfeccionamiento del ser humano”, Teoría y praxis (México: OEA-Universidad Católica de Córdoba-CREFAL, 1991) 89.

** El interés por la indagación acerca del tema de estudio de este trabajo se inició en el curso de la Maestría en Educación con énfasis en Educación de Adultos que realizara en la Universidad de Costa Rica (1987-1989). Se concretó en “Lineamientos para un modelo integral de educación de adultos de la tercera edad” (Tesis de graduación) que incluyó un trabajo de campo y observación participante. Sus conclusiones son consideradas antecedentes válidos para el presente estudio.