4 de Abril de 2025
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Colección: INTERAMER
Número: 50
Autor: Inés Azar, Ed.
Título: El puente de las palabras. Homenaje a David Lagmanovich

BORGES Y ROA

Marta Gallo
University of California, Santa Barbara

La textura y el significado de Yo el Supremo son indudablemente muy diferentes de los de la obra de Borges.1 Pero, sin llegar al extremo de establecer un paralelo entre Roa Bastos y Pierre Menard, el autor del Quijote, me parece lícito señalar en YES2 algunos rastros de un palimpsesto borgeano. Después de todo, el mismo Roa (precisamente refiriéndose a Pierre Menard,3 y refutando el idealismo de Borges), al señalar (contra B.) la oposición dialéctica lectura/escritura, afirma que el ser mismo de un texto se reconoce y encarna en el ser del lector, aunque en un mismo texto, uno sea el que el autor escribió, y otro el que el lector lee.4

Por otro lado, la lectura que ahora intento (lectura de lectura de lectura), puede, como en el caso de espejos enfrentados, generar un vértigo de textos; para evitarlo, me limitaré a algunas observaciones relacionadas con el tema del doble que, como es obvio, aparece tanto en R. B. como en B.

La formulación “Yo el Supremo”, y sus transformaciones textuales sucesivas que luego se verán, constituyen una réplica de (y a) la de “Borges y yo”.5 En uno y otro caso, el tema es el doble: en B., como situación establecida pero en dinámico y ambiguo intercambio de identidades entre “Borges” y “yo”; en R. B., como proceso textual de desdoblamiento que a partir de un aparente centro en “yo” (el Supremo), se resuelve en la muerte textual de ese “yo”. Para B., la dualidad se plantea entre persona privada y persona pública; para R. B., en cambio, esa dualidad planteada por B. constituye el punto de partida para establecer otra entre persona “corpórea” (YES, 112) y “figura impersonal”, o, dicho de otro modo, entre persona temporal histórica, y no-persona atemporal.6

Ya a partir de la formulación del título (Yo el Supremo), la novela de R. B. disimula, y deja entrever, la dualidad pronominal YO/EL desplegada en el desarrollo del texto. En el curso de la narración, cuando el hablante es el Supremo, el pronombre de primera persona presenta variantes gráficas significativas: yo, Yo, YO. Escrito con minúscula (yo), el uso de ese pronombre es compartido por el Supremo con otros personajes. Escrito con la primera letra mayúscula (Yo), aunque no correspondería por estar en medio de oración, su referente es el Supremo como persona pública, autoritaria y ególatra, quizá su “desierta persona”: “Sólo Yo sé”, 29; “...Yo he acertado”, 113; “...si no soy Yo realmente el que va montado...”, 122; “Por ahora Yo puedo todavía”, 123; “¿No soy Yo en el Paraguay el Supremo Pelícano?”, 142.7 Escrito con todas las letras mayúsculas (YO), su referente es uno de los polos de la doble persona (YO/EL), su no-persona. YO oscila en su categoría gramatical según su funcionamiento en el texto: a veces se combina con la primera persona verbal (“YO no soy siempre YO”, 52); otras (cuando aparece en conjunción con EL), se combina con un verbo en primera del plural o se funde en un pronombre de primera persona plural: “El país entero respira por los pulmones de EL/YO... Nuestros pulmones...”, 124; “YO/EL tenemos...”, 129. Otras veces, aparece con un verbo en tercera persona, o sea despersonalizado: “YO es EL, definitivamente”, 450; y aun más, sustantivado como término de preposición: “Es EL quien sale de YO”, 449.

El triple comportamiento gráfico y el múltiple comportamiento sintáctico corresponden a diferentes etapas de transformación textual de Yo el Supremo: persona privada (yo); pública, la que detenta el poder (Yo); finalmente, frente a estas dos formulaciones anteriores que figuran diferentes aspectos de la persona temporal histórica, el YO, la no-persona, atemporal, si se funde con EL (la “figura impersonal”, 112) en una primera persona plural verbal, solo es para quedar finalmente obliterada por EL; en última instancia, para que se ponga de manifiesto que quien es y permanece (como Dios), es EL, en el revés de la trama de la historia, la raza del tirano. De manera que en el proceso textual yo - Yo - YO - YO/EL - representan (actúan) el acrecentamiento de la persona que crece por sí misma y engendra su propia obliteración, o aniquilación.8 Como puede verse, la formulación “Borges y yo”, convertida en “YO/EL” en R. B., por una serie de transformaciones textuales se resuelve en la impersonalidad de “EL”; mientras que en B. se mantiene la indeterminación, R. B. la retoma para llevarla a sus últimas (quizá debería decir penúltimas) consecuencias.

Podría establecerse también un paralelismo entre la formulación “Borges y yo”, y la del título de este trabajo, “Borges y Roa”; sin embargo, lo que me interesa es la correspondencia entre “Borges y yo”(equivalente a él/yo), y “Yo el Supremo” (YO/EL), la primera forma como núcleo generador de la segunda. “Yo el Supremo” repite la formulación borgeana invirtiéndola (él/yo—yo/él).9 Pero si bien hay repeticiones estériles, como la de Sísifo, otras compulsivas como las que estudia Freud, o algunas rituales, hay otras (como esta de Roa), que no lo son sino por la obsesión de otra cosa, de una diferencia, o aun de una contradicción o negación de lo repetido.10

Sub-versiones de Borges en YES

Como ya he señalado, el yo textual en YES se despliega en diferentes grafías que significan diferentes personas del Supremo. Su discurso sobre sí mismo subraya una identidad oscilante entre la unidad y la escisión: “yo mismo”, “yo sólo”, “el único”, expresiones del Supremo que se reiteran en el texto, alternan con otras que reconocen su ser doble (“mi doble persona”, 353; “mi doble cuerpo ahogado”, 304); o aun con otras que declaran una contradicción entre la unidad y la pluralidad de su ser (“No somos uno. No somos dos”, 165).

