<<Biblioteca Digital del Portal<<INTERAMER<<Serie Educativa<<Educación para un futuro sostenible en América Latina y el Caribe
Colección: INTERAMER
Número: 67
Año: 1999
Autor: Eloísa Trellez Solís y Gustavo Wilches Chaux
Título: Educación para un futuro sostenible en América Latina y el Caribe
La dimensión ética de la educación para el desarrollo sostenible
El concepto de sostenibilidad implica una posición ética frente a la vida
y frente a l ambiente. De hecho, la sostenibilidad representa un principio de
responsabilidad, tanto en términos de nuestras posibilidades de sobrevivencia
como de aquellas de las generaciones futuras.
La ética tiene que ver con el derecho individual y colectivo a la vida. Este
derecho, para los seres humanos, no se refiere a la mera posibilidad de una
existencia vegetativa, sino a una vida con calidad y dignidad.
El concepto de vida con calidad, no puede ser generalizado en las Américas,
y particularmente en América Latina y el Caribe, precisamente debido a lo que
hemos descrito como la biodiversidad total. Complejo como es el significado
de la ética en la teoría y en la práctica, no vamos a abordar aquí ese debate.
Ya antes nos hemos referido a la necesidad de afinar los indicadores que nos
permitan medir la calidad de vida en términos de satisfacción humana, adecuados
a las particularidades de cada cultura en su entorno ecológico y social, y no
solamente en términos econométricos. Desafortunadamente tales indicadores son
todavía experimentales.
Sin embargo, sabemos que el desarrollo sostenible y la calidad de vida son
dos conceptos fuertemente relacionados entre sí. En el largo plazo, ningún proceso
de desarrollo es sostenible si no les garantiza oportunidades equitativas de
calidad de vida a los miembros de una comunidad.
Preguntas como las que propusimos en el Capítulo II bajo el subtítulo: Indicadores
de proceso y criterios para evaluar la sostenibilidad, que nos permiten determinar
si una intervención política un proceso dado conducen hacia la sostenibilidad
o si, por el contrario, hacen más vulnerables a las comunidades y a su entorno
natural, también proveen pautas para definir una determinada posición ética
frente a procesos particulares.
La definición de una posición ética apropiada en términos de la sostenibilidad
también se relaciona con el cuestionamiento de la concepción del éxito
en el modelo de desarrollo dominante. Aparentemente esta noción está basada
en la racionalidad de mercado y en la ciencia, la cual identifica a la competencia
y a la supervivencia del más apto (con la correspondiente desaparición
de los menos adaptados) como el motor de la evolución. Así, la medición del
éxito es económica y social, y por lo tanto, y de acuerdo a tal
medición, la convivencia, la compasión y la solidaridad tienen
poco o ningún valor.
Sin embargo, la biología misma nos demuestra que el verdadero motor de la
coevolución (evolución conjunta de los organismos y su entorno dinámico) no
ha sido la competencia aniquiladora sino la cooperación. A través de la simbiosis,
en función de la sostenibilidad, la vida ha podido mantenerse en la Tierra durante
cerca de cuatro mil millones de años y ha adaptado exitosamente el planeta para
que sea más favorable al mantenimiento de la vida. Una simbiosis que a su vez
surge de la convicción orgánica de que no existe una total separación
entre los organismos y su ambiente, y que por el contrario ambos constituyen
una totalidad indivisible. Una aceptable calidad de vida del todo sólo es posible
en función de la calidad de vida de sus partes, así como la calidad de vida
de éstas sólo es posible en función de la calidad del conjunto total.
Durante cuatro mil millones de años se han venido diseñando,
ensayando y seleccionando mecanismos sostenibles a fin
de producir un entorno natural adaptado a las condiciones planetarias prevalecientes,
y a su vez, estos mecanismos han implicado transformaciones sustanciales en
el mismo planeta, obligando a nuevas adaptaciones, las cuales, otra vez, han
incidido sobre el medio, y así sucesivamente, ad infinitum. Desde la
aparición de la cultura humana los mecanismos de adaptación dejaron de depender
exclusivamente de los procesos biológicos o incluso ecológicos, pasando a depender
también de decisiones voluntarias y conscientes. A partir del momento en que
no solamente desvinculamos nuestra evolución cultural de los condicionamientos
del entorno, sino que además esa evolución comenzó a significar la destrucción
de los mecanismos que garantizaban la sostenibilidad de la biosfera, el desarrollo
dejó de ser sostenible.
Reto para el futuro
- Asumir el reto ético de ponernos al servicio de la sostenibilidad y no en contra como ahora. Para ello debemos sustituir la competencia aniquiladora por la cooperación, la conquista por la convivencia, y adoptar el respeto a la vida como un valor fundamental.