3 de Abril de 2025
Portal Educativo de las Américas
  Idioma:
 Imprima esta Página  Envie esta Página por Correo  Califique esta Página  Agregar a mis Contenidos  Página Principal 
¿Nuevo Usuario? - ¿Olvidó su Clave? - Usuario Registrado:     

Búsqueda



Colección:
INTERAMER
Número: 67
Año: 1999
Autor: Eloísa Trellez Solís y Gustavo Wilches Chaux
Título: Educación para un futuro sostenible en América Latina y el Caribe

La dimensión ética de la educación para el desarrollo sostenible

El concepto de sostenibilidad implica una posición ética frente a la vida y frente a l ambiente. De hecho, la sostenibilidad representa un principio de responsabilidad, tanto en términos de nuestras posibilidades de sobrevivencia como de aquellas de las generaciones futuras.

La ética tiene que ver con el derecho individual y colectivo a la vida. Este derecho, para los seres humanos, no se refiere a la mera posibilidad de una existencia vegetativa, sino a una vida con calidad y dignidad.

El concepto de vida con calidad, no puede ser generalizado en las Américas, y particularmente en América Latina y el Caribe, precisamente debido a lo que hemos descrito como la biodiversidad total. Complejo como es el significado de la ética en la teoría y en la práctica, no vamos a abordar aquí ese debate. Ya antes nos hemos referido a la necesidad de afinar los indicadores que nos permitan medir la calidad de vida en términos de satisfacción humana, adecuados a las particularidades de cada cultura en su entorno ecológico y social, y no solamente en términos econométricos. Desafortunadamente tales indicadores son todavía experimentales.

Sin embargo, sabemos que el desarrollo sostenible y la calidad de vida son dos conceptos fuertemente relacionados entre sí. En el largo plazo, ningún proceso de desarrollo es sostenible si no les garantiza oportunidades equitativas de calidad de vida a los miembros de una comunidad.

Preguntas como las que propusimos en el Capítulo II bajo el subtítulo: Indicadores de proceso y criterios para evaluar la sostenibilidad, que nos permiten determinar si una intervención política un proceso dado conducen hacia la sostenibilidad o si, por el contrario, hacen más vulnerables a las comunidades y a su entorno natural, también proveen pautas para definir una determinada posición ética frente a procesos particulares.

La definición de una posición ética apropiada en términos de la sostenibilidad también se relaciona con el cuestionamiento de la concepción del “éxito” en el modelo de desarrollo dominante. Aparentemente esta noción está basada en la racionalidad de mercado y en la ciencia, la cual identifica a la competencia y a la supervivencia del más apto (con la correspondiente desaparición de los menos adaptados) como el motor de la evolución. Así, la medición del “éxito” es económica y social, y por lo tanto, y de acuerdo a tal medición, la convivencia, la compasión y la solidaridad tienen poco o ningún valor.

Sin embargo, la biología misma nos demuestra que el verdadero motor de la coevolución (evolución conjunta de los organismos y su entorno dinámico) no ha sido la competencia aniquiladora sino la cooperación. A través de la simbiosis, en función de la sostenibilidad, la vida ha podido mantenerse en la Tierra durante cerca de cuatro mil millones de años y ha adaptado exitosamente el planeta para que sea más favorable al mantenimiento de la vida. Una simbiosis que a su vez surge de la “convicción orgánica” de que no existe una total separación entre los organismos y su ambiente, y que por el contrario ambos constituyen una totalidad indivisible. Una aceptable calidad de vida del todo sólo es posible en función de la calidad de vida de sus partes, así como la calidad de vida de éstas sólo es posible en función de la calidad del conjunto total.

Durante cuatro mil millones de años se han venido “diseñando”, “ensayando” y “seleccionando” mecanismos sostenibles a fin de producir un entorno natural adaptado a las condiciones planetarias prevalecientes, y a su vez, estos mecanismos han implicado transformaciones sustanciales en el mismo planeta, obligando a nuevas adaptaciones, las cuales, otra vez, han incidido sobre el medio, y así sucesivamente, ad infinitum. Desde la aparición de la cultura humana los mecanismos de adaptación dejaron de depender exclusivamente de los procesos biológicos o incluso ecológicos, pasando a depender también de decisiones voluntarias y conscientes. A partir del momento en que no solamente desvinculamos nuestra evolución cultural de los condicionamientos del entorno, sino que además esa evolución comenzó a significar la destrucción de los mecanismos que garantizaban la sostenibilidad de la biosfera, el desarrollo dejó de ser sostenible.

Reto para el futuro
  • Asumir el reto ético de ponernos al servicio de la sostenibilidad y no en contra como ahora. Para ello debemos sustituir la competencia aniquiladora por la cooperación, la conquista por la convivencia, y adoptar el respeto a la vida como un valor fundamental.