El Supremo es a la vez único, y doble, y trino. Las tres variantes gráficas de su persona gramatical (yo, Yo, YO) despliegan una trinidad a veces aludida como divina por el discurso del Supremo, quien pretende emular a Cristo y se presenta así como una especie de inversión satánica del Dios cristiano:11

Nadie me quita la vida. Yo la doy. No imito en esto ni siquiera a Cristo.[...] Un Dios-Dios-Dios tres veces Ultimo-Primero, no lo es aunque pueda resucitar al Tercer Día. Aunque sea un Dios-Trinitario en Tres-Personas-Iguales-y-Distintas. (445)

Por otra parte, en cambio, el hechicero indígena que el Supremo consulta para curar sus achaques da una versión profana de la persona múltiple: “Todos los seres tienen dobles. Pero el doble del humano es uno y triple al mismo tiempo. A veces más” (184). Según su diagnóstico, el cuerpo del Supremo es ya un vacío sin alma, un “muerto-ser-continuamente”.

La analogía con el Dios cristiano que el Supremo se atribuye, y el diagnóstico del hechicero nivlaké, se complementan para dar la imagen desde dentro y fuera del personaje: alguien que crece y se acrece en sí mismo y de sí mismo, pero que es una forma hueca; lo que crece es su vacío.

La profusión de dobles en YES da la razón al hechicero que afirma que todos los seres, humanos y divinos, tienen dobles. Entre los muchos a los que el texto hace referencia, la voz del perro Héroe habla de una divinidad femenina cuyo doble es “el hombre con cabeza de pelícano” (142); esta y otras referencias al pelícano aluden abiertamente a Borges, sobre todo al repetir literalmente sus textos.12 Se menciona además un mito guaraní sobre hombres dobles y salen a colación los del Banquete platónico; estas alusiones preparan y hacen verosímil el episodio de los mellizos contra natura (parecidos a los seres dobles del mito platónico, o su parodia) que según Patiño han llegado nadie sabe de dónde, acompañados de una extraña gente que no parece de este mundo (426-430). De manera semejante a la invasión de objetos de otro mundo que ocurre en “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, pero con la diferencia que esta gente que no parece de este mundo no proviene, como en B., de un planeta utópico consignado en una enciclopedia; ahora, el invasor, aunque no menos fantástico, podría haber sido engendrado por la “impersonal persona” (57) de la que habla la Voz que continuamente interfiere el discurso del Supremo.13

Según el hechicero indio de YES, todos los seres, humanos y divinos, tienen dobles. También, y ahora según Augusto Roa Bastos (V. nota 4), todos los textos tienen dobles: el texto que el autor escribió, y el que cada lector lee.

En YES se da la dualidad textual muy borgeana supuesta en el autor que repite, lee escribiendo lo que otro leyó/escribió. Pero además en el texto de YES los múltiples desdoblamientos llegan casi al paroxismo: 1) La escisión que le confieren los dos hablantes paralelos fundamentales, el Supremo y el compilador. Esta escisión es sin embargo ilusoria porque quien escribe es la pluma mágica, tanto en el discurso del Supremo como en el del compilador; lo prueban las mismas huellas de la pluma que aparecen en la escritura de ambos, por ejemplo en los juegos de letras (<Bel-asco> por <Velazco>), y en los de palabras como el mismo ejemplo anterior o como “estilaba destilar” (323) que el compilador (o mejor, la pluma que fue del Supremo y ahora es del compilador) usa en aparente contaminación con el estilo del Supremo (Gallo 1984). 2) La relación dictador/escriba por la que gran parte del discurso del Supremo se presenta bajo la escritura de Patiño. 3) Paralelo al proceso dictado/escritura, en el diálogo con Patiño, la ausencia de señales que marquen el cambio de interlocutor subraya esa simbiosis; además, los monólogos del Supremo se escinden a veces en diálogos imaginarios con personajes ausentes (“Presencias ya pasadas. Presencias aún no llegadas”, 289), haciendo evidente, en “el lugar de la ausencia” (52), el gran vacío del destinatario, vacío ocupado por la voz, desdoblada, del Supremo.

En el texto de YES, como en los de Borges, también las palabras tienen dobles. A veces aparecen repetidas pero una de ellas con una adición (no orgánica) que, además de proponer una falsa derivación, hace de la otra una especie de imagen mutilada (“capa”/“escapa”, “años”/“desengaños”, “restos”/“arrestos”, “tinta”/“distinta”, etc.); esta mutilación genera otro ser, otra palabra, donde la parcial semejanza gráfica hace más evidente la total diferencia sintáctica o/y semántica. Otras veces, la escisión interna en la escritura de una palabra despliega una multiplicidad verbal que sigue siendo también unidad (“son-ido”, “con-vencer”, “sin-ceridad”, etc.). O bien, la homofonía pretende disimular la diferencia entre dos palabras haciéndolas aparecer como falsos dobles una de la otra (“...has dado al dado”, “Vino Belgrano acalorado por ese vino”, etc.). Los efectos de paronomasia, incluyendo el homeoteleuton, o de poliptoton (“apunto”/“apuntes”, “cuentos”/“cuentas”, “lacre”/“lacra”) hacen que dos palabras parezcan cada una parodia de la otra (“iniquidad”/“inequidad”, “revelación”/“revolución”, “ensotanados”/“ensatanados”, etc.).14

Estos juegos verbales de desdoblamiento y duplicación parciales o totales confunden los límites entre lo mismo y lo diferente, entre unidad y pluralidad. Las palabras del texto de YES dicen y se desdicen, como el Supremo (417), y como él podrían afirmar o negar: “No somos uno. No somos dos” (165). Los dobles de las palabras en el texto de YES repiten, como dice el perro Sultán al Supremo, el “eco de tu [su] ego seco” (418); después de todo, YO/EL vive, muere y resucita en las palabras (“Sepúltate en las letras”, le dice el perro Sultán, 421; también, 448).

