<<Biblioteca Digital del Portal<<INTERAMER<<Serie Educativa<<Educación para un futuro sostenible en América Latina y el Caribe
Colección: INTERAMER
Número: 67
Año: 1999
Autor: Eloísa Trellez Solís y Gustavo Wilches Chaux
Título: Educación para un futuro sostenible en América Latina y el Caribe
Hacia el siglo XXI
La década de los noventa ha significado un avance importante en los procesos
de comprensión y compromiso referentes al desarrollo sostenible; sin embargo,
hace falta profundizar más en las dimensiones educativas de la sostenibilidad.
Así, tanto la fase preparatoria como la realización de la Cumbre de Río sobre
Ambiente y Desarrollo, en 1992, se constituyeron en un importante elemento para
el análisis y los replanteamientos sobre el desarrollo y los procesos educativos.
No obstante, y a pesar del entusiasmo inicial con que los jefes de Estado
y de Gobierno acogieron la Declaración de Río, suscribieron los Convenios sobre
Diversidad Biológica y Cambio Climático, y respaldaron el Programa de Acción
denominado Agenda 21, sólo en casos excepcionales se han llevado a cabo acciones
concretas para poner en marcha los compromisos adquiridos, a pesar de existir
un reconocimiento general acerca de la importancia de ser consecuentes con lo
firmado. Sin embargo, el concepto de desarrollo sostenible ha empezado a aparecer
en el discurso cotidiano de los diferentes sectores en la región, así no exista
suficiente claridad sobre el mismo y sus vías de abordaje. Muchos expertos y
activistas en América Latina y el Caribe sienten que después de seis años no
hay avances significativos.
Sin embargo se han dado algunos pasos importantes en la región, lo cual confirman
las evaluaciones sobre el estado del medio ambiente. Adicionalmente se han hecho
logros en el fortalecimiento institucional para la gestión ambiental y del desarrollo
sostenible. Ejemplos de estos logros son las creaciones del Ministerio de Desarrollo
Sostenible en Bolivia, del Sistema Nacional Ambiental (SINA) en Colombia y del
Consejo Nacional del Ambiente en el Perú, entre otros.
La Agenda 21 se ha convertido en un documento clave en la orientación del
proceso hacia el desarrollo sostenible a nivel mundial, pero sus expectativas
y amplitud temática no han sido atendidas plenamente por los Estados firmantes.
De acuerdo con lo provisto en el documento, las acciones que se tomen deberán
ser respaldadas por los Estados firmantes de los acuerdos que se identificaron
así mismos como desarrollados, y por ende, comprometidos a apoyar
financieramente a los Estados en vías de desarrollo. Sin embargo,
las acciones de los países desarrollados a través de instituciones de préstamo
multilaterales no han proporcionado el respaldo suficiente para la ejecución
de los mandatos de la Agenda 21. Aunque se ha esperado una liberación de deudas
tanto por parte de las entidades crediticias públicas como privadas, durante
los 90 los bancos multilaterales han continuado llevando a cabo en América Latina
y el Caribe políticas que fomentan la exportación agrícola y extractiva en el
intento por lograr un mejor balance de pagos de la región. Estas políticas,
que requieren el levantamiento de restricciones tanto en la inversión interna
como externa, a menudo traen consecuencias negativas para la población autóctona
y los ambientes locales. En otros casos, la voluntad política expresada al firmar
los acuerdos quedó olvidada al requerirse una participación activa en acciones
nacionales.
Paralelamente a la reunión convocada en el año de 1992 por Naciones Unidas
en Río de Janeiro, se realizó el Foro Global Ciudadano, con la participación
de miles de personas e instituciones no gubernamentales de todo el mundo. Este
foro propuso el acuerdo titulado Tratado de Educación Ambiental hacia
Sociedades Sostenibles y de Responsabilidad Global, constituido por una
serie de principios axiológicos, políticos y metodológicos para generar valores,
actitudes y comportamientos en consonancia con la construcción de una sociedad
sostenible, justa y ecológicamente equilibrada. La propuesta base de este tratado
fue formulada por el International Council for Adult Education (ICAE-
Consejo Internacional para Educación de Adultos) y por el Consejo de Educación
de Adultos de América Latina (CEAAL). La introducción del documento destaca
los siguientes aspectos relativos al desarrollo sostenible y a la educación:
La preparación para los cambios necesarios depende de la comprensión efectiva de la naturaleza sistémica de las crisis que amenazan el futuro del planeta. Las causas primarias de los problemas, tales como el aumento de la pobreza, la degradación humana y ambiental, y la violencia, pueden ser identificadas en el modelo de civilización dominante, el cual se basa en la sobreproducción y sobreconsumo para unos y subconsumo y falta de condiciones adecuadas para producir por parte de la gran mayoría (...) La educación ambiental debe generar con urgencia cambios en la calidad de vida y mayor conciencia en la conducta personal, así como armonía entre los seres humanos y de éstos con otras formas de vida.6
Después de la Cumbre de Río sobre Medio Ambiente y Desarrollo (CNUMAD) y
del Foro Global Ciudadano, el contexto internacional de la problemática ambiental
se enriqueció con una serie de nuevas reuniones y compromisos sobre aspectos
ligados con el desarrollo. Durante la década las Naciones Unidas han convocado
a la Conferencia de El Cairo sobre Población, celebrada en 1994; la Conferencia
sobre Desarrollo Social, realizada en Copenhaguen en 1995; la Conferencia sobre
Mujer, celebrada en Beijing en ese mismo año; y la Conferencia sobre Asentamientos
Humanos de Estambul, en 1996. Así, los años 90 se han caracterizado por la múltiple
presencia de propuestas y planes de acción mundiales y regionales, mismos que
aún necesitan ser llevados a la práctica.
Compromiso
- Evaluar los efectos de los actuales compromisos y declaraciones y promover la traducción de la voluntad política en hechos y acciones.
- Identificar cuáles han sido los obstáculos para alcanzar lo propuesto por las declaraciones y compromisos.
- Fortalecer, ampliar y llevar a cabo las propuestas subregionales y enlazarlas con los acuerdos regionales, partiendo de las realidades locales y de los procesos políticos ya avanzados en cada país y subregión.