Otra manera de desdoblar el texto de YES es el anagrama, reiterado en el discurso del Supremo sobre todo para raza/azar:

¡Ah corrector impostor! Raza no es igual a azar; no es una simple inversión de letras. Mi raza es la constelación que debo situar, medir, conocer en sus menores secretos, para poder conducirla. Formo parte de ella. (109)

El dominio del azar va a permitir a mi raza ser verdaderamente inexpugnable hasta el fin de los tiempos. (113)

“Raza” y “azar” ocurren, a veces, cada una separada y en diferentes contextos, pero siempre evocan su respectivo palíndromo.15 Otros anagramas como Idrebal por Alberdi, o Neso y seno reiteran, aunque de manera más inofensiva, el mismo o semejante procedimiento. Si se tiene en cuenta la importancia del azar para Borges, el palíndromo raza-azar aparece como solapado intento controversial.

Pero la inversión (y quizá todos los desdoblamientos textuales) trasciende en YES el nivel léxico y el gráfico para convertirse en clave de lectura: “al revés”, en el discurso del Supremo, se reitera significativamente (“memoria al revés” (11); “Hacer titánicamente lo insignificante es también una manera de obrar. Aunque sea al revés” (53); “Observas a través del lente: Ves el Crucero invertido; a la vez y del revés el mete-oro” (57); “Un cosmos vuelto del revés hacia lo infinitesimal...” (60); “Silencio al revés” (182); “...jinetes paraguayos vueltos del revés!” (244); “Veo, velo, revelo enigmas oscuros que sólo se pueden ver bien del revés...” (289) [dicho por Bonpland en diálogo imaginario del Supremo]; “Aunque también Su Merced suele decir con la misma verdad vuelta al revés” (320) [dicho por Patiño]; “Ante su empavorecido estupor tranqueo yo del revés y del derecho de una pared a otra, de una orilla a otra orilla, hecho una llama verde” (342); “Para ver bien las cosas de este mundo tienes que mirarlas del revés” (351); “...cosas que no se entienden ni del revés ni del derecho” (391); “...me sirvo de los malos ejemplos cuya lección al revés es ordinaria pero extraordinaria para dar buenos ejemplos del derecho” (399); “...en nuestro idioma se dice al revés” (425); “El punto en que lo absoluto empieza a tomar del revés la forma de la historia” (441); “Apuntarán tu inmovilidad con esos pilares al revés. Estalactitas creciendo sobre tu suprema impotencia” (455) [La voz (¿la pluma?) al Supremo]; “...al revés de los textos usuales...” (467) [en Nota final del compilador, que en otra nota a pie de página (215) dice hablando de los mecanismos de la pluma mágica: “La otra posibilidad es que se hayan vuelto del revés mostrando el reverso necesariamente oscuro de la luz.”]. El revés trasciende de la grafía de las palabras a la lectura de todos los signos. Y yo diría, sobre todo, y siempre, al revés de Borges.

Volviendo por el momento a la dualidad estrictamente textual, R. B. coincide (sobre todo “al revés”) con B. en muchos aspectos aparte de los ya señalados. También en B., como en R. B., se escinde el texto con notas a pie de página: a veces el narrador las usa para salir de la ficción (“El zahir”, “Tres versiones de Judas”); otras, la voz de un comentador desdobla la voz narrativa (“La casa de Asterión”, “Deutsches Requiem”, “El jardín de senderos que se bifurcan”); otras veces (“El hombre en el umbral”) la escritura no pertenece al hablante sino a la mano de un escriba que repite lo dicho por aquél; o bien quien escribe es un copista de otra escritura (“El inmortal”). En “Pierre Menard autor del Quijote” se comenta la dualidad de dos textos que, aunque exactamente iguales, son radicalmente diferentes, y uno palimpsesto del otro. Estas escisiones tienden a recalcar la exigua autoridad de cualquier texto; para B., nadie dice sino repite. Para R. B., tampoco nadie dice sino la pluma, o el lenguaje mismo; pero en ese lenguaje se señala, más que la ausencia de autoridad, la presencia de esa ausencia, y sobre todo, la autonomía del lenguaje.

También B., como R. B., se esmera en revelar un doble de las palabras, pero en una dimensión diferente, sin establecer la dialéctica que R. B. provoca en el cuerpo mismo del texto. Así, las palabras pueden significar, para B., además de lo que significan en su uso cotidiano, otra acepción inusual, aunque consignada en el diccionario: en “El muerto”, “caballo liberal” significa caballo “pronto para ejecutar cualquier cosa”, según la tercera acepción que el DRA admite, pero que casi nadie actualmente conoce ni usa; otras veces (“abyecto en el polvo”, o “laberinto perplejo”, o “arriesgado zaguán”) deben entenderse en su acepción etimológica. Las palabras recuperan así un doble que, al conferirles un espesor temporal, las enriquece con un pasado, o bien con un latente uso actual casi olvidado pero todavía presente en el diccionario.

Si B. acumula un mundo en una palabra16 en cambio R. B. despliega en ella una dualidad que surge de la tensión provocada en el cuerpo gráfico de la escritura.

Hay en la escritura de YES una lectura sub-versiva de los textos de Borges: la sub-versión se lleva a cabo por inversión, o intensificación, o recontextualización; de alguna manera, el revés de Borges.

El Supremo y sus dobles: Correspondencias borgeanas

Como el texto, como las palabras del texto, como los pronombres, también la imagen del Supremo aparece en YES duplicada y desdoblada.

El Supremo reconoce la semejanza en las imágenes que lo duplican, pero es muy consciente de la diferencia de identidades. Así, ve que su hermana le devuelve su apariencia como en la luna de un espejo (13 y 14). Se ve también “retratado de cuerpo entero” (411) en su sirviente negro Joseph María cuando este, borracho, se viste con el uniforme de gala del Supremo e imita sus gestos y su voz; el Supremo reconoce en el negro la semejanza de su propia imagen pero a la vez siente desvanecer su identidad, mientras duplica la duplicación, convertido así en parodia de la parodia de sí mismo (“Me salen ahora a mí las órdenes con la voz del negro”, 411).

Por otro lado, Patiño se refiere a una figura de cera hecha a imagen y semejanza del Supremo y cuyo efecto oscila ambiguamente entre el ridículo de un fantoche y el culto, paralelo e inverso a la veneración que se rinde a las imágenes sagradas. Un fantoche semejante aparece en “La forma de la espada” (Borges 1956, 135): “Esa tarde, en la plaza vio [Moon] fusilar un maniquí por unos borrachos”. El Supremo, a su vez, ve quemar un muñeco que lo representa.

También duplican, o intentan duplicar la imagen del Supremo, los retratos (pintados y escritos) cuya falta de fidelidad al original provoca su rechazo porque no reconoce en ellos ni sus rasgos físicos ni la indumentaria que corresponda a su investidura (100).

Inmediatamente anterior a la secuencia de los retratos, el Supremo ve, o cree ver, reflejado en la luna de un espejo, un “espectro con cara de momia” que repite sus movimientos (99): no la reconoce como su imagen, aunque sí la considera una inquietante emanación de sí mismo (“Monstruos. Animales quiméricos. Seres que no son de este mundo. Viven clandestinamente dentro de uno. A veces salen, se distancian un poco para acecharnos mejor”). Ya no se trata aquí de duplicación sino de desdoblamiento: el Supremo busca su semejanza en las imágenes que lo duplican; en el desdoblamiento dado por la imagen en el espejo, considera esa imagen como un monstruo emanado de su ser pero ajeno a él. También en B. el rostro reflejado en el espejo es siempre el de otro, aunque no emanación de quien se contempla en la luna especular.

Otra clase de duplicación del Supremo se da en las referencias a su doble nacimiento. En sus juegos macabros con un viejo cráneo desenterrado, el muchacho que será el Supremo dice: “Nacer es mi actual idea” (155); o cuando como un nuevo Moisés surge del cesto en el agua barrosa: “¿Nacía? Nacía. Para siempre extraviado del verdadero lugar, se quejaron mis primeros vagidos” (309). En ese segundo nacimiento se produce la encarnación de EL, la “figura impersonal” en la “persona corpórea”. En Borges (1956, 42), en “El acercamiento a Almotásim”, se dice que “el alma de un antepasado o maestro puede entrar en el alma de un desdichado, para confortarlo o instruirlo”. Algo semejante, pero en un sentido inverso, ocurre en este segundo nacimiento buscado por el Supremo; aquí son además evidentes las connotaciones con Narciso, y la inversión del mito: Narciso muere en el agua, o se transforma en flor; el Supremo nace del agua, o emana como reflejo de los espejos que ve en el centro de las victorias regias, es decir, renace de una flor.17

El episodio de los juegos con el cráneo desenterrado, que el Supremo cuando niño pone en una caja de fideos (“Metí el cráneo en la caja de fideos. La llevé a ese lugar del futuro para mí ya pasado, adonde otros llevarán la caja con mi cráneo”, 166), establece un paralelo con el de los restos mortales del personaje histórico, el dictador Francia, cuyo cráneo será también guardado en una caja de fideos; cráneo cuya autenticidad, por otro lado, ha provocado controversias históricas a las que se refiere el Apéndice al hablar del “cráneo bicéfalo” del Supremo (462).

El discurso del Supremo declara su doble persona mucho más allá de lo que los pronombres a los que ya me he referido la representan (“...en el Supremo por lo menos hay dos. El Yo puede desdoblarse en un tercero activo que juzgue adecuadamente nuestra responsabilidad en relación al acto sobre el cual debemos decidir”, 24; también 57, 144, 353). Su mismo discurso parece contradecirse sin embargo cuando se refiere a la Sola-Persona (290), o al UNICO (49); (también 349 y 422). Las resonancias bíblicas de esta última expresión y de otras que hacen aparecer al Supremo como la inversión satánica de la trinidad cristiana hacen aceptable la paradoja.18 Además, alusiones a Narciso (“mi doble cuerpo ahogado”, 304) confieren a la doble persona del Supremo otras dimensiones que no se limitan al paralelo con la divinidad. Así, el negro Pilar, hablando con el Supremo sobre los astros, dice: “El sol gira en torno de su anillo ardiente y no necesita más alimento que el suyo propio. ¡Quién pudiera ser sol! ¿No, Señor? ¡Comerse tajadas de uno mismo!” (407). Hay también en Borges una relación solipsista semejante entre Asterión y el sol: “...pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado sol; abajo, Asterión” (Borges 1957b, 69).

Yo y El son iguales y distintos: el Supremo no se deja engañar por el “delirio de las semejanzas” (52): sabe que “YO no soy siempre YO. El único que no cambia es EL”. EL, como Asterión, o como el sol, o como Dios, o como Narciso.

Sin embargo, también dice más adelante: “Yo siempre he sido YO” (297), pero agrega “...es decir, cuantos dijeron YO durante ese tiempo, no eran otros que YO-EL, juntos”. En el transcurso del texto, YO y EL alternativamente se separan y se unen, es uno y son dos (o tres), son el mismo y el otro. Hay instancias en que YO y EL se enfrentan, en un conato de rivalidad, o mejor de desplazamiento de YO, que ve su lugar y su poder usurpados por EL (52, 103, y quizá 99); en otras instancias textuales, EL parece emanar de YO y esto ocurre significativamente en los dos momentos en que el Supremo está próximo a la muerte: la caída del caballo durante la tormenta y el incendio de su casa (422, 449).

La conjunción YO-EL, en una especie de plural mayestático (124, 135, 278, 297, etc.), aparece como epifanía de la persona que se acrece de sí misma (que se alimenta, como el sol, de sí misma), en el “sobreamor excesivo de la propia persona, que es la manera de odiar mortalmente en uno a todos” (290). Bonpland (o quizá en su voz, disimulada la Voz intrusa del texto) la define:

El gigantesco árbol del Poder Absoluto [...] No acabará esta especie maligna de la Sola-Persona hasta que la Persona-Muchedumbre suba en derecho de sí a imponer su derecho sobre lo torcido y venenoso de la especie humana. (290)

Ya casi al final del texto, y poco antes de que el Supremo quede definitivamente despojado de su voz (después de volver a su “yo” minúsculo, o en minúscula), EL vuelve a separarse de YO: “Reaparece. EL está ahí [...]. Durante doscientos siete años me escruta en un soplo al pasar. Ojos de fuego. YO, haciéndome el muerto” (451). Quien queda, permanece, es EL:19 “YO es EL, definitivamente.[...] Farsa. Parodia. Pipirijaina del Supremo-Payaso” (450).

El lugar, o el no-lugar de la farsa es “el embudo del espejo”: en ese espejo el Supremo ve a EL (“Si cierro los ojos, continúo viéndolo repetido al infinito en los anillos del espejo cóncavo”, 52); o se ve (o cree verse) a sí mismo “doble en el embudo del espejo” (102). La Voz, que llegará a despojar al Supremo de su discurso ilusorio, declara ya casi al final del texto:

Emparedado en tu cóncavo espejo, has visto y seguirás viendo a un tiempo, repetido en sucesivos anillos hasta el infinito, la tierra en que estás acostado ensayando tu yacer último-último-primero [...]. Objetos que te rodean. La imagen espectral de tu raza dispersa como arena del desierto [...]. Sólo te falta caer en la fosa. En lo más hondo del embudo-espejo. (440)

“En esta perfecta cámara de espejos no se sabría cuál es el objeto real” (440), alcanza todavía a decir el Supremo. Irónicamente, él cree referirse a uno de sus muchos experimentos de “almastronomía”, pero detrás de su discurso, o fusionada en ese discurso, está siempre la Voz, y lo que dice el Supremo también lo dice la Voz aunque refiriéndose a otro embudo-espejo.

Por un lado, dicho por el Supremo, ese embudo-espejo coincide con la descripción de los mecanismos de la pluma mágica, invento del Supremo, que fue suya y luego ha pasado a ser del compilador. El discurso del Supremo y el del compilador se refieren a ella (210, 213, 214, 219, 273, 344, 345) como “portapluma-recuerdo”, “espejo-pluma-recuerdo”, “cachiporra de nácar”, etc. Según el Supremo, “este cristal de acqua micans empotrado en mi portapluma-recuerdo ofrece la redondez de un paisaje visible desde todos los puntos de la esfera” (219); creo evidente la conexión con el Aleph borgeano, cuento en el que Daneri está escribiendo un poema que pretende, en cierto modo como el Aleph mismo, “versificar toda la redondez del planeta” (Borges 1957b, 156). La relación borgeana Aleph-literatura se da en YES como espejo cóncavo (o juego de espejos de la pluma mágica) —escritura.

Por otro lado, esta pluma mágica, si es invención del Supremo, también es ilusoria; el Supremo y su mundo, sus inventos y experimentos son imágenes especulares surgidas de un “embudo-espejo”; luego hay otro espejo, otro embudo-espejo del que la pluma mágica es a su vez proyección; y, como dice el Supremo, en el fondo de ese embudo-espejo (de cualquiera de los dos) está el “punto en que lo absoluto empieza a tomar del revés la forma de la historia” (441), o “el punto, origen de la escritura”, “negación simétrica de la naturaleza” (69). La descripción del Aleph (Borges 1957b, 160) como “uno de los puntos del espacio que contienen todos los puntos” se parece mucho al “punto, origen de la escritura” de R. B. Según el Supremo, además, “las letras son como el azogue, producen imágenes” (249). La escritura, el lenguaje, es en YES el espejo original, el espejo del mundo. En el mundo del espejo se dice, al revés, en enigmas, ese otro mundo que sólo podemos ver a través de la luna especular.20

En resumen, en las duplicaciones de su imagen (su hermana, su sirviente negro, el fantoche que queman en la plaza, los retratos), el Supremo contempla las semejanzas y reconoce la diferencia de identidades; en el desdoblamiento de su persona (YO-EL) semejanza y diferencia se comportan de otra manera, como unidad dual inseparable pero también de imposible unificación.21 En la contemplación ante el espejo, tanto en B. como en R. B. se encuentran los antagonistas; sin embargo, el Supremo reconoce al antagonista reflejado en la luna especular como emanación nefasta de su propia persona; en cierto modo desenmascara así como conciencia desdichada el reflejo especular borgeano.

Los otros antagonistas: Borges y Roa

Tanto en R. B. como en B. se encuentran las mismas o semejantes piezas, los mismos o semejantes juegos de combinaciones textuales. R. B. repite a B. para poder refutarlo mejor.

Tanto en R. B. como en B. el texto se despliega con procedimientos semejantes; la voz narrativa alterna con la de un comentador o editor, en un contrapunto de voces. Pero R. B. radicaliza la escisión: ahora todo el texto se encuentra escindido por una Voz que nadie profiere sino el lenguaje mismo. Si B. intenta desautorizar el texto por la acumulación o superposición de autores, R. B. consigue la desubjetivización del hablante, hace del lugar del hablante el “lugar de la ausencia” (52), como también lo hace con el del destinatario. En “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” (Borges 1956, 27), “todas las obras son obra de un solo autor, que es intemporal y es anónimo”. Según el Supremo (445), “alguien dice algo porque otro ya lo ha dicho o lo dirá mucho después, aun sin saber que lo ha dicho ya alguien. Lo único nuestro es lo que permanece indecible detrás de las palabras”. Y detrás de las palabras, en YES, está la Voz, como versión (o sub-versión) de ese solo autor intemporal y anónimo borgeano.

Tanto para R. B. como para B. la diferencia entre lectura y escritura es ilusoria; pero según B. todos los textos son un texto; al revés, según R. B., un texto ya es dos textos (y esto es verdad de múltiples maneras en YES). También cada palabra es una y muchas para R. B. como para B.; pero R. B. desarma el cuerpo gráfico de la palabra, mientras que B. acumula un mundo en el cuerpo de cada palabra.

Tanto para R. B. como para B. todos los seres y todas las cosas se repiten, sobre todo al revés; quizá por esto la fascinación del espejo está presente en ambos. Para B., los reflejos especulares figuran las infinitas repeticiones cuyo origen se pierde en un infinito donde (si es posible o lógico atribuir un donde al infinito) quizá haya un dios que quizá se haya perdido en las infinitas repeticiones; el camino hacia la verdad es el que lleva hacia la luna del espejo, sin imágenes. Para R. B. en cambio, toda reflexión especular es figura de la reflexión de un mundo en el lenguaje, y en la literatura; el camino hacia la verdad es el que lleva hacia las imágenes que en inversión especular presentan la realidad bajo enigmas que quizá el hombre puede develar.

El yo y el otro obsesionan tanto el texto de B. como el de R. B. En B. el yo se mira en el espejo para “saber quién soy” (“Deutsches Requiem”, A 39); quien se mira en la luna del espejo entra en un momento de éx-(s)tasis, de (des)realización y revelación, pues al verse como otro se acerca a la verdad: según los filósofos de Tlön “hay un solo sujeto, [...] ese sujeto indivisible es cada uno de los seres del universo y [...] éstos son los órganos y máscaras de la divinidad. X es Y y es Z” (A 26). Es verdad que el “otro” es también en B. el antagonista, quizá porque ese otro siempre se interpone entre el yo y una revelación final que nunca llega, o que llega sólo en el momento de la muerte.

En R. B., en cambio, el “otro” (EL) se proyecta desde yo-Yo-YO, desde la persona que crece en sí misma y de sí, como el árbol del Poder Absoluto: “yo” es entonces el espejo desde el que se proyecta EL, y es a su vez proyección (ilusión) del espejo del lenguaje. El “otro”, es para B. un paso, y un obstáculo, hacia la divinidad, o, en todo caso, la divinidad misma; según el narrador de “Los teólogos”, los miembros de una secta herética imaginaron “que todo hombre es dos hombres y que el verdadero es el otro, el que está en el cielo” (Borges 1957b, 41). Para R. B., EL (el otro) es un falso dios, imagen especular en inversión satánica proyectada o emanada del yo; figura de ese otro, con un resabio de los autómatas de los cuentos de Hoffman, quizá sea el muñeco del Supremo que queman en la plaza, o la “forma hueca” a la que hace referencia el brujo indígena.

Si la unidad con el otro es el imposible deseo para B., esa unidad es para R. B. una posesión satánica del yo por EL. Si el tiempo es la imagen móvil de la eternidad para B., para R. B., a la inversa, la eternidad (EL) es la imagen inmóvil de un tiempo muerto.

“Borges y yo” despliega un solipsismo quizá inocuo. Yo el Supremo es su imagen especular que revela la dimensión satánica que puede encerrar un solipsismo.

El texto de YES, repitiendo a B., lo refuta. El tema del doble, tal como se presenta en ambos, lo demuestra. “Yo” y el “otro” se presentan en B. y en R. B. planteando oposiciones en apariencia semejantes: persona corpórea (yo)/figura impersonal (anónima en B.); tiempo/eternidad; pluralidad/unidad; ilusión/verdad.

R. B. despoja del misterio que B. atribuye a los segundos términos de estas dualidades al suprimir la correlación borgeana yo=humano, él=divino: para R. B. , el “otro” (EL) es emanación del yo, y no como para B. el primer soñador, el ausente centro de emanación o el punto de origen del mundo. En ese punto, en el lugar de la divinidad (según B.), se encuentra para R. B. el lenguaje, el lugar de la historia. La unidad (en el “otro”) y la eternidad (del “otro”), la imposible meta en B., son para R. B. atributos de EL y por lo tanto tan ilusorios como EL.

R. B. presenta en un juego de palíndromos en apariencia inofensivo la oposición raza/azar; de estos términos, sólo uno, azar, aparece en B., y con bastante frecuencia. Esta oposición introducida por R. B. hace gravitar en el texto la dimensión humana e histórica; las alusiones a Narciso y al narcisismo del Supremo aumentan esta gravitación.22

Varios tópicos borgeanos se encuentran repetidos y transformados en YES: el Aleph (en la pluma mágica); la invasión de objetos procedentes de Tlön (en la gente que llega con los mellizos contra natura, nadie sabe de dónde); el maniquí que Moon ve fusilar (en el fantoche del Supremo), la metempsicosis a la que se hace referencia en “El acercamiento a Almotásim” (en el segundo nacimiento, o reencarnación, del Supremo); el sol y Asterión (en la comparación del sol con la Sola-Persona que se alimenta de sí misma); el pelícano, el ave de la soledad para B. (recontextualizado en R. B. como emblema del tirano); el tigre, figura de la divinidad en B. (en el Supremo que mata al tigre que mató a su padre).23 Aunque la relación con el tema del doble no es central en algunos de estos casos para los textos de Borges, sin embargo en la repetición de R. B. se establece una convergencia hacia ese tema. En todo caso, resulta evidente la presencia de un palimpsesto borgeano. Casi como en “Los teólogos”, R. B. disputa contra B. usando los mismos argumentos o recursos textuales, siendo ahora el doble (en cierto modo, una versión de Dios) el tema de la controversia. La diferencia estriba en que, reflejados por R. B., los textos borgeanos revelan esa conciencia desdichada hegeliana.

 

NOTAS

1. Foster 1978, 118: “The assertion that the story manifests Roa’s interest in Borges’s concerns with the cyclical nature of time and the multiple nature of events are, however, unconvincing; both the texture and the underlying meaning of Roa’s story are far removed from Borges’s work.” Es verdad que Foster no se refiere a YES sino a un cuento de Roa, “La excavación”, y a comentarios de Rodríguez Alcalá sobre ese cuento (Foster 1978 y 1979; para Rodríguez Alcalá, Giacoman 1973, 155-168 y Pupo Walker, 1973).

2. Yo el Supremo, en adelante YES. Roa Bastos, 1974.

3. “Pierre Menard autor del Quijote”, Borges 1956.

4. Roa Bastos 1974, 8-10.

5. Borges 1960.

6. Andreu (1976) se refiere a estos desdoblamientos de la persona del Supremo; son también interesantes los comentarios de A. Sicard que siguen el estudio de Andreu. Pacheco (1986) trata específicamente la dualidad YO/EL, aunque con otro enfoque diferente del que aquí presento. También, con el riesgo que implica cualquier descontextualización, podría aplicarse al desdoblamiento (o a los desdoblamientos) que aparecen en YES algunas observaciones de Deleuze (1968, 358): “Toute chose a comme deux ‘moitiés’, impaires, dissymétriques et dissemblables, les deux moitiés du Symbole, chacune se divisant elle-même en deux: une moitié idéelle plongeant dans le virtuel, et constituée, d’une part, par les rapports différentiels, d’autre part, par les singularités correspondantes; une moitié actuelle, constituée, d’une part, par les qualités actualisant ces rapports, d’autre part, par les parties actualisant ces singularités. C’est l’individuation qui assure l’emboîtement des deux grandes moitiés non semblables”. O también (367), que “...la répétition matérielle a un sujet passif et secret, qui ne ait rien, mais dans lequel tout se fait”.

7. La mención del pelícano en el texto de Roa es muy posiblemente eco de lo que Borges dice sobre esta ave en su Manual de zoología fantástica; así, Borges (1957a, 118): “La imagen del pelícano es habitual en la heráldica eclesiástica y todavía la graban en los copones”. En YES, el perro Héroe, refiriéndose a la “imagen pelícana” del Supremo, dice: “Los capones la grabarán en los copones litúrgicos” (142). Otro eco de zoología fantástica borgeana (Borges 1957a, 100) es el mantícora: en YES (317) el Supremo dice: “Cacé una vez un ejemplar del animal llamado mantícora, / gigantesco león rojo, de rostro humano con tres filas de dientes /...” La descripción que he colocado entre barras es transcripción literal, dentro del texto de R. B. de lo que dice Borges, a su vez (según Borges) transcripción de un texto de Flaubert. El resto de lo que dice el Supremo sobre el mantícora glosa los datos dados por Borges; se refiere también al “arenal plinio”, aludiendo a la fuente confesada por Borges. Las características atribuidas al pelícano (y la mención del fantástico mantícora) aparecen con variantes en los bestiarios medievales: el amor paterno que resucita a los pichones, y/o la soledad; a veces, la crueldad del pelícano, que mata a sus hijos pero sin devolverles la vida con su sangre. Los bestiarios repetían con mayor o menor fidelidad las tradiciones que los Padres de la Iglesia recogieron de los clásicos dándoles una interpretación moralizante y relacionándolas con el primer libro del Génesis; actitud en cierto modo semejante a la del Supremo (Hippeau 1970, Segre 1957, Male 1902 y 1924).

8. El Supremo, o quizá la Voz que interfiere su discurso, lo dice: “Esto es literatura. Representación de la escritura como representación” (68).

9. Aparte del orden de los pronombres, hay otra diferencia fundamental: enfrentamiento o adición de los dos términos, en B.; subordinación (aposición), en R. B. Vale decir, lo que cambia, además del orden, es el significado de la barra que pongo entre los dos pronombres.

10. Passeron 1982, 15: “Ce que la poïétique nous invite à ne pas oublier...c’est que —l’histoire dût-elle se faire—, elle ne se fait pas toute seule, et que c’est l’homme au travail, l’homme à l’oeuvre, qui lui applique l’une des structures fondamentales de son Dasein, le projet. Et l’on peut dire, avec Deleuze, que cette répétition-là est ‘vêtue’: en elle bat le sang de la différence, et elle n’est répétition que par son obsession d’autre chose”. También con Deleuze (1968, 369) podría decirse que los desdoblamientos en YES (repeticiones y diferencias) pertenecen a la Idea (erewhon) o sentido que se construye por la lectura.

11. El Supremo se compara también con Moisés: “Solitario Moisés enarbolando las Tablas de mi propia Ley [...]. Sin necesidad de recibir de Jehová las Verdades Rebeladas [sic]” (355); y otra vez con Cristo: “Yo en este desierto ayuné 40 años y fui tentado por 40 mil satanases. No fui vencido ni me crucificarán en vida” (356).

12. V. nota 7; el pelícano es en la heráldica eclesiástica figura de Cristo. También relacionado con la soledad: nace en Egipto y en las soledades, según Covarrubias (1971). También en Shakespeare (Hamlet, IV, 6) Laertes se refiere al “kind life-rendering pelican”, es decir, con el mismo atributo que lo acerca a la figura de Cristo.

13. En “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” (Ficciones, Borges 1956), en una de las intrusiones del mundo fantástico en el mundo real, aparece un cono de metal reluciente cuyo “peso era intolerable [...]. Esa evidencia de un objeto muy chico y a la vez pesadísimo dejaba una impresión desagradable de asco y de miedo [...]. Esos conos [...] son imagen de la divinidad, en ciertas religiones de Tlön” (32). En YES, “entre los cinco guardias no pudieron alzar a la criatura” (427), ni tampoco sacar la gorra de su cabeza; estos objetos pesados que aparecen en el texto de R. B. están ya evidentemente despojados de esa relación con la divinidad que se les atribuye en el texto de B.

14. Sobre paronomasia, Lausberg (1966, II, 114): “...juego (pseudo) etimológico con la insignificancia de la modificación fonética, por un lado y, por otro, con la interesante tensión originada de la modificación fonética. Esta tensión significativa puede intensificarse hasta la paradoja”. Sobre diferentes tensiones entre significado y significante que pueden producir estos juegos de palabras, Deleuze 1969, 65 passim.

15. Creo sintomático que azar sea una palabra clave en los textos de Borges, y que Roa Bastos insista en la inversión, raza. Por su doble etimología, “raza” se relaciona con “razón”, pero también con “defecto”, “culpa” (Corominas 1961, s.v. raza); en cierto modo en su uso actual convergen ambos étimos: “grupo de gente” y su “calidad”, que puede implicar (y suele implicar), para ciertas razas, “defecto” y hasta una cierta culpa inherente.

16. El sacerdote de “La escritura del dios” (Borges 1957b, 118) cree que cada palabra encierra el mundo de acontecimientos que hacen posible lo que una palabra expresa: “...aun en los lenguajes humanos no hay proposición que no implique el universo entero; decir el tigre es decir los tigres que lo engendraron, los ciervos y tortugas que devoró, el pasto de que se alimentaron los ciervos...”.

17. YES, 199: “Los redondos pimpollos de seda negra chupan la luz humeando un olor a coronas fúnebres. Cojo uno de esos pimpollos [...]. En el interior de la esfera pulida, marfilina, descubro lo que busco. Redondo espejo de puntos fríos [...]”.

18. Hay en la Biblia referencias a Dios como único en Ap. 4:4, Is. 24:23, I Re 22:10, 14:11 y ss.

19. Si la voz del Supremo es la voz de un muerto que habla desde el texto (publicado en 1974), al restar esos doscientos siete años daría 1767, fecha del primer nacimiento del Supremo.

20. La cita de San Pablo (I Cor. 13:12), “Ahora vemos por un espejo y oscuramente” se reitera en las palabras del Supremo.

21. En el desdoblamiento de la persona del Supremo puede verse lo que Hegel (1939, t.I) dice sobre la conciencia desdichada: “...la conscience malheureuse est la conscience de soi, comme essence doublée et encore seulement empêtrée dans la contradiction” (176). “Nous assistons à une lutte contre un ennemi, lutte dans laquelle on ne triomphe qu’en succombant” (178). Desde esta perspectiva, quizá la lucha es más evidente en “los eternos antagonistas” de Borges; en RB se da más como una pasión del Supremo. Hegel observa también: “Quant à la conscience, ce qui aura pour elle le caractère de présence, ce ne sera donc que le sépulcre de sa propre vie” (184). El Supremo habla desde ese sepulcro, pues todo su discurso es el de un muerto. Quizá también los juegos macabros con el cráneo desenterrado, y también lo que se dice sobre los restos mortales del Supremo, tengan una relación con las observaciones de Hegel sobre frenología, y precisamente sobre el cráneo como algo indiferente que no tiene nada que ver sino en sí mismo (275, passim): “Si donc on dit à un homme: ‘Tu (ton intérieur) est ceci parce que ton os est ainsi constitué’, cela ne signifie rien d’autre que: ‘je prends un os pour ta réalité effective‘ ”.

22. Aparte de las ya señaladas, me llama la atención la resonancia, que puede ser una mera coincidencia, de un poema de Lorca (“Narciso”: “...y en la rosa estoy yo mismo”, 1965, 386) en palabras del perro Héroe: “Acabo de hallar por fin a alguien que se me parece, y ese alguien soy yo mismo” (137).

23. Si el Supremo es matador de tigre(s), por otro lado, y en otro contexto, alguien dice: “El matador de cisnes es algo que siempre me ha hecho delirar!”. Y unas líneas más adelante, el mismo personaje: “Los animales conservan en sus ojos la imagen de quien los ha matado [...]”, palabras que ya ha dicho el Supremo en el episodio del tigre. Creo que la alusión a Borges es bastante evidente, aunque hay aquí por supuesto una red de alusiones.

 